23 Enero 2008

Capítulo 10 – Jueves sangriento – 2ª parte (…hay muchas pérdidas, pero dime, ¿quién ha ganado…?)

Categoría: Capítulo 10, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 20:33


Llamó Mery. Hice lo que hacía con mi novia. Colgué y llamé yo. Cuando descolgó, ¿qué haces?, y le expliqué que así a ella no le costaría nada la llamada, ni a mí tampoco. Vale. ¿Dónde comes hoy? Ya he comido. Bueno, he picoteado, pero estoy lleno a reventar. Le conté que Alfonso estaba en el hospital. No se lo podía creer. Ella, como estudiante de enfermería, tenía prácticas en el hospital. De cuatro a diez. Las casualidades nos iban rondando, acechando a los dos.

- ¿Estás vestida ya? - le pregunté.

- Sí, claro, ¿por qué?

- Para ir volando a desnudarte, juá, juá… No, hombre, no. Para pasarte a buscar y llevarte al hospital. ¿Vamos a la cafetería del hospital a que comas algo rapidito? Tenía todo muy buena pinta esta mañana.

- ¡Vale! ¡Muá…! - Me había lanzado un enorme y sonoro beso.

- En diez minutos estoy allí. Cambio y corto. Hasta ahora, preciosa. Muá -. Le devolví el beso y colgué.
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Capítulo 10 – Jueves sangriento – 1ª parte (…y la batalla acababa de empezar…)

Categoría: Capítulo 10, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 16:09



Jueves 20 de enero de 2000. Abrí un ojo. Un poco de claridad asomaba por las ventanas. ¿Dónde estoy? ¿En un colchón en el suelo? ¿Qué coño hago yo tirado en un puto colchón en el suelo? ¿Qué bebí anoche? Desorientación. Mucha. Hasta que fui consciente de estar totalmente desnudo y abrazado a Mery. Me calmé. Encendí la luz para buscar el móvil. Era urgente saber la hora, y no suelo llevar reloj. Una vez localizado, lo conecté. Las 08:15. Lo apagué corriendo. ¡Uf! Por si acaso. No tenía ganas de ponerme a leer mensajitos llorones de Myriam. ¡Joder, joder, joder…! ¡Mierda, mierda, mierda…! ¡Qué tarde! No había caído en la cuenta de programar algún puñetero despertador. Y aún tuve suerte y esa especie de alarma mental que en ocasiones tenemos, digamos que funcionó de aquella manera, pero funcionó.

Mery también despertó. Bueno, sólo a medias. Me vestí corriendo, la besé dulce y cariñosamente y le susurré, para no desvelarla, me encantas, pero tengo que marchar a trabajar. Que siguiese durmiendo, que más tarde la llamaría. La volví a besar y salí volando. Desvergonzadamente tarde.

Mientras conducía, un horrible presentimiento se adueñó de mí. Nada concreto, pero sabía que aquel iba a ser un día de pesares. Algo desastroso sucedería. Normalmente, cuando me veo arrollado por uno de estos terribles presentimientos no suelo equivocarme y alguna desgracia pasa por encima de mí…
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