9 Febrero 2008

Capítulo 22 – Déjame – 2ª parte (…es mejor que sigas tu camino…)

Categoría: Capítulo 22, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 1:15


Me sentí como un puto tirano, como un puto Hitler myriamófobo. Entonces me abrazó y su llanto y el mío se entremezclaron, no sé qué me dio. Sus sollozos, casi alaridos de pena, eran de tal calibre que no entiendo como la policía no apareció en su casa pensando en un asesino torturador. Menos mal que su madre y hermanos no estaban aquel fin de semana. Y que ningún vecino llamó denunciando. Sufrí por si se ahogaba, tal era de escandalosa su efusión lacrimógena. Jamás me sentí peor, más cabrón e hijo de puta en toda mi vida. A nadie vi tampoco llorar así. ¡Yahvé, manda tu Rayo de la Justicia Fulminadora y deshazte de este pobre pecador! Prometo que lloré igual cuando fui al hotel donde mi hermano de adolescencia y juventudes se voló la cabeza y vi su cuerpo inerte, vi su muerte en un charco rojo en la moqueta, vi como lo sacaban inanimado en una camilla, con sábanas mancilladas de coágulos de sangre. Llanto ininterrumpido hasta bastante después del entierro, dos días más tarde. Sólo son comparables en mis experiencias el llanto y el dolor sentidos en ambas ocasiones. El llanto matutino no me había dolido tanto. A veces las aspirinas no calman los dolores del desamor cuando eres tú el que ya no ama, cuando eres tú el que entierra al amigo, al hermano…
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8 Febrero 2008

Capítulo 22 – Déjame – 1ª parte (…ya no tiene sentido…)

Categoría: Capítulo 22, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 3:06



Finalmente fui a casa de Myriam la noche de mi regreso no añorado. Telefoneé a Mery, poco antes de sentirme huérfano de autopista, para decirle lo que había decidido. Lo que tenía pensado no fue exactamente lo que sucedió. Materializar las ideas no es tan fácil. Mis intenciones eran las de hablar con mi novia y abandonar la relación. Yo mismo había ido imbuyéndome con esos pensamientos mientras rebañaba lo que quedaba en mis labios de todo el amor con que me habían agasajado en el norte. Quise sacar energías de donde no las había. Pero en algo di la cara.

Me esperaban con los brazos abiertos. Pero al ver mis ojeras de tristeza se hundieron todas las torres, y los efectos electrónicos no fueron capaces de limpiar voces sin tonalidad. Ni los mejores compresores podrían haber pulido las puntas tan dispares de desigualdades volumétricas. Entonamos tangos, fados, baladas, cantamos penas y amarguras. No era coherente seguir así. Nos matábamos un poco cada día y eso era insano. Nos sacábamos de quicio, nos impedíamos vivir, nos martirizábamos. Eso no era amor. Y si era eso, os juro que no lo quería ni para mí ni para ella…
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