14 Febrero 2008

Capítulo 24 – Infidelidad y apaleamiento – 2ª parte (…perdóname, es que la noche a mí me quemaba…)

Categoría: Capítulo 24, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 2:13


- ¿Qué ocurre nena? Vaya susto me has dado. ¿Pasa algo? - No estaba acostumbrado a que Mery me llamase a horas tan tardías. Más adelante la cosa cambió.

- ¿Dormías? - El acento hacía indudable la procedencia del interlocutor. Aunque no hubiera apreciado en la pantalla el nombre, lo habría adivinado sólo con oír aquel pajarillo de su garganta y el acento -. Es que…

- ¿Quéee? - Me tenía en ascuas.

- Lo siento Nes. Fui al cine con Narciso y luego de copas -. Me temí lo peor, ¡ay! - Y no sé cómo ha sucedido, pero hemos acabado besándonos -. Uiuiui… Thor golpeó con su Martillo y el Pirineo sangró mi rabia y mi dolor por sus cientos de heridas y manantiales. Lo que no se tiñó del púrpura sanguíneo lo hizo del oscuro de la destrucción. ¿Cómo había osado hacerme eso a mí? Si estaba muy avisada. Sabía que Myriam me había perdido por algo similar, si ella la había criticado por ello… Y me pagaba con la misma moneda que su adversaria, por ella tan deshonrada.

- ¿Cómo has podido hacerme esto? Eres… eres… eres peor que Myriam -. Me importaba una mierda que le sentase mal lo que le decía. Yo estaba cayendo, y en mi precipitación la arrastraría conmigo. La impotencia parió cachorros de lágrimas.

- No te pases tampoco…
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13 Febrero 2008

Capítulo 24 – Infidelidad y apaleamiento – 1ª parte (…anoche y a sangre fría lloraba la madrugada…)

Categoría: Capítulo 24, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 2:14



Me tocó trabajar en varios puntos de Cataluña antes de que me volvieran a necesitar en algún punto lejano del país. Albert apostó por una idea arriesgada: que el Uannai y yo compaginásemos varias campañas a la vez, de dos semanas en dos semanas. Bien organizado se podía rendir mucho más. Pero siempre y cuando se programase perfectamente.

No tardé más de medio mes en volver a llamar a Mery. La soledad y el no tener tras de mí a alguien que me admirase y quisiese, abría frentes para el ataque del abatimiento, que me lesionaba hasta los confines de la melancolía y la insatisfacción. En alguna ocasión me había practicado un poco de auto-psicoanálisis con resultados bastante desafortunados. Egocéntrico como era entonces, no quería descubrir defectos en mí. ¿Culpa mía? Yo no podía ser culpable de absolutamente nada. Hasta no hace muchos años siempre he tenido problemas para abandonar a las mujeres a las que he dejado de querer, y llega a ser ciertamente probable que sea por una necesidad sublimadora de que se me recuerde lo fantástico que yo soy a cada momento. Supongo que se ensalzaba mi ego teniendo detrás de mí a chicas enamoradas.

Con intervalos, cada dos o tres días, Mery y yo volvimos a mantener grandes parrafadas. Me añoraba. Eso me decía. Y me quería. Por lo demás, aguantaba el tirón e intentaba no hablar de vernos. Nos explicábamos la vida y, dependiendo del estado de ánimos (mucho más variable en ella que en mí, más por su exageradamente acelerado metabolismo tiroxinado), en decenas de ocasiones fantaseamos con un reencuentro. Myriam me tenía liberado de anclas y abordaba mi barco pirata en las tinieblas sólo de tanto en tanto…
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