31 Mayo 2008

Capítulo 50 – Bye, bye, Alexandra – 5ª parte (…no abres la boca ni para decirme qué te conviene, dime, ¿qué piensas?…)


Ya estaba hasta los cojones de andar por casa, por lo que no me esperé a que Alexandra pasase a recogerme. Mi hermano pequeño se estaba arreglando para pirarse y le dije que me acercase a Mollet. Vale. Llamé a Angelito, estaba medio adormilado, tirado en su enorme cama. Ahora me paso. Saqué de un cajón un collar y una pulsera que a mi hermano le gustaban mucho y se los intenté vender. Te doy sesenta si me das también tus Levi´s blancos, que nunca te los pones. Un par de camisas que ya no me gustaban fueron añadidas al pack y le levanté cien eurazos. Una sonrisa tatuada de dos billetes de cincuenta euros es tan bonita como la sonrisa de un niño con Playstation nueva.

En aquel momento cien euros eran todo un tesoro para mí. Y eso que hasta antes de mi ruina no era capaz de salir a la calle con menos de trescientos en el bolsillo. Pensé que no me lo podía gastar todo, que no era lógico, que la semana que viene tocaba volver a trabajar, a comprar tarjeta para mis viajes en transporte público, comprar tabaco, poderme tomar alguna cervecilla al salir del trabajo sin tener que buscar la invitación fácil y sin tener que pedir el favor, tomarme algún café cuando el sueño después de comer un bocata en un parque me atacase. Bien mirado, para poco daban los cien euracos, pero en comparación con cero eran infinitamente más. El universo se expande por cien euros y se retrae con cero…
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21 Mayo 2008

Capítulo 50 – Bye, bye, Alexandra – 4ª parte (…¿por qué no lloras? Parece que no entiendes nada…)


Ocho y media de la mañana. El día anterior ya había decidido tajantemente que no iría a trabajar, pero por si acaso me lo recordé antes de cabrearme por haberme quedado dormido. Ah, claro, no puse el despertador por eso.

Aún dándole vueltas a mi encuentro onírico con Lou Reed me arrastré descalzo hasta el comedor. Apenas entraba claridad a través de las rendijas de las enormes persianas y a pesar del doble vidrio (que refugiaba al hogar del ruido de una autovía cercana y del Circuito de Montmeló, que no veas el ruidaco que pegan los coches o las motos de competi a un kilómetro de distancia) unos leves tintineos de gotas me informaban que fuera aún diluviaba. La fiebre me estaba dando unas molestas collejas y casi tiré la base del inalámbrico. Marqué el número y llamé a Antonio…

- Antonio… sí, sé que aún es pronto… sí… pero es que… sí… no, hombre, no, Antonio… es que con la lluvia de ayer me he puesto enfermo… sí… ¿pero tú no viste la que cayó?… Antonio, coño, que no me estoy pegando ningún rollo, que estoy a treinta y nueve de fiebre de verdad… Sí, ya sé lo del movimiento, lo sé, pero ¿qué quieres qué haga? Ayer llovía un huevo, me empapé y me he resfriado y no voy a salir hoy, haciendo un día tan malo como el de ayer… Antonio, joder, estoy enfermo y no puedo hacer nada, espero ponerme bien para el lunes… Nos vemos la semana que viene… ¡Un saludo!

¿Un saludo? Una piedra al cuello le hubiera puesto al maldito hijoputa. Imagino que suponéis la parte de conversación chorra y omitida del personajillo, ¿no? Hale, al lío.
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17 Mayo 2008

Capítulo 50 – Bye, bye, Alexandra – 3ª parte (…y que sepa llorar cuando todo esto cambie…)


Si a alguien se le ha venido a la mente la palabra “ruin” que se la borre inmediatamente o que la cambie por “justiciero”, porque está claro que no era justo que aquel retrasado ocupase un puesto que yo merecía claramente, más cuando él pensaba utilizarme en su beneficio y yo sólo pretendía largarlo de allá sin mayores males. Él no tendría grandes problemas, ya estaba harto acostumbrado a las labores de dirigir nuevos equipos comerciales de nuevas compañías cada tres por cuatro doce y a los procesos seleccionadores. Aunque quede mal decirlo, el futuro de aquella guía telefónica estaba en mis manos y no me podía andar con remilgos dada mi apurada situación económica. Visto desde fuera o analizado desde mi actual momento, perfectamente podía haber dimitido de un cargo aún no saboreado, pero cuando vamos por la vida con los ojos entornados sólo advertimos lo inmediatamente próximo, lo que abarcan los brazos. Y mi debilidad y cobardía me agujereaban con miles de alfileres para que los centros del dolor chivasen al hipotálamo que la opción truculenta pero efectiva de despachar a un jefe más que mediocre y menos que válido era dictamen natural, lógico y necesario.

Junto a mis generales engalonados desplegamos un enorme plano sucio y arrugado, de puntas roídas, sobre la mesa. Movimos varias figuritas por encima, planteando las posibilidades estratégicas y decidimos cómo hacerlo, cuál era el camino certero hacia la victoria. La maniobra táctica era muy sencilla, si firmaba algo no lo iba a pasar, lo iba a guardar el máximo de tiempo posible para que las cosas se desencadenasen a mi favor. Aún sufriría el síndrome de la puerta fría, pero el placer de forzar el despido del Antoñito por falta de ventas salivaba en mi boca, hasta se me caía la baba. Dos días con mis compañeros de trabajo ya me eran suficiente como para ver que no eran realmente comerciales, sino mierdecillas que habían acabado de vendedores y vendedoras. Tenía claro que todavía me faltaba push para salir a la calle a empapelarla de contratos, pero eso no quitaba que mi instinto comercial me llevase a ver lo que se cocía cerca de mí, para saber aún analizar a un currelas y saber si era un crack o un paquete. Yo estaba muy por encima de todos aquellos indignos, segurísimo. De una patada hubiera roto el sol de la vulgaridad en aquel mismo instante, ¿para qué esperar a que los sucesos se abalanzasen sobre nosotros si yo ya había marcado el destino? Quizás para degustarlo como un buen vino, despacio después de dejarlo su media hora correspondiente respirando. Decidí conservar la calma y armarme de paciencia hasta los dientes, ningún detector de metales iba a detectar que cargaba esas armas con las que degollaría a quien se pusiese entre mí y mi cargo, ese buen as en la manga que guardé. Antonio y todos los demás estaban ya predestinados a llevar mi cruz hasta su sepultura. Amén…
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13 Mayo 2008

Capítulo 50 – Bye, bye, Alexandra – 2ª parte (…con alguien que me escuche y me pueda hablar…)


En la infancia las cosas son simples, sencillas. Por ejemplo, medir el status social de cada uno estaba chupado. Cuando yo era pequeño, tu “clase social escolar” se cotizaba en relación a tu calzado deportivo, a tus bambas, como se dice en mi tierra. Los de clase alta eran los que calzaban Nike, Adidas, Reebok o Converse. Después de ellos, en el centro de la pirámide los que lucían sus Puma, Paredes, Kelme, Fila. Y los sans-culotte sólo podían permitirse cubrir sus pezuñas con Golfitos o Victorias. ¡Qué triste era que te regalasen unas Golfitos! Llegaba mi madre feliz del mercado (la economía familiar no fue pudiente hasta mi entrada en el instituto), mira qué bonitas, y yo no podía mirar más que la marca, fuesen bonitas o feas realmente, la esencia estaba en un puto logotipo que otorgaba el valor intrínseco… ¿De qué marca son, de qué marca son?, chorreando inocencia e ilusión infantil. Mierda… mierda…, son unas putas Golfitos, me cago en la hostia puta, unas jodidas Golfitos, pensaba en mis adentros, y el mundo se hacía muy grande y yo muy pequeño, y sabía que los asquerosos y crueles compañeros se volverían a reír por esas patéticas bambas y por ese horrible pantalón con tachuelas en la pernera que mi madre consideraba tan moderno y que a mí me producía profundas ganas de vomitar. ¡Maldito consumismo que nos engancha desde pequeños, malditos niños crueles que se escudan en una falsa ausencia de maldad y ejecutan su ultra-violencia destructiva esbozando una sonrisa…!
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8 Mayo 2008

Capítulo 50 – Bye, bye, Alexandra – 1ª parte (…no tengo tiempo de esperar, puedo tener esto en otro lugar…)


Sonar el despertador y cagarme en dios todo es uno siempre, como una suerte de causa-efecto cansina. Snooze, cinco minutos más, necesito cinco minutos más. Cinco minutos más que nunca se duermen plenamente pero que saben a gloria bendita, cinco minutos más de los que parte se desperdician pensando que podemos llegar tarde. Y vuelve a sonar una endiablada melodía despabiladora, ayyy, otros cinco minutos más, hoy correré un poco más. Y sabes de sobras que llevas el tiempo justo, que puedes perder el tren o sumergirte en un atasco de la hostia por esos miserables cinco minutos, que no desayunarás por esos patéticos cinco minutos, pero los vuelves a dormir, siempre los vuelves a dormir y siempre la vuelves a cagar y siempre vuelves a correr como un poseso, porque claro, siempre te levantas tarde. Todo a cámara rápida, ducharse, vestirse, coger el maletín y un bocata que ya tenía preparado de la noche anterior, guardado en la nevera envuelto en su papel de aluminio, papel de plata que le llaman las abuelas, ponerme la corona de espinas y salir de casa con el turbo puesto y cargando la cruz de mi agonía laboral que ya me dolía.

Un tren repleto de olores matutinos, de gentes que habían apurado más el reloj que yo y no habían tenido tiempo o ganas de ducharse, y de tristes chicas que se levantan dos horas antes para poder pasar por el taller de plancha y pintura y poder salir a la calle con la imagen que quieren dar a los demás de sí mismas, unas con más fortuna que otras, unas que recibieron mayor generosidad por parte de la naturaleza que otras. Pestes machaconas y olor a rimmel y perfume por un igual, metáfora de la mierda que es la vida a veces y que nos intentan maquillar para que borregueemos apaciblemente, alegoría de lo tristemente indecente que es madrugar, empezar el día cuando el sol no ha nacido aún, parábola de la diferencia entre tener o no tener, mezquindad del azar y los posibles…
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3 Mayo 2008

Capítulo 49 – Laura – 2ª parte (…verás que calentito retorcer las horas dando patadas al reloj…)


La verdad es que me esperaba más, tal y como me lo había vendido mi miembro. Durante un nanosegundo pensé en cortármela, así, inconscientemente, por haberme creado vanas expectativas, para que aprendiera. Evidentemente que eso no lo haría nunca, joder, mi gilipollismo va por otros lados, pero mi churra se percató del pensamiento castrador (elucubrábamos con un mismo cerebro) y se movió. De golpe, en mi cabeza y como en un enorme plasma de High Definition vi una imagen dantesca, una polla con chaqueta de aviador (una Bomber de rapado) y botas negras Dr. Martens que me hacía un buen corte de mangas, qué te jodan, Nes. Hija de puta. Le rumié (no puedo decir que le dije, porque ella y yo realmente no hablábamos, sólo telepaticábamos) que estaba muy desesperada porque la muchacha no valía tanto y, vacilona ella, me recriminó que sólo observara ligeramente el tarro para opinar. Aún no lo sabes, memo, pero perderás el culo por ella. Y lo tendrás bien merecido por cretinaco. Qué te follen, Nes, qué te follen, qué te follen

Tenemos muchas clientas que se dedican al tarot telefónico, pero ni mi amiga Soraya, la más bruja de todas las que conozco, hubiera sido capaz de vaticinar tan certera y radicalmente. Nada de profecías a lo Nostradamus, interpretables como a uno le venga bien, no… Una verdad directa, a bocajarro, como una patada dolorosa en los cataplines (y nunca mejor dicho). Está claro que vosotros ya lo imagináis, ya me conocéis de unos cuantos capítulos y ya suponéis que si escribo sobre Laura es porque significó algo más que una entrada en un bar. Que por lo demás ya hubiera estado guapo gastaros una pequeña broma y hacer que ese personaje desapareciera de golpe, dejándoos con la miel en los labios, ¿no? ¡Jjjajjá! No, coño, que no soy tan cabrón. Yo os quiero, joder, ya lo sabéis…
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1 Mayo 2008

EXTREMODURO, NUEVO DISCO Y GIRA (¡NOS VAMOS DE CONCIERTO, JODEEER!!!)

Categoría: Nes & Conciertos — Nes Oliver @ 7:21


Pues sí, resulta que los coleguitas de Extremoduro ya se aburrían después de cuatro años sin disco y sin conciertos y vuelven a la brecha. La última vez los vimos Marta, Iván y yo en el Palau del Joventut de Badalona, vaya tela de noche…

El disco es tipo el Pedrá que ya sacaron unos cuantos colegas, entre ellos el Robe, y que comercializaron como de Extremoduro para sacar pasta a la discográfica sin disputas. Aquel disco era una verdadera locura porque era una canción de 30 minutos (de la que suelen hacer un fragmento en directo). Una canción con más cambios y más paranoia que esta novela. Y este nuevo, “La ley innata”, parece que va a ser algo parecido, aunque con pistas diferenciadas, pero hale, con dos huevos bien gordos, todo seguidito, que la masterización es cara y los silencios nos los cobran a precio de fusa. Dicen que lo sacan a finales de mayo, pero empiezan la gira a mediados de este mes ya, queda poquito.

Por mis tierras, por ahora, han confirmado Girona y Reus. Voy a convencer a Iván, que mora en Salou (a 10 kilómetros o así de Reus) para apalancarnos allí como fieras roqueras y quemar otra noche de afonías y alcohol descarnado. Y si se apunta ya Dani Bolinga pues sería la hostia y la rehostia, así de simple, hostia y rehostia mano a mano con Nes. Puffff, la que se avecina!!! Si alguien se apunta a la fiesta, ya lo sabe, que se compre la entrada y se venga (más me faltaba escribir gratis y pagar entradas de conciertos, cubatas y rallas, ¿no?). Ya sabes, Iván, que te dedicaré aquello de “Ama, ama, ama… y ensancha el alma…”, como siempre, que es tu canción, coño…

Hale, aquí os dejo un apaño que ha hecho un extremodurero con más imaginación que medios (bueno, sin imaginación y sin medios, pero con muy buena intención), pero que suena qué te cagas. No sé que va a ser de mi vida cuando todos estos viejales del rock palmen de decrepitud y excesos y los de Operación Triunfo consigan apoderarse de la humanidad, porque esa mierda seguro que es un complot… seguro… Hale, con todos vosotros y ustedes “Dulce introducción al caos”.