La verdad es que me esperaba más, tal y como me lo había vendido mi miembro. Durante un nanosegundo pensé en cortármela, así, inconscientemente, por haberme creado vanas expectativas, para que aprendiera. Evidentemente que eso no lo haría nunca, joder, mi gilipollismo va por otros lados, pero mi churra se percató del pensamiento castrador (elucubrábamos con un mismo cerebro) y se movió. De golpe, en mi cabeza y como en un enorme plasma de High Definition vi una imagen dantesca, una polla con chaqueta de aviador (una Bomber de rapado) y botas negras Dr. Martens que me hacía un buen corte de mangas, qué te jodan, Nes. Hija de puta. Le rumié (no puedo decir que le dije, porque ella y yo realmente no hablábamos, sólo telepaticábamos) que estaba muy desesperada porque la muchacha no valía tanto y, vacilona ella, me recriminó que sólo observara ligeramente el tarro para opinar. Aún no lo sabes, memo, pero perderás el culo por ella. Y lo tendrás bien merecido por cretinaco. Qué te follen, Nes, qué te follen, qué te follen…
Tenemos muchas clientas que se dedican al tarot telefónico, pero ni mi amiga Soraya, la más bruja de todas las que conozco, hubiera sido capaz de vaticinar tan certera y radicalmente. Nada de profecías a lo Nostradamus, interpretables como a uno le venga bien, no… Una verdad directa, a bocajarro, como una patada dolorosa en los cataplines (y nunca mejor dicho). Está claro que vosotros ya lo imagináis, ya me conocéis de unos cuantos capítulos y ya suponéis que si escribo sobre Laura es porque significó algo más que una entrada en un bar. Que por lo demás ya hubiera estado guapo gastaros una pequeña broma y hacer que ese personaje desapareciera de golpe, dejándoos con la miel en los labios, ¿no? ¡Jjjajjá! No, coño, que no soy tan cabrón. Yo os quiero, joder, ya lo sabéis…
(más…)




