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6 Marzo 2008

Capítulo 35 – Vacaciones de frialdad – 1ª parte (…yo quisiera saber si tu alma es igual a la de cualquier mujer…)

Categoría: Capítulo 35, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 0:34



Conocí a Noe. Vivía en el centro con su madre, pero poseía una casita de dos plantas y tres habitaciones cerca de la universidad y que alquilaba por rooms. Una solamente ocupada, por lo que la mejor amiga de Mery me cedió las llaves del cuarto donde dormía de pequeña, cuando vivía en la casita. La alquilada estaba habitada por una chica que, sin más inquilinos, se había apoderado del piso al completo. Ella y tres perros. Pero no veas, en plan okupa. La chica era lo más cerdo y repulsivo que ni en ciencia ficción he podido admirar. ¡Qué puta cerda! Pero con la escasez de alojamiento que hay en Lugo en agosto, se agradecía la gratuidad y el detalle. De intestinos aurículas y ventrículos, que se acercaban tiempos de tragar sapos y culebras.

Segundo inconveniente abominable: Mery era absolutamente incapaz de dar la cara ante sus padres para quedarse el mes entero en mi cama y, religiosamente, tenía que dormir todas las noches en casa. Llegase a la hora que llegase, pero en casa. Vale que no estábamos casados de ninguna forma legal, pero me creía en el derecho de ser lo suficientemente importante como para que peleara por mí, ¿no? Si aprobaba en septiembre (esa es otra, había suspendido tres asignaturas) vendría a vivir conmigo. Y no quedaba tanto para ello. ¿Cuándo pensaba contarlo a la familia? Dormiríamos juntos si nos escapábamos unos días de la capital y del cercado materno. ¡Manda huevos! Relajación, Nes, relajación. Aunque me pareciese aberrante, no sería yo el que me inmiscuyese en las costumbres familiares. Por mucho que me provocase alergia su modus operandi.

- La cultura catalana y la gallega son diferentes, amor mío. Por eso tú puedes contarles a tus padres lo que yo no puedo a los míos. Además, no olvides que mientras estudio son ellos los que me mantienen. Así funcionan las cosas en Lugo -. ¿La cultura catalana? Mi madre es catalana, pero mi padre es andaluz… ¡Bah, bobadas…!

Total, que con contadas ocasiones de desrutinamiento, hasta por la tarde no la veía. Salía solo a comer después de dormir en Villa Cochambre, donde los chinches y las pulgas tenían el territorio marcado con sangre y orines. Me metía en la ducha con chancletas, lo juro. La casa del vómito nauseabundo. En cuanto mi cobarde enamorada se dignaba a avisar de su libertad, pasaba a buscarla, y de bar en bar hasta las tantas, cada día igual. Yo llevaba unos gramillos escondidos, pero me duraron nada y menos (a hurtadillas siempre), por lo que, al desespero de tener medio día para pensar en lo triste que me parecía la situación vacacional se sumaba la falta de coca para entretenerme. Y para que me bajase los tremendos pedos que pillábamos por costumbre.

Fue en su ciudad natal donde se inició nuestra pérdida de la materia gris, la que impide los enfados y el restregarse pasados por la cara. En el transcurso de una de nuestras borracheras, pasándonos porquerías del pasado por las narices, como en un partido de tenis, me relató, con lágrimas en los ojos, que había sido violada durante la época de mi abandono, después de dejarlo con Narcisito por comprender que me necesitaba. Sí, sí, violada. Al ir borracha casi a diario y sin importarle nada, un bastardo hijo de puta abusó de ella encerrándola en una habitación en el transcurso de una fiesta. ¡Maldita sea! ¿Cómo alguien puede ser capaz de consumar tan brutal y sádico acto de bestias? Pues sí, hay bestias así. Intenté comprender empáticamente su dolor, el del momento de los abusos deshonestos, el infierno de la vejación, su impotencia, su vergüenza, lo que nunca se podría ya borrar de su mente, y lloré su llanto. Entendí que no hubiese denunciado, cobardía, pudor, sentirse sucia… Me instalé en su malestar, naufragué en mis fastos y oropeles. Me la imaginaba en escatológicas escenas de violencia e imprecaciones, dolor físico y psíquico, repugnancia y dolor… Y luego sentirse sola, débil, ultrajada, machacada, inservible. Si hubiese estado a su lado. Si hubiese estado a su lado…

Ella me culpó a mí. No lo entendí en un principio, pero acabé asumiendo su dolor y me erigí en deudor por ello. De alguna manera mi ausencia dañina era la que la había llevado en primera instancia al acto profanador de su cuerpo. ¡Cómo me torturaban esas imágenes! Me preocupé por cómo se sentía, pero sin saber muy bien qué debía decir, qué debía hacer. Se me vino a la cabeza la posibilidad de que hubiera podido contraer el maldito SIDA, pero los análisis que periódicamente se efectuaba para el control del tumor lo descartaban.

Abiertamente yo luchaba por no tener que hablar del tema. Broncas, eso nos llevaba a impresionantes broncas donde ella se crecía en mi sumisión ante el dolor tabú. No podía soportar la palabra violación declamada de su voz, me mareaba, me angustiaba, me rompía.

Otras veces me tomaba la revancha de las regañinas. Criticándome una noche, a punto de ver doble, le eché en cara migajas de mi frustración, cuando no creí en ella por no tener valor a mostrarme un rayo de la luz de la esperanza y buscarme en León. No tuvo la impresión de que yo quería eso, sino que buscaba que desapareciese para siempre. Mea culpa hasta que me contó que para ahogar su llanto se estuvo tirando durante unas semanas a un socorrista chulesco del Club Náutico del Miño. ¡Ay ay ay! ¡Celos! Otro más para la lista. Sí, ya sé, yo me había tirado a más, a muchas más, a docenas más. Pero estas cosas, en mi pasado, no me afectaban como hoy día. Y no era lo mismo que yo follase con quien fuese a que lo hiciera mi señora esposa, por muy enfadada y triste que se sintiese. Es que el hecho dramático en sí no eran esos polvos, era la desconfianza que en mí ocasionaban. Y si nos enfadáramos estando uno en Barcelona y la otra en Galicia, ¿qué podría pasar, que se acostase con otros por despecho? Miedo me daba.

Después de esos horribles intercambios de rabiosas furias gestadas en la más fangosa inseguridad, llegaba la reconciliación. Tenéis premio los que hayáis pensado en ello. Tan apasionados en el sexo como en el enfado, pero con deseo crecido después del desembarco del efervescente rencor caduco, los muelles de la cama se resentían sobremanera. Cientos, miles de disculpas y losientos, me he pasado, no volverá a ocurrir, debo aprender a aceptarlo, si en el fondo estamos juntos, te quiero, yo te amo, si no sería capaz de vivir sin ti, si tendría que agradecerte que estés en Lugo sin poder pasar juntos el tiempo que debiéramos, y bla bla bla. Palabras, palabras, palabras

No obstante, el desprecio entre nosotros todavía era un minúsculo germen con cierta inofensividad. Eso si se le impedía coger peso y altura y alienarse con Newton para hacernos tropezar en un pozo abismal con aceleración creciente al cuadrado. Si se lo impedíamos. Quisimos saltar sobre él, pero resbalábamos y caíamos, alimentándolo en la fugacidad de lo que siempre dura tan poco y por lo general duele tanto.

Alexandra, luchemos mano a mano, sexo a sexo, piel a piel, por no rodar vertiginosamente. ¿Hecho? Te quiero, que lo sepas. Por eso no me arrastrarán en caída libre los errores que me han enseñado a amarte, a cuidarte y a respetarte. Te pertoca a ti tu parte. Ya sabes que conmigo nada es fácil, que alquitrano las rosas de los caminos mientras bebo vino para olvidar la resaca y deseo despertar a tu lado y hundirme en ti, porque sólo seremos uno siendo dos con todos los unos que realmente somos. Nunca te engañé, nena; con cierta perfección sabes quién y cómo soy. Sólo cuando dejas de buscar en el hastío y la decepción es cuando llegan los regalos de los encuentros. Palm muting y que los acordes de Eros nos electrifiquen, cortos pero intensos, La, Sol, Re, La, La, Sol, Re, La… Cómo hablarte más de mí, si cada parte de mi mente es tuya, si no encuentro nunca la palabra justa para tanto como siento. Cómo decirte que me has ganado poquito a poco, tú, que apareciste por casualidad. Timbalada. ¿Recuerdas la noche en qué nos conocimos? ¿Sí? Claro, con María Caipirinha en el silencio de tu idioma portugués, risas y miradas profundas, el bochorno del Mediterráneo de agosto festivo, con las botas puestas y parloteo hasta muy pasado el derrumbe de las sombras nocturnas. Suerte que estuvimos atentos para no confundir el mar. ¿Firmamos un pacto con Goethe? ¿Quieres ser mi reloj, mi dirección, mi alma, el agua que me refresque? Piénsalo bien, que soy un desastre, ya sabes…

4 Comentarios Estupefacientes »

  1. Ay, este Nes… que nos ha salido machista? Él puede follar con quien sea pero su santa, no? jajajaj…. espero que luego cambie, por su salud mental, jajajaj
    Ahora en serio, que no perturbe su mente con la culpa, solo es culpable el que actua, el que viola.

    Bss

    Comentario por Lunera — 6 Marzo 2008 @ 11:04

  2. Ayyyyy, Lunera, jejejjé… No es tan machista el personaje, sino que vive en su propia subjetividad, como muchísimos seres. Muchas personas hacen o fantasean situaciones que no aceptarían en sus parejas, y esta historia no deja de ser un análisis generalista de los sentimientos humanos, cómo podemos sentirnos ante actos de nuestras parejas en el día a día cotidiano. Esto no significa que todo el mundo sea así, ni mucho menos, pero sí que la mayoría de nosotros ha pasado por un caso similar en algún momento, nos hemos dejado tentar por los celos irreflexivos, por una cierta irracionalidad que sabemos es incoherente pero nos afecta. Que tire la primera piedra quién no haya sentido algo parecido en alguna ocasión…
    Fíjate que el personaje va hablando de se pasado, explicando todo lo sucedido, y a la vez analiza en su presente y nos va dando las claves para mejorar, para ser más feliz, nos dice lo que realmente debería ser una pareja. Diario Estupefaciente es un libro sobre los errores y visiones de juventud y cómo éstas nos deben guiar empíricamente en el futuro, cuando ya hemos aprendido a no magnificar los sentimientos más que en su justa medida, ¿no crees?
    Besaaaaaazos!

    Comentario por Nes — 6 Marzo 2008 @ 12:12

  3. Exlente anotación nada como hacer el amor para reconcialrce con la mujer amada y mas si es un polvo Sobrenatural.

    Comentario por Mélomano♫ — 23 Agosto 2009 @ 18:02

  4. Sí, Melómano, pero no hay nada que un polvo cure (salvo una erección descomunal que necesite liberarse). Las reconciliaciones polveras acaban siendo malas porque, o se espacian en el tiempo o se convierten en el argumento de los polvos…

    Comentario por Nes Oliver — 24 Agosto 2009 @ 6:46

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