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4 Marzo 2008

Capítulo 34 – Tiempo de espera – 1ª parte (…vivía sin sentido pero llegaste tú…)

Categoría: Capítulo 34, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 0:12


Mis padres quisieron morirse cuando les conté lo de la boda. Creyeron que estaba loco, que había conocido a una más loca que yo y que alguna secta nos había captado. O algo peor. A pesar de que están curados de espantos, que están acostumbrados a todo tipo de excentricidades por mi parte, porque, según ellos, soy muy raro. Eso se debe a que mi planteamiento vital siempre se alejó de lo que ellos imaginan para mí como vida ideal. Pero lo de que Myriam fuese expulsada de mi vida con el manotazo del que ahuyenta una mosca para casarme por un rito de “brujería” era incomprensible. Con el cariño que le tenían a la chica. Y encima por una gallega. ¿Qué coño se me había perdido a mí en Galicia? La oveja negra comportándose como tal. Y como nunca. Por amor, les expliqué que había sucedido por amor. No se puede utilizar el término amor para definir un sentimiento ante una pareja que ya ha cumplido las bodas de plata. No se acuerdan del significado, suena a chino, ¿amor?

Cuando creyeron definitivamente que no andaba liado con ninguna movida sectaria ni esotérica, no se metieron mucho más en el asunto. Y eso que les asustaba que llevara todavía el lazo azul anudado en una mano. Me preguntaron por la ceremonia y ya no cuestionaron más. Ya saben que con mi vida hago lo que me sale de la punta de la polla y que lo que no quiero contar no lo cuento. Jugaba con la baza, con el comodín escondido en la manga, en caso de haberse puesto pesaditos con el tema, de que en muy breve les presentaría al otro miembro del equipo, y en cuanto la conociesen se les caería la baba con ella, tremendo encanto de muchacha. Así sucedería.

En el trabajo formidable. Llegó mi esperada elevación en el escalafón para adquirir funciones directivas. Con tan solo veinticinco añitos. Para ello tuve que marchar tres semanas a Málaga a hacer unos cursos de ampliación, teoría, un intento de mini-máster de Dirección Comercial. Se me exigía una responsabilidad tremenda, ya que yo dirigiría la oficina de Barcelona provincia, una de las que tenía más guías y mayor potencialidad, por lo que me preparé para una enorme expansión. Barcelona Capital se trabajaría con apoyo de Albert, con toda la ilusión de trabajar nuevamente mano a mano con quien había sido mi jefe, uno de mis mentores y uno de los que más me habían enseñado en el mundo de las ventas…

En Málaga conocí a Jota (le llamaremos así, que no quiero meterlo en líos) a quién desde aquí pido disculpas por no haberlo incluido en las dedicatorias, pero es que hace tanto que no lo veo que hasta ahora no me acordé de él. Sé que te reirás al leer esto, cabronazo. Jota era un reciente fichaje comercial para llevar a cabo el proyecto catalán, era un experto conocedor del mundo de las ventas y otro de los que mucho me aleccionó. Por problemas de reservas hoteleras nos tocó compartir cuarto y, aunque parezca mentira, me porté mejor que él esos días. Apenas salí mientras Jota me aparecía alcoholizado día sí, día también. Yo me contenía. Ni quería ni debía aparecer en clase hecho unos zorros, no fuese que me depusiesen del cargo antes de comenzar a ejercer.

Me descojono de risa al recordar aquellos días. Una noche me quedé durmiendo y Jota salió de fiesta con unos comerciales nuevos de Valencia que también estaban en nuestro hotel, aunque ellos realizando el curso introductorio. No cerré la puerta con llave para que Jota pudiera entrar. Y lo escuché llegar a las tantas, golpeando con todo lo que había en la habitación. Entreabrí los ojos y escuché en manotazos la dificultad para acertar el interruptor de la luz del baño. Hijoputa, hijoputa, balbuceaba el borrachuzo. El sonido del chorro del meado golpeaba contra la taza y cambiaba de tono al cambiar de superficie en su poco acierto de puntería. Casi se cargó la taza al intentar, con nulo éxito, tirar de la cadena. Y entonces salió del baño y no pude evitar partirme. Aún vestía traje, con la corbata desabrochada, pero ni se había subido los pantalones ni los calzoncillos, la polla encogida y al aire, y caminaba como un pequeño pingüino patoso, con el entorpecimiento de la ropa enredándosele entre las piernas y los tobillos. De golpe, mientras las lágrimas se me resbalaban y las carcajadas me descompensaban la respiración a contratiempo, se tropezó, y vi ochenta y cinco kilos de ejecutivo en estado lamentable dar un mortal en el aire de medalla de oro, para dar con todos los huesos en el suelo, con la ropa totalmente liada. Salté del catre, lo levanté, lo acabé de desnudar y lo metí en la cama. Pantalón hijoputa, pantalón hijoputa, me he caído por tu culpa, hijoputa, sollozaba antes de roncar. Me senté en la cama, observándolo, continué partiéndome el culo un buen rato y volvía a acostarme. Al día siguiente seguía borracho pero fresco como una rosa, como si nada hubiera sucedido.

El fin de semana sí salí, dispuesto a derrotar a mi compañero y a mí mismo, me apetecía enfrentarme ante tremendo gigante con todo el valor y arrojo del que disponía, apoyado por las ganas de la abstinencia de cinco días. Jota era duro de pelear, hostia puta. Que a sus cuarenta años el tío era un profesional, no sólo en el trabajo, sino en barra fija y levantamiento de nariz. Medalla de oro, vamos. Menudos elementos. Málaga, como cualquier otra ciudad o población, era rica en camellos y en cocaína que, según teorías, llegaba vía Marruecos. Tampoco nos interesaba demasiado la procedencia, no creáis, me la pelaba en Made by de la farlopa. Pero por Visnú que nos tiramos despiertos los dos fines de semana y el último jueves de estancia andaluza, empalmando con la última mañana de conferencias, cursos y el viaje de regreso. Maldito vuelo en el que, compartiendo ambos los mismos temblores ante el vuelo, nos rendimos al sueño, sobrevolando la península de punta a punta, del sur al norte.

El trabajo cambió radicalmente. De rascarme las pelotas y cobrar un pastón, dominando las tempestades de mis responsabilidades, pasé a perder parte de sueldo y a ganar una cantidad de faena absorbente. Cobraba más de vendedor que de jefe, debido a que por mis antiguos altos resultados, el comisionado era excelente. Como jefe, eso fue lo peor, empleaba seis veces más tiempo, además de irme a dormir con papeleos y objetivos en el coco, cuando yo había vivido siempre desconectado del trabajo. Y eso que se me daba bien. Pero me comía el tiempo por la manera tan gilipollamente absurda que tenía la empresa de etiquetar todo con burocracia semi-inservible. Cuidadosamente llevado, lo único bueno, podía disponer del tiempo de otra manera. La oficina me “pertenecía”, por lo tanto podía estar allí cuando me viniese en gana. Entonces adelantaba trabajo los fines de semana para poder escaparme algunos días a Santiago. Sobrado de resultados no se me controlaba en exceso, es más, el Dire nacional o el nuevo Jefe de Ventas de Levante, me avisaban con antelación de sus visitas, no como a otros compañeros. Así nunca me pillaban en bragas. Muchas veces me fugaba un miércoles o un jueves para estar con Mery. Los comerciales pensaban que estaba de reuniones. Y en casa de Mery y de las niñas yo dirigía mis labores desde un portátil conectado a Internet y desde el móvil (qué tiempos aquello de utilizar el móvil como módem en eternas conexiones de 32 kas por segundo). Lo que yo no podía hacer me lo hacia Nurieta, mi nueva secretaria, que la tenía en el bolsillo. Su sueldo dependía de su eficiencia para conmigo, claro. Y de unos besos al aire y unos guiños. Un chochito que palmotea es el mejor aliado de un jefe rollero.

Sabed que el mundillo comercial es desquiciante. La consecución de objetivos y de cuenta de resultados es muy importante, lo más. Pero si un día se vende mucho y al día siguiente se pifia, nadie lo recuerda, se borra lo bueno que se era ayer. El average, la media ponderada es un concepto vacío en manos de perturbados vacíos. Paco, el Jefe de Ventas, además de ser un pobre infeliz, era la persona más pesada que me he echado a la cara, palabra. La mosca cojonera calienta orejas le apodamos. No era para menos. Utilizaba técnicas nazis y orientales de tortura psicológica, por lo menos. Si un día los números flojeaban te destrozaba con el martirio de sus charlas de dos horas de broncas. En la letra M de su diccionario, el término motivación debía hallarse desaparecido. Un rayante de Primera División, aunque no mal tipo. A mí me la pelaba lo que me decía, como si lloviese, pero fue el soberano culpable del inicio del hartazgo por la profesión. Os juro que había llegado a dejar el teléfono sobre la mesa, sin escucharle siquiera durante minutos, y el tipo ni percatarse. Y venga a rayar, venga a rayar… ¡Puto pesado!

A Jota y a mí se nos unía en ocasiones Vicente, un valenciano trasladado para dirigir la provincia de Tarragona. Ellos no tenían oficina asignada, por lo que tenían que venir a la mía, donde les preparé despacho a cada uno. Aprovechábamos para comer juntos, pero cada vez que nos juntábamos ocurrían las peores liadas que se puedan suponer. A cuál de los tres peor, a cuál de los tres más viciosillo. Nuestras reuniones significaban no trabajar, antes de la comida estar bebidos, después de la comida peor aún, y a las seis de la tarde en el pub donde trabajaba July para conseguir coca que bajase el pedal, y a seguir bebiendo, una, dos, tres, mil copas más, intentando atinar a las bolas del billar, con movimientos maxilofaciales desencajados y tics involuntarios de lengua. Guardo recuerdos divertidos y gloriosos. Las apariencias engañan. Que fuésemos tres profesionales trajeados y encorbatados no significaba que fuésemos buenos. Pero éramos tres encorbatados hombres de negocios que hablaban de negocios en voz alta y jactándose de cifras que los de alrededor no habían visto juntas en sus miserables vidas.

Joder, me acaba de venir una muy buena con Jota. Ambos, grandes amantes de la música, dejamos el trabajo colgado para ir al estreno del largometraje documental homenaje a los Sexs Pistols (¿Era La rabia y la mugre?). Tras la comida, animados y borrachos, fuimos en busca de un par de pollos en polvo embolsaditos, la ocasión bien lo merecía. Ver una peli de punkis y no drogarse no es buena cosa, igual era pecado o delito. Es como ir a ver a Reincidentes de esmoquin, como ver a Hitler en una casa okupa, como ver a tu madre follándose a tu perro. No se puede ir a ver una peli de punkies sin drogas y punto. Recuerdo como muy entrañable el estar viendo la peli en un mini-cine de Avenida Madrid, haciendo rayas sin cesar sobre la cartera, sorbiendo los mocos por la congestión nasal y meando en los vasos vacíos de cerveza para no salir hacia el lavabo y perdernos parte de las andanzas del Rotten y el Vicious. Cuando los vasos rebosaban meados amarillentos dejábamos caer el líquido por una esquina con pendiente, para poder seguir meando sin movernos. Éramos anarquistas en aquellos momentos, borrachos y drogados anarquistas cagándose en la madre que parió a la reina.

Estas cositas sucedían con Jota, sólo podían suceder con alguien tan especial como él. Como el día que después de una de las memorables comidas con Vicen y conmigo, ante nuestro estupor, se marcó un strip tease para regocijo humorístico de mi secretaria y de las chicas de televenta. Con los pantalones y calzoncillos bajados intentó anudarse una corbata en los testículos, con tan mala pata que debió pillarse un huevo, cayendo inconsciente ipso facto. ¿A quién se le hubiera ocurrido? Sólo a él. Con las risas se nos mezcló la preocupación. Rápido se recuperó. Cuestión de pelotas. La corbata, no obstante, era la mía. Se la regalé para siempre, obvio… No me apetecía ponerme parte de las epiteliales de sus cojones en mi cuello.

Mery me llamaba en aquellas ocasiones, y nunca la engañaba en esos aspectos, estoy de copas con Jota. Teniendo en cuenta que nos llamábamos una docena de veces diarias, por lo menos, hubiera sido absurdo hacerlo, me hubiese pillado por la voz, mutable a la alcoholemia. No le contaba (eso no) mis coqueteos tan demasiado asiduos con la sustancia adictiva, pero eso no era mentir, simplemente no se lo contaba porque sabía que no le haría puta gracia.

Alguna noche Jota me sobornaba vilmente con drogaína, proponiéndome ir a alguna discoteca. Pero siempre caía en la trampa, y hasta que no me daba cuenta que estaba bailando con cientos de señores feos y chicas muy guapas, y que algunas bailaban desnudas en la barra, no caía en la cuenta: me había vuelto a llevar a un club de alterne, joder, con el repelús que me dan. Y una vez puesto, hasta que no le daba el palo a la VISA follando con una o dos chavalas no me sacaba de allí hacia ningún otro lugar. Yo, como parroquiano del ron, le esperaba cual fiel perro lazarillo, espantando prostitutas de mi lado y bebiendo…

4 Comentarios Estupefacientes »

  1. llevo toda la semana sin poder leer, por el dichoso curro, espero este finde ponerme al dia que he pasado una semana de mono increible jeje

    buen finde muuuuuuuuuuacks!

    Comentario por mai — 7 Marzo 2008 @ 19:36

  2. Yo también llevo una semana de locura (desde el jueves pasado, ayyyy…). Cuando el mes comienza en sábado tiemblo, pues hay que realizar las renovaciones de campañas publicitarias de teletextos y revistas con mayor antelación. Teniendo en cuenta que además febrero tiene menos días, el pastel está servido. Para más inri, llega la Semana Santa, y los medios no trabajan, por lo que, pasado el caos del inicio del mes, nos viene el caos de programar otros medios que se realizan a más corto tiempo… Horrible!!!!! Bueno, qué decirte que estoy trabando ahora mismo (mientras Sabina y Serrat, como dos pajarracos, rellenan el silencio, tendiéndome un capote de musas e inspiración).
    Feliz fin de semana también para ti!!!

    Comentario por Nes — 7 Marzo 2008 @ 20:33

  3. Ese Jota era tu hermano en la sustancia blanca, jajajaja y la escena del desuno con corbata para el señor polla me parte el culo de la risa. Vale Nes que luego de lo capitulos de Matricidio con Mery la has hecho con este.

    Comentario por Mélomano♫ — 23 Agosto 2009 @ 17:32

  4. Jjjaá, el propio J. se descojonó de risa al leer sobre él. Y me agradeció sobremanera no haber puesto su nombre para evitar broncas con su señora esposa, claro.

    Comentario por Nes Oliver — 24 Agosto 2009 @ 6:43

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