2 Abril 2008

Capítulo 45 – El olvido (…pero nunca pasa nada y nunca más seremos dos…)



No hubieron lágrimas en mi regreso tras la separación de Mery, pero no por ello superarlo fue fácil, para nada. El sentimiento de frustración me embargaba todos los minutos pares y más de la mitad de los impares. Era como una losa lapidaria que hubieran puesto sobre mí, sin estar muerto, y me asfixiaba al no poder levantarla. Yo gritaba, pataleaba, arañaba, mordía, escupía, blasfemaba, pero no había manera. Creía que lo había dado todo por un sueño, por una mujer de ensueño, por la mujer que creí como la más maravillosa del globo. Si no podía ser con ella no podría ser con nadie. Y condenarse a la soltería más rubricante tampoco se asimila en un dos tres ya. Menos cuando uno es tan amante y amador como era yo en aquella época.

Es cierto, recuerdo miles de noches de borrachera y ninguna de llorar. Incluso las veces en que hablaba con ella por teléfono. No fue un final como tal, fue algo muy extraño, realmente, porque hablamos durante bastante tiempo. Ya dejé caer algo al final de la primera parte y ya os iré explicando. Pero bueno, hablábamos de llorar y de las borracheras. Por ello tendría que explicar más o menos ordenadamente qué ocurrió a mi regreso…
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