25 Enero 2008

Capítulo 12 – Infiernos y Paraísos – 2ª parte (…y así paso la noche acostado con ella… Mi querida hermosa, mi vida, mi esposa…)

Categoría: Capítulo 12, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 18:23


Entré en ella, despacio pero con la firmeza que da el deseo y la alienación, ya sin importarnos los condones. Fusionados, acoplados, moviéndonos al unísono, fuimos acelerando los movimientos mientras el Cielo, el Infierno y el Purgatorio pasaban mezclándose entre ellos por nuestro placer, un placer abismal, un placer inherente a nuestra unión corporal, un placer impensable sin nosotros dos. Por ello, los ángeles del cielo y los demonios del mar se tiñeron de envidia, pues no eran capaces de gozar ni siquiera la mitad de lo que lo hacíamos nosotros en aquel pequeño reino nuestro de cuatro paredes con baño. Sólo el oscuro Edgar Allan Poe y una radio del futuro hubieran sido capaces de comprender tanto gozo, tanto sentimiento, tanto entendimiento de dos. Tanto amor. No así el maldito Demiurgo de Platón, que quería nuestro mal para castigar la afrenta de una unión más divina que él mismo. Quiero saber, quiero saber, señorPadre Nuestro que estás en los hoteles de paso, dime, ¿por qué quieres prohibir este amor? ¿Por qué quieres aniquilarlo?

- Porque un amor tan poderoso destruiría el miedo y el respeto de la humanidad hacia lo divino, hacia el más allá. Entonces mi existencia y la de los míos sería innecesaria y desapareceríamos. Por eso te advierto Nes, que yo y mis arcángeles guerreros y vengativos pelearemos para que vuestra unión no progrese. Es mi palabra. Así sea. Amén -. Y sonó el teléfono. ¿Un vengador divino avisando de su inminente llegada mediante una llamada…?
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Capítulo 12 – Infiernos y Paraísos - 1ª parte (…no luce la luna sin traérmela en sueños, ni brilla una estrella sin que vea sus ojos…)

Categoría: Capítulo 12, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 17:04



Nos quedamos con la imagen pausada de la habitación del hospital y el motorista accidentado, con cara de imbécil y la boca abierta, disculpándose de sus groseras maneras y en su fuero interno pidiéndole a la tierra que lo engullese. ¿Correcto? Vamos a retomar desde esa escena. Si alguien tiene que ir al baño a mear o a… lo que sea, que aproveche ahora. ¿Nadie? Perfecto. ¿Palomitas, pistachos, Coca-Cola? ¿Nadie de verdad? ¿Se puede fumar aquí? Sí, claro. Pues yo quiero un cigarrillo. Dame una calada. Venga. ¿Y tomar farla? Claro, también, aunque me pondrás los dientes largos. Bueno, prepárame una puntita para mí. ¡Joder, qué rica qué amarga, uuuuuuuh!!! ¿Preparados? Cogemos el mando a distancia, buscamos la tecla Play, triangulito con vértice inclinado hacia la derecha, y lo pulsamos. La escena vuelve a ponerse en marcha. Prosigamos con la película.

Después de que el escarabajo escayolado se disculpase cienes y cienes de veces, restó relativamente callado toda la tarde. Mery, como estaba trabajando, tuvo que salir para atender a otros enfermos. David ni aparecía ni contestaba al teléfono. Yo allí me quedé, toda la tarde de cháchara con Alfonso, siempre escuchándolo a través de la mascarilla, como si doblase La Guerra de las Galaxias. Tenía ganas de aprender de su experiencia. Supongo que hablamos de su vida y de la mía. Un tipo interesante. Ex-policía, ex-joyero y gitano como nadie. Hablé con su mujer, que me anunció su llegada al día siguiente. Esa llamada nos dio tema de conversación. Me habló de una relación amorosa de treinta y pico años seguidos, con cientos de infidelidades por su parte. Con los años ella se había aleccionado en perdonarlo, tan enamorada estaba. La respuesta a mi pregunta del éxito de su relación únicamente fue: La follo tan bien como la pego. Un hombre de educación a la antigua, por eso le perdoné el comentario misógino…
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