5 Marzo 2008

Capítulo 34 – Tiempo de espera – 2ª parte (…ay, amor, tú eres mi religión…)

Categoría: Capítulo 34, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 0:12


Con estas, intentando sobrellevar las jornadas laborales de la mejor manera posible, el todopoderoso Rolex nos giró las manecillas para aproximar el verano. En los tres meses que sucedieron desde la boda al advenimiento de las nuevas holidays, si no fallan mis cálculos, me vi con Mery unas cinco veces, todas menos una en su provincia. La sensación de soledad desoladora era inconsecuente con mis principios vitales, pero la sentía horriblemente. Las esperas para poder compartir unos días eran terribles, ordinarias, asesinas, violadoras. Me faltaba como nunca me faltó nadie. Y eso que, como os comenté antes, las veces diarias que gracias a la línea móvil de directivo nos permitíamos hablar eran muchas. Excesivas, generalmente. Muchas veces, las que más, por el simple hecho de sentir la voz amada por el pequeño altavoz ensordecedor de orejas (normalmente de la oreja derecha que a veces hasta me escocía). Hora y media o dos horas diarias de charla en total. Otras muchas veces las llamadas servían de control. Sobre todo cuando uno de los dos, bueno, o los dos, anduvíamos de copeteo. Lo poco bueno, aparte de recibir el calor, aunque desde gran lejanía, era el favorecer el diálogo entre nosotros y el darnos cuenta de que siempre teníamos tema para hablar. Lo más importante en una pareja debe ser el diálogo. Qué lástima que, en cuanto perdíamos la racionalidad, el entendimiento entre nosotros desaparecía fulminado por el ardor irracional y la rabia de nuestras propias frustraciones.

Apareció para estar conmigo diez días en los previos a exámenes. La metí en el nido familiar, no era una extraña, era mi esposa. Mis padres llegaron a adorarla, suele pasar, incluso por delante de mí. Mientras yo trabajaba lo mínimo posible, peleando con la burocracia y escaqueándome con el objetivo de estar con ella, ella hacía compañía a mi madre, incluso iban juntas de compras. Mery ha sido para mi madre la hija que nunca tuvo, aunque encontrada algo mayorcita ya. Con diferencias, pero lo que es ahora su nieta Meritxell (¿casualidad el parecido de los nombres?). Congenió de manera admirable en casa, a pesar de que mis padres también tienen sus cosillas, sus manías, sus costumbres. Pero no con ella. Transmitía paz al nido familiar. Incluso con mi cuñada Nerea hizo buenas migas, a pesar de las patentes diferencias socioculturales que, saltaba a la vista, había entre ellas…
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4 Marzo 2008

Capítulo 34 – Tiempo de espera – 1ª parte (…vivía sin sentido pero llegaste tú…)

Categoría: Capítulo 34, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 0:12


Mis padres quisieron morirse cuando les conté lo de la boda. Creyeron que estaba loco, que había conocido a una más loca que yo y que alguna secta nos había captado. O algo peor. A pesar de que están curados de espantos, que están acostumbrados a todo tipo de excentricidades por mi parte, porque, según ellos, soy muy raro. Eso se debe a que mi planteamiento vital siempre se alejó de lo que ellos imaginan para mí como vida ideal. Pero lo de que Myriam fuese expulsada de mi vida con el manotazo del que ahuyenta una mosca para casarme por un rito de “brujería” era incomprensible. Con el cariño que le tenían a la chica. Y encima por una gallega. ¿Qué coño se me había perdido a mí en Galicia? La oveja negra comportándose como tal. Y como nunca. Por amor, les expliqué que había sucedido por amor. No se puede utilizar el término amor para definir un sentimiento ante una pareja que ya ha cumplido las bodas de plata. No se acuerdan del significado, suena a chino, ¿amor?

Cuando creyeron definitivamente que no andaba liado con ninguna movida sectaria ni esotérica, no se metieron mucho más en el asunto. Y eso que les asustaba que llevara todavía el lazo azul anudado en una mano. Me preguntaron por la ceremonia y ya no cuestionaron más. Ya saben que con mi vida hago lo que me sale de la punta de la polla y que lo que no quiero contar no lo cuento. Jugaba con la baza, con el comodín escondido en la manga, en caso de haberse puesto pesaditos con el tema, de que en muy breve les presentaría al otro miembro del equipo, y en cuanto la conociesen se les caería la baba con ella, tremendo encanto de muchacha. Así sucedería.

En el trabajo formidable. Llegó mi esperada elevación en el escalafón para adquirir funciones directivas. Con tan solo veinticinco añitos. Para ello tuve que marchar tres semanas a Málaga a hacer unos cursos de ampliación, teoría, un intento de mini-máster de Dirección Comercial. Se me exigía una responsabilidad tremenda, ya que yo dirigiría la oficina de Barcelona provincia, una de las que tenía más guías y mayor potencialidad, por lo que me preparé para una enorme expansión. Barcelona Capital se trabajaría con apoyo de Albert, con toda la ilusión de trabajar nuevamente mano a mano con quien había sido mi jefe, uno de mis mentores y uno de los que más me habían enseñado en el mundo de las ventas…
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