3 Mayo 2008

Capítulo 49 – Laura – 2ª parte (…verás que calentito retorcer las horas dando patadas al reloj…)


La verdad es que me esperaba más, tal y como me lo había vendido mi miembro. Durante un nanosegundo pensé en cortármela, así, inconscientemente, por haberme creado vanas expectativas, para que aprendiera. Evidentemente que eso no lo haría nunca, joder, mi gilipollismo va por otros lados, pero mi churra se percató del pensamiento castrador (elucubrábamos con un mismo cerebro) y se movió. De golpe, en mi cabeza y como en un enorme plasma de High Definition vi una imagen dantesca, una polla con chaqueta de aviador (una Bomber de rapado) y botas negras Dr. Martens que me hacía un buen corte de mangas, qué te jodan, Nes. Hija de puta. Le rumié (no puedo decir que le dije, porque ella y yo realmente no hablábamos, sólo telepaticábamos) que estaba muy desesperada porque la muchacha no valía tanto y, vacilona ella, me recriminó que sólo observara ligeramente el tarro para opinar. Aún no lo sabes, memo, pero perderás el culo por ella. Y lo tendrás bien merecido por cretinaco. Qué te follen, Nes, qué te follen, qué te follen

Tenemos muchas clientas que se dedican al tarot telefónico, pero ni mi amiga Soraya, la más bruja de todas las que conozco, hubiera sido capaz de vaticinar tan certera y radicalmente. Nada de profecías a lo Nostradamus, interpretables como a uno le venga bien, no… Una verdad directa, a bocajarro, como una patada dolorosa en los cataplines (y nunca mejor dicho). Está claro que vosotros ya lo imagináis, ya me conocéis de unos cuantos capítulos y ya suponéis que si escribo sobre Laura es porque significó algo más que una entrada en un bar. Que por lo demás ya hubiera estado guapo gastaros una pequeña broma y hacer que ese personaje desapareciera de golpe, dejándoos con la miel en los labios, ¿no? ¡Jjjajjá! No, coño, que no soy tan cabrón. Yo os quiero, joder, ya lo sabéis…
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28 Abril 2008

Capítulo 49 – Laura – 1ª parte (…seguir la trayectoria que llevan las nubes y volver por la mañana igual que sale el sol…)



Rozábamos el verano, sino es que habíamos entrado ya en él, y el calor me empujaba a veces fuera de mi asombro. En algún acceso de melancolía etílica había llamado a Mery, tal como ella me había llamado en mismas circunstancias que las mías. Cosas del alcohol. Recuerdo que en alguna ocasión alguno de los dos, alternativamente, ponía sobre la mesa las cartas de una reconciliación, pero el contrario siempre iba de farol y con comodines, y era imposible llegar a un acuerdo tácito. Cuatro acordes mal tocaos en la Telecaster y muchas ganas de verla. Cuesta darse cuenta de cuándo algo ha concluido. Cuando eso ocurre el tiempo se diluye y deja de ser un axioma importante de la formulación de la vida y de las cosas. Si no se atraviesa el umbral del cementerio y se sepultan los restos, el alma de una idealización nos perseguirá fantasmagóricamente, magnificándose durante el curso de épocas, condicionando nuestra existencia y las posibles relaciones posteriores, que serán comparadas, no con la relación real fracasada, sino con la idealización que en los recuerdos se fraguó. No dar un paso adelante a veces implica retroceder y los siglos son siempre muy cortos, más si son sólo una canción.

Yo por lo menos tenía claro que la relación no podría funcionar ya nunca, y a excepción de esos pequeños momentos de venas envenenadas de ron, no se me ocurría, ni de lejos, pensar en Mery, pensar en la soberana gilipollada de retomar lo nuestro. Segundas partes nunca fueron buenas. Y menos cuando habías bajado infiernos después de lamer cielos y cielos…
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16 Abril 2008

Capítulo 47 – Miedo a la realidad – 2ª parte (…y si el miedo me invita a mí sólo a jugar…)


Mis días empezaban a afrontarse, realmente, a partir del primer sorbo etílico. La primera copa de la jornada tiene un alto componente ritual, es la iniciación diaria de un sacrificio hacia dioses elementales pero superiores. El insigne primer ron de la jornada tiene que contener una cantidad determinada de ron y de hielo, de tal manera que es imprescindible que sobre un 40% de la Coca-Cola del botellín al rellenar el vaso hasta el borde. Ni más ni menos. Entonces hay que beber exactamente la cantidad que libere el líquido correspondiente al sobrante de la botella para, posteriormente, rellenarlo. El primer y largo sorbo debe ser duro, fuerte, oscuro, debe preparar el estómago y el hígado a la ingesta masiva que se avecina. Porque tras este trago el pico se calienta, y cuando el pico de Nes se calienta que tiemble el mundo, porque hay inicios que no acaban. A mí me lía exclusivamente el alcohol. El resto son las especies que rematan el plato.

Es curioso, pero siempre ha sido así, incluso en las temporadas en las que no he bebido a diario. Puedo pasar semanas enteras sin beber una sola gota de alcohol, pero en el momento en que algún licor o brebaje etílico roza mis labios, ya la hemos cagado y no para hasta que, o me bebo hasta el agua de los floreros, o me entra el sueño, o todo a la vez. Amigos míos que tienen locales, al verme entrar, ya avisan a los camareros, niño, vete preparando otra botella más de ron, que llega el Nes…
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13 Abril 2008

Capítulo 47 – Miedo a la realidad – 1ª parte (…y si el miedo me gana este pulso…)



El día que más pronto me despertaba lo hacía al oír la musiquilla de los Simpson en la tele, porque a esa hora mi hermano Willy llegaba a comer. Su oído estaba brutalmente resentido de los trallazos que el subwoofer del 106 Sport le propinaba tras la nuca. Había días que me despertaba cuando el sol caía y podía salir sin gafas de sol de mi ataúd-dormitorio en paz. Otros días abría los ojos en una habitación desconocida y, hasta que no me orientaba, pasaban por mi mente miles de pensamientos erráticos sobre cómo había llegado allí. Una juerga, siempre era una juerga la que me llevaba a los lugares más insólitos con las personas más insospechadas, una tremenda juerga.

Si me despertaba con los Simpson y no me volvía a meter en la cama en cuanto acababan (me daba tiempo de sobras de comer entre los dos capítulos), cambiaba el canal para ver Friends, sólo por ver esos ojos fantásticos de una Jennifer Aniston en el papel de Rachel. La serie en sí ni me gustaba ni me molestaba, pero la mirada clara y felina de la sexy actriz servía de sustitutivo de los ojos verdes cantábricos que había dejado atrás. El telediario me importaba un rábano, nada me unía con un mundo de cámaras y noticias prefabricadas del color del partido político que defiende cada medio. Pero unos ojos no saben más que mirar y ser mirados, y los de la Aniston me embobaban…
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2 Abril 2008

Capítulo 45 – El olvido (…pero nunca pasa nada y nunca más seremos dos…)



No hubieron lágrimas en mi regreso tras la separación de Mery, pero no por ello superarlo fue fácil, para nada. El sentimiento de frustración me embargaba todos los minutos pares y más de la mitad de los impares. Era como una losa lapidaria que hubieran puesto sobre mí, sin estar muerto, y me asfixiaba al no poder levantarla. Yo gritaba, pataleaba, arañaba, mordía, escupía, blasfemaba, pero no había manera. Creía que lo había dado todo por un sueño, por una mujer de ensueño, por la mujer que creí como la más maravillosa del globo. Si no podía ser con ella no podría ser con nadie. Y condenarse a la soltería más rubricante tampoco se asimila en un dos tres ya. Menos cuando uno es tan amante y amador como era yo en aquella época.

Es cierto, recuerdo miles de noches de borrachera y ninguna de llorar. Incluso las veces en que hablaba con ella por teléfono. No fue un final como tal, fue algo muy extraño, realmente, porque hablamos durante bastante tiempo. Ya dejé caer algo al final de la primera parte y ya os iré explicando. Pero bueno, hablábamos de llorar y de las borracheras. Por ello tendría que explicar más o menos ordenadamente qué ocurrió a mi regreso…
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