20 Enero 2008

Capítulo 6 – Mery y Nes – 3ª parte (…y refulgiendo cual luciérnagas…)

Categoría: 6º Capítulo, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 21:32


- Hola, cariño, ¿qué tal? - procurando ser lo más disimulado posible, mientras, del susto, mis latidos cardiacos resonaban como las percusiones de Carlinhos Brown.

- ¿Qué tal? ¡Fatal! ¿No viste qué hora es? Y ni te acuerdas de mí - actitud machacante del sufridor que no se da cuenta que sufre por sí mismo y achaca la culpa a su pareja -. ¡Son las doce de la noche!

¡Coño, coño, coño! Se me había ido el santo al cielo por culpa de mi Grial particular. ¡Bueno! Atentos todos los escuadrones. Les habla el General Oliver. Es la hora H de la Operación Mentira contra Myriam. Sincronicen relojes, ralenticen un poco esa taquicardia y a por todas. Suerte en la batalla de la mentira, mis soldados. Corto y cierro. ¡Adelante!

- ¡Joder! Me he abstraído totalmente. Son tantas las ganas de acabar que tengo… Menos mal que me queda muy poco para finalizar ya la preparación de todas estas malditas fichas. Sólo tengo posibilidades de ascender si me lo curro muchísimo, que soy de los más jóvenes -. En ese momento por mi mente voló la imagen del Uannai hablando con ella por teléfono y contándole todas mis escapadas. Pero rápidamente evité dejarme llevar por esas burdas hipótesis, ¿de dónde podía sacar El Loco el número de Myriam si yo ni se lo di ni se lo daría jamás? Bien había conseguido el de Mery. Descarté mi anterior pensamiento y dejé los miedos volar alto y desaparecer muy lejos, que ya tenía suficientes cruces en las que desangrarme…
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Capítulo 6 – Mery y Nes – 2ª parte (…no hizo otra cosa que dejarse llevar…)

Categoría: 6º Capítulo, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 21:28


Prosigamos con la historia. Llegué y busqué aparcamiento. No era difícil en aquella zona. Pulsé el timbre y alguien abrió. Subí escaleras arriba, la puerta abierta. Entré y escuché voces en el salón, a donde me dirigí. Allá estaban. Todas menos la fierecilla de ojos profundos. Carol y Elvira embelesadas con cualquier cosa que dieran en aquel momento en la tele y Ara estudiando para algún examen de Pensamiento Político y Económico. Al verme aparecer recordó que el día anterior o el otro yo había comentado anécdotas sobre mis estudios de Filosofía, y quiso aprovechar para que le explicase nosequé que no tenía muy claro sobre Hobbes y Rousseau. Tema de asignatura de primer curso, si el hombre es un lobo para el hombre (egoísta) o si es bueno por naturaleza (ingenuo). Mery apareció desde detrás. Aunque no iba arreglada para salir iba muy guapita. Abandonada la ropa más informal, llevaba tejanos (qué fenomenal le sentaban ajustados en su formidable trasero) y una camiseta ceñida negra. Los dos vestíamos casi igual. A excepción de las zapatillas de andar por casa. El pelo limpio y suelto, ondulado. Los ojos radiantes, gatunos, animales. Su aroma me envolvió, atontándome lascivamente durante unos segundos. Segundos en los que si no hubiera sido por mantener las formas de la seriedad, la decencia y la prudencia, hubiera saltado sobre ella a devorarla, seguro, como cualquier salvaje animal de presa, inconsciente de la belleza que destruye al asesinar fieramente a su víctima.

No se encontraba muy bien. No tenía hambre y prefería quedarse en casa. Intenté en vano convencerla de ir a tomar algo por ahí los dos, pero su argumento de no encontrarse bien rompía uno a uno mis posibles silogismos disyuntivos…
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Capítulo 6 – Mery y Nes – 1ª parte (…entre el crepúsculo y el alba…)

Categoría: 6º Capítulo, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 21:06



Recepción, buenos días, son las ocho de la mañana. Vaya puta voz de alegría y de buen humor, ¿cómo se puede estar alegre y de buen humor a las ocho de la mañana, después de madrugar y quedando aún un turno que trabajar? Aquella puta voz me enfureció y violentó. Ni siquiera agradecí. Y eso que de normal suelo ser exquisitamente amable. Tampoco la mandé a la mierda, que hubiese sido mi pura y dura intención inconsciente. Colgué con mala hostia. Programé el despertador del móvil a las ocho y siete y me dispuse a dormir los típicos y clásicos, famosísimos y por cualquiera conocidos, cinco minutos más, que en mi caso, debido a mi neurosis obsesivo-compulsiva, me obliga sólo a despertarme en minutos acabados en 2 o en 7. Trescientos y pico segundos que, ¡diana!, no me supieron a nada. Martes 18 de enero de 2000. Malhumor debido al sueño. Una ducha rápida rápida, tengo el tiempo en el culo, dos cafés y dos zumos, uno de naranja y uno de piña (manías vitamínicas de la época) y estómago fastidiado durante toda la mañana. Nunca suelo padecer resaca pero se unían dos noches de borrachera con una falta de descanso indeseable para mi organismo. Y cómo no, éste se quejaba atormentándome, chuleándome, como en un ultimátum de rebelión: como me trates mal otra vez te vas a enterar, Nes. Aspirina y olvídame, organismo.

Salí a hacer unas visitas. A la una y media ya guardaba en el portafolios el segundo o tercer contrato, todos más o menos decentes. Me permitirían tomarme la tarde libre. Una corta y rentable jornada laboral. Hablé con Myriam y tuve que inventar la cena de la noche anterior para contarle. Nada, una cena en un restaurante muy bonito, que los compañeros eran muy majos y que hablamos mucho sobre ventas. No entendía que siempre fuesen tan aburridas la mayoría de cenas de empresa y que fuese a tantas. Por obligación, cariño, por obligación. El eco de mi mente hacía, sin embargo, rebotar la frase: Hombre, no querrás que te cuente lo genial que lo pasé de ligoteo, ¿no?, tonta del culo. Me notó cansado, pero lo encontró normal. Sabía cuánto me costaba dormir en la cama de los hoteles, más desde que me quedé dormido conduciendo un Nissan que dejé siniestro total y resultas del cual me destrocé de por vida las cervicales. Por eso me levantaba a veces muy agotado. Quedé en llamarla más tarde, como siempre…
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