17 Marzo 2008

Capítulo 41 – Realidades laborales (…abro una puerta negra, retumban mis oídos…)

Categoría: Capítulo 41, Diario, Novela Blog — Nes Oliver @ 0:36



Leí hoy en El Periódico una entrevista a Corinne Maier, una economista francesa que no hace mucho publió un best-seller titulado Buenos días, pereza. La autora formula una crítica desde el interior a la institución empresarial e invita a trabajar cuanto menos mejor. Una especie de apología a la mediocridad, al descompromiso, a la ley del mínimo esfuerzo, a los beneficios rápidos. Critica los falsos ideales y la enorme masa de burocracia inútil que generan las empresas. Al final, la sociedad involucra que cuanto más arriba se llega menos se trabaja y menos idea se tiene del funcionamiento de la empresa que paga la nómina. Tanta burocracia inútil sólo sirve para justificar el sueldo de vagos y maleantes de muchas cúpulas directivas y el control terrorífico al empleado para que no llegue a cuestionarse la falta de necesidad de sus jefes.

¿Cuál es el objetivo a corto, medio y largo plazo de cualquiera? El mismo que el de los directivos: ganar pasta tocándose los cojones. Cuanto más alto se está en la cadena alimenticia de una multinacional menos jefes-depredadores-controladores tiene uno, y siempre se puede cerrar con llave la puerta del despacho privado para que nadie te moleste. Que ese es el punto de inflexión de ser jefe o no serlo: despacho privado. El currelas de a píe, si es de oficina, tiene que compartir su espacio vital con cincuenta compañeros y, como está en la primera planta, se siente controlado por todos, se siente vigilado por todos. El Gran Hermano está tras de ti, en las paredes podría haber cámaras, no respires más de lo habitual, no robes los bolis ni el tipex, nada de chácharas en la cola de la fotocopiadora, no hagas llamadas privadas a costa de la empresa, no te conectes a internet para entretenerte. Terrorismo subliminal. Hay que alabar a muchísimas secretarias y a muchos curritos de los puestos profundos, de ellos será el reino de los cielos porque han trabajado más que nadie en la tierra. Así sea. ¡Amén…!
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