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3 Marzo 2008

Capítulo 33 – Luna de hiel - 2º parte (…dame mucho calor, tengo frio, ¿no lo ves?…)

Categoría: Capítulo 33, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 0:49


Acerté a decir algo así como por supuesto, como con un salto de mi mente, más que nada por instinto. El anonadamiento producido por el impactante shock nervioso en el que me subyugué impedía reaccionar, decir nada, actuar. Mi mente olvidó, durante segundos largos como meses, cómo materializar en forma de voz o gestos las ideas a velocidad luz de mis entrañas. Si llueve, ¿quién te puede despertar? El nombre de Narciso se quedó inmóvil y estanco en el firmamento de mi universo particular, como flotando en un océano que salpicaba tsunamis y maremotos para aguar uno de los días más relevantes de mi existencia mortal. Hoy día, por suerte, la experiencia me hace defensor a ultranza del individualismo de la libertad y crítico acérrimo de la estupidez de ese tipo de celos. Pero entonces, entonces no lo entendí así, ay. Y eso que me quedaban decenas de cosas que conocer de él para terminar por cogerle un asco desmesurado. Sólo se me ocurría pensar: Ha mantenido una relación con él, han sido pareja, han follado… ¡Dios mío, han follado! Mi mujer se ha follado al calvorotas… ¡Puaj, que puto asco! Al calvorotas…

Mastiqué con paciencia el pérfido enfado que apretaba mi cuello hasta faltarme el aire. Quise hablar, chillar más bien, gritar, preguntar cómo había sido capaz, quise romper todos los vasos, todas las mesas, todas las caras, quise hacer añicos todos los cristales y aquella mierda de decoración rojiza, reventarle el cráneo a todo el que me hablase con aldeano acento de boca abierta, cortarle las venas a dios y su puta madre, quise haberme podido meter una enorme raya de palmo y medio para despejar mi cerebro de Fórmula 1 a dieciocho mil revoluciones por minuto, sin ni siquiera intentar comprender que yo la había lanzado al mar bravo sin salvavidas, a causa de mis incertidumbres y mis despechos, y alguien la había rescatado. No vi una aparición celestial diciéndome: “Nes, pero fue ella la que se mojó el culo para recuperarte. Agradece a Mery todo lo que por ti ha hecho y olvida tontadas, más aún careciendo de razón. Debería ser ella quien te odiase por cómo has llegado a comportarte en muchos momentos”…

No. Tuve celos, asco, ganas de potar mi bilis rabiosa. Mi absurdo orgullo de macho se sentía herido. La imaginaba desnuda, con aquel cerdo dentro de ella, metiéndole una polla infecta y purulenta, metiéndole una puta polla de mierda, una polla repugnante y ajena en la misma cama que acogía esos días nuestra desnudez. ¿A mi favor? Que lo soporté esa madrugada, esa y otras muchas, pero que en nuestra posterior vida en común sería motivo natural y cotidiano de broncas, enfados y noches de dormir en la incomodidad del sofá. Lo soporté pero sin querer hablar del tema. Puede ser que quisiese esperar a que el tiempo cicatrizase la herida de mi ego, o a aprender a vivir con ello, pero lo cierto es que esquivé el tema en los días que continuaron. Y que si uno no deja de rascarse una costra esta nunca llega a curar. Lo soporté pero no lo olvidé.

Por lógica deductiva se puede extrapolar que acabamos bebiendo en grado superlativo, y acertáis. Y acertando eso, también son vaticinables las dos noches que aún permanecimos en Compostela, donde no dejamos de hacer otra cosa. Melo desaparecía con su chica, pero a nosotros Toni nos obligaba a enseñarle todos los garitos de la ciudad. Y vaya si hicimos con él una ruta completita.

En un lavabo presencié un trueque ilegal, droga por billetes, y sin que ninguno de mis acompañantes fuese testigo, aproveché para adquirir un gramazo de caviar blanco de napia, fantástico, mi amiga coca me ayudará a soportar, mi amiga coca me quiere, me cura, me mima. La tapa del wáter sucia, sobre la cartera. Billetito de cinco mil enrollado con la mano izquierda, enchúfate fuerte y métela pá dentro. En el espejo no vi nada en mi nariz que hiciese sospechar que había inhalado algo que me iba a empujar a beber sin desfallecer. La imagen repugnante del rejunte carnal de mi esposa y un músico con escasez capilar desapareció. Nes, El Rey Canalla llegó a divertirse inolvidablemente y disfrutó de lo que el maravilloso universo le ofrecía. Nuevamente días de vino y rosas, ay Meriña, mira que eras hermosa. Fíjate que aún sin haber digerido la náusea fuimos felices. Y eso sin bañarnos vestidos y sin cenas de mamá, pero sí recorriendo la ciudad hasta aplastarnos el día. De llegar a casa con el día en las espaldas cientos de veces, horas después de que se apagasen las farolas que daban luz a nuestro portal sólo por verte pasar.

Pero todo tiene su fin. Y como quedaban demasiadas cosas que solucionar antes de poder convivir, con accesos llorones quemando ojos, gargantas y mejillas, tuvimos que decirnos hasta luego, bye, bye, my love. Nuestro eterno retorno en vida, a planear cómo y cuándo volver a vernos. No te olvides de mí, cómo quieres qué lo haga, si eres mi vida y mi muerte, te lo juro. Me cago en mi puta vida, Gigi d’Agostino a toda tralla y D.J. Melo arrancó el ruidoso motor TDI mientras yo despegaba, en silencio autista, fuera de la estratosfera, abducido, en busca del mundo donde los esposos nacen en burbujas y se unen sus fetitos con cordones umbilicales de Intranet, coreografiando cabriolas y botando por entre las membranas, nadando en alcohol y amor, mientras veía su mano despedirse y a ella haciéndose cada vez más pequeña, alejándose. ¿Por qué duele el amor cuando no se tiene al ser amado cerca? ¿Por qué…?

Nadie ha dejado sus estupefacientes »

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