7 Abril 2008

Capítulo 46 – Madrugones y sinsentidos - 1ª parte (…si me dijeras que te estabas ahogando no te echaría una mano…)



Primer día de trabajo, y lejos de estar feliz y contento como sería lógico, padecía cierto amargamiento, cierta desgana. En parte por tener madrugar, en parte por el malestar de meterme en un tren durante un huevo de rato y en parte por la caminata de diez minutos que me esperaba para rematar la faena. Nunca había cogido el tren para ir a trabajar y nunca había caminado para ello. Pero mi jodida economía estaba tan raquítica que no me podía ni plantear el hecho de meterme en el coche, porque no tenía pasta con qué llenarle el depósito. Y, seguramente, con los atascos de hora punta para entrar en Barcelona, tardaría mucho más tiempo en llegar. Lo de los atascos me lo intentaba creer yo mismo para aliviar un poco más la mala hostia que todo eso me producía. El ser humano es un ser de costumbres, de rutinas, y mi rutina no era, para nada, la de venderme de esas malas maneras. Que yo tuviera que trabajar y madrugar era tanta putada como que el pobre Phil Collins se haya quedado sordo. Las heridas que no se muestran siguen creciendo en silencio, todo el mundo lo sabe. ¡Joder, cómo me tocaba los huevos tener que volverme a poner el puto traje!

Llegué a la oficina fatigado del paseíto. Me esperaba el director, Antonio. Este era conocido de Albert, y en una quedada de negocios le comentó que necesitaba a alguien con experiencia para ayudarle a dirigir el proyecto. Albert me había llamado y me dijo que tenía un trabajo para mí y que ya me podía espabilar y pillarlo, tal y como estaba mi situación. El tal Antonio era pequeñajo y feo, muy feo, hijadeputamente feo, y se iba jactando de saberlo todo sobre ventas y de la cantidad de empresas importantes para las que había trabajado. En seguida la intuición me avisó, estaba delante de un gran gilipollas: si has trabajado en tantos sitios es porque te han despedido de casi todos por no conseguir los objetivos marcados, ¿qué coño de moto me quieres vender, tío? ¿Cómo coño van a caer contratos contigo dirigiendo…?
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2 Abril 2008

Capítulo 45 – El olvido (…pero nunca pasa nada y nunca más seremos dos…)



No hubieron lágrimas en mi regreso tras la separación de Mery, pero no por ello superarlo fue fácil, para nada. El sentimiento de frustración me embargaba todos los minutos pares y más de la mitad de los impares. Era como una losa lapidaria que hubieran puesto sobre mí, sin estar muerto, y me asfixiaba al no poder levantarla. Yo gritaba, pataleaba, arañaba, mordía, escupía, blasfemaba, pero no había manera. Creía que lo había dado todo por un sueño, por una mujer de ensueño, por la mujer que creí como la más maravillosa del globo. Si no podía ser con ella no podría ser con nadie. Y condenarse a la soltería más rubricante tampoco se asimila en un dos tres ya. Menos cuando uno es tan amante y amador como era yo en aquella época.

Es cierto, recuerdo miles de noches de borrachera y ninguna de llorar. Incluso las veces en que hablaba con ella por teléfono. No fue un final como tal, fue algo muy extraño, realmente, porque hablamos durante bastante tiempo. Ya dejé caer algo al final de la primera parte y ya os iré explicando. Pero bueno, hablábamos de llorar y de las borracheras. Por ello tendría que explicar más o menos ordenadamente qué ocurrió a mi regreso…
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1 Abril 2008

Estoy malito…!!!

Categoría: Cosas mías — Nes Oliver @ 0:32


Los críos son una panda de cabrones infectos, son portadores de todo tipo de virus. Cuando el hijo de Raquel viene del cole con toses, malestares o cualquiera de esas mierdas, tiemblo, sé que me va a contagiar lo que sea que haya pillado y que en mi organismo va a repercutir doscientas mil veces más que a él. Me acojono, sé de que me hablo.

Claro está que eso es lo que ha pasado hoy, maldita sea… Tengo fiebre, dolor de garganta (me quema!!!) y dolor de barriga, ayyy… Me voy a la cama a sufrir y a lidiar con mis pesadillas flipantes… Para el miércoles prometo cosas nuevas, y ya sabéis que siempre cumplo mis promesas, aunque las emita medio delirando…