29 Febrero 2008

Capítulo 31 – La Boda celta – 2ª parte (…con un poeta de cañerías, poeta de mierda de manos vacías…)

Categoría: Capítulo 31, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 12:24


En uno de los garitos sonaba Nothing else matters de Metallica, uno de nuestros temas preferidos. Sin decirle nada, por intentar sorprenderla, me las apañé para que me trajesen una guitarra el día posterior, para tocar y cantarle tan eternamente genial tema, uno de los que por siempre le pertenecerán en mis recuerdos. Desde el 28 de abril de 2001, cada vez que escucho dicha canción, más aún si voy pedo, suelo decir: Esa es la canción que canté y toqué el día de mi boda. Recuerdos bonitos.

Con cada segundo desaparecía parte de mi ayer en el gélido glacial de aquellas noches. Sin embargo mi amor se encendía y se acrecentaba. De mi sucia alma enfermiza, de mis antiguas inseguridades y dudas, de mi incapacidad para amar puramente, ¿qué se había hecho? Me costaba concebir un amor para siempre, hasta la rendición, hasta la muerte, pero dentro de mí lo sentía. Nos gusta dejarnos seducir por ensueños, más aún si son tan bellos como el que se me ofrecía. Con total carencia de matices, sin puntos intermedios, sólo con blancos y negros, con graves y agudos, como siempre, con todo o nada, me lanzaba de nuevo en pos del amor, en aras de la ausencia de condicionantes prohibitivos. Todo lo que giraba a mi alrededor, no sólo lo que giraba por el enorme mareo borrachuzo, repito, todo lo que giraba a mi alrededor eran señales inconfundibles de que Mery y yo teníamos una ligazón espiritual mágica. Se nos había concebido dentro de una burbuja ajena al hombre, unidos por un cordón umbilical por el que nos comunicábamos y alimentábamos de amor. Y nadamos en el líquido amniótico de la felicidad durante siglos enteros antes de caer a la tierra. En la caída nos perdimos el uno del otro y llevábamos siglos vagando y como único destino y objetivo volver a estar juntos. Las dos mitades del ser andrógino se habían reencontrado y podían volverse a unir con valor prometeíco hasta el fin de los días de los hombres y de la madre Gaia. Fuese cierto o no obligué a mi alma a aceptarlo y a creerlo, aún a contracorriente, y a sentirlo como tal. Ella también obligó a su alma. No recuerdo más hasta la resaca al despertar el día de la boda…
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Capítulo 31 – La Boda celta – 1ª parte (…quién le iba a decir que al final iba a unir su tripa con la mía…)

Categoría: Capítulo 31, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 2:17




Llegábamos que ya era de noche, visiblemente agotados. Yo aún más. La desastrosa borrachera de hacía menos de diecisiete horas, bien agitada en la coctelera de la parte trasera del Völkswagen, y mi imposibilidad para dormir mientras otro conduce, me tenían roto. Rebuscando en los bolsillos hallé un trozo de bolsa, no sé si de Caprabo, de Carrefour o de Mercadona, pero me partí el culo de risa cuando comprobé la existencia de ciertos restos de cierta sustancia por mí ciertamente conocida. Melo, para hacer una fresca antes de llegar queda, ¿quieres? Su respuesta fue la evidente. Claro que quiero, eso no se pregunta, idiota. Me pasó una funda de CD, donde espolvoreé y alineé para comprobar que salían dos enormes, bellos y atrayentes tronchones, de los que hicimos cuentas sin excentricidades. El moqueo repentino y el amargor de garganta indicaron una calidad importante. Nos despertó como una gran dosis de café. Los nervios, in crescendo por la cercanía, se vieron enervados a la ultimísima potencia por los efectos de la droga entrando en el corriente sanguíneo. Literalmente me cagaba. Llamé. Nos informaron que estaban de copas. Quedamos en el Jazz-Club.

En primera instancia no hubieron misticismos spinozianos para con mi amada ciudad, estaba puerilmente sumido en la agonía de las ansias de tener cerca a la prometida. Después de aparcar, mis heces ya no apuntaban al exterior, pero mi músculo cardiaco bombeaba hasta marearme. Toni no ayudaba a calmarme, ya que estaba tan nervioso como yo, únicamente porque iba a conocer a chicas. Decía que quería vivir una gran historia de amor, una historia como la mía. Ingenuo.

- ¡Ay ay ay, qué nervios, Satanás! A lo mejor una de ellas es la mujer de mi vida -. Se sobreentiende que Toni no era muy ligón, ¿no? – ¡Oh, debo morir buscando gloria, como tú…!
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