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11 Marzo 2008

Capítulo 37 – Nubes blancas en la calma – 2ª parte (…sólo eso y nada más,

Categoría: Capítulo 37, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 1:50


Un piso pequeño, pero para ella y su amiga Lydia (posteriormente para ella y su futuro novio) estaba genial. Me abrazó y me besó en las mejillas como si le fuese la vida en ello. No teníamos costumbre de los dos besos; me pareció muy rara la situación de no besarnos en la boca. Guapa, como siempre, pero muy delgada. Una sensación muy extraña estar a su lado, con lo que había sido en mi vida. Como nos iba a costar hablar de según qué temas, ¿quieres una cleca?, en segundos, con ayuda del D.N.I. y la tarjeta de crédito, transformé en dos estilizadas líneas continuas de autopista una informe masa blancuzca. Y esnifamos. Con la mente despejada y la lucidez que produce el polvo de Colombia se habla más y mejor. Siempre y cuando no se llegue al punto de inflexión de pelearse por hablar. Todavía no era el caso.

Le conté lo de Mery sin entrar en detalles, ni de ella, ni de los sentimientos, ni de la ceremonia. No era cuestión de hurgar en heridas con costra. Supuse que para ella Mery era el motivo por el cual la abandoné. Claro que inevitable fue que le diese explicaciones de mis infidelidades. Si estaba con una gallega, caía por su peso que la había conocido trabajando allá. Obvio. Otras rayitas. Iniciando la contrareloj de cubatas me expulsé las cobardías, se lo debía, y le conté todas las burradas que había sido capaz de hacer, mentiras, y traiciones.

- Pero te quería con locura, recuerda. Tú me hiciste la vida muy insoportable con tus presiones. La manera que tenía de no estallar, mi válvula de escape era esa. Lo siento…

Recogí mis cosas mientras ella lloraba y como nadie me había educado para esas situaciones y no sabía qué debía hacer, decidí marchar. Lloraba desconsoladamente. No dejó que me fuese, me obligó a quedarme. La culpa era de los dos. Ambos igual de cobardes. Me contó sus infidelidades y también la entendí. No erré con alguno de mis ataques de cuernos. Los dos cretinos con los que se lió eran dos de los que me tocaban la polla cuando estábamos juntos. Luego una relación que había iniciado aún estando conmigo, con el amiguito Rubén, pero que no había funcionado. Y por último llegaría Ferrán, con el que se había enrollado un par de veces. Alguna vez había escuchado hablar sobre él, trabajaban juntos. Recordaba haber escuchado que le gustaba la coca más que a mí. He de reconocer que tuve cierta curiosidad por conocer a aquel que habría de sustituirme. Cuando uno es tan egocéntrico como podía llegar a serlo yo en aquella temporada, no tiende a analizar a las personas en sí y por sí mismas, sino en relación a algo. En relación a un modelo de perfección, a mí mismo, por ejemplo. Pecadillos de juventud.

Aún tenía que ducharse y, como cuando éramos novios, me instó a que la acompañase para seguir contándonos cositas. No sé si lo hizo con mala fe o con absoluta naturalidad, o pudiera ser que por el pelotazillo que empezábamos a llevar y el cúmulo de emociones disparadas, el hecho es que reencontrarme con su cuerpo desnudo a escasos centímetros de mi cuerpo me supuso una desconcentración palpable de la conversación y una auténtica sublevación en el rabo. Me contuve hasta que salió de la ducha, mojadita, con el pubis arreglado y el sexo delicioso. Se magnetizó mi brújula y no supe ya dónde estaba el oeste de la península, por lo que la atraje hacia mí y nos besamos. Entre los dos hicimos para que mi ropa se desvaneciese con extrema rapidez. Molestaba. Me hizo sentar en la taza del váter, se colocó encima, mirándome a la cara, y con toda la delicadeza a que nos obligaba su extrema estrechez, se acopló como un puzzle de dos piezas. Lloró de placer. Eso era lo que más morbo me daba en ella, que llorase de gusto. Reventé dentro de ella y chilló al notar mi semen quemando y estrangulando sus entrañas. Los besos de después los dejamos para los enamorados. Quizás por hacernos un poquito los duros el uno con el otro. O por haber comprobado que el sexo entre nosotros persistía en su magnanimidad. Y eso asustaba.

Salimos del baño y proseguimos entre rayas y cubatas. Fue llegando la gente poco a poco, y en aquel pequeño inmueble se juntaron decenas de personas. Cada dos por tres aparecía y desaparecía gente. A muchos los conocía, amigos y amigas de toda la vida de Myriam. Otros totalmente desconocidos, nuev@s amig@s, otr@s de su compañera de piso. Lydia llegó más tarde. Un beso, guapa. Me miró extrañado, claro, después de haber escuchado tantas veces los adjetivos cabronazo e hijoputa pegados a mi nombre, ¿qué coño hará aquí este…? Yo esperaba a Ferrán. Mientras, y ya que las anfitrionas se debían a los invitados, fui entreteniéndome con algunos de ellos, tanto conocidos como desconocidos. Y manteniendo un combate a muerte conmigo mismo para no caer en la tentación de pensar en la infidelidad cometida y por controlar las ganas desaforadas a que me lleva la droga de comerme y destrozarme las uñas.

En el lavabo el trasiego era mayor cuanto más tarde se hacía. No exclusivamente por las ganas de mear, sino por quedadas farloperas (curiosamente es una especie de ritual el drogarse en comunidad, como si así uno no fuera drogadicto al no hacerlo en solitario). A ver quién era el guapo que sacaba un gramo delante de cincuenta personas que pronto pedirían. ¡Poco duraría así! Era por ello que todos se encerraban a escondidas para esnifar. Mi recuperada amiga y yo también. Yo las preparaba, ella meaba; cuando ella acababa, meaba yo después de reforzarme por las fosas nasales. Reapareció la potencia sexual, me lo aportó verla en plena escenita meona, y volvimos a hacerlo de nuevo en el baño, más apasionadamente si cabe, mientras golpeaban la puerta, ya que era el único lavabo de toda la casa. Por no liar la escandalera ante la enorme masa de gentes sin calma por metro cuadrado de la vivienda, tapé su boca con la mano durante el encuentro, además de tirar de la cadena de tanto en tanto para que el ruido de la cisterna disimulase los nuestros. La sorpresa fue que, cuando salimos peinando las enmarañadas cabelleras, vimos que quien llamaba a la puerta era el famosísimo Ferrán. Allá, en la puerta del baño nos presentaron, ante un cierto resquemor por encontrar a su nuevo rollete con un tío en el baño. Aspiré con fuerzas y me pasé un dedo por la nariz, entendió así que nuestro encierro era para proseguir la animación espídica, por lo que rápidamente cambió su expresión, más sorprendida que la nuestra. Por suerte, Myriam no le había contado nada de mí y él sólo supo que éramos ex-novios. Poco más. No se le había dicho que yo era aquel novio por el que hasta no hacía mucho lloraba desmantelándose.

- Que buen rollo de relación lleváis, ¡qué guay!

Pasó tiempo, cuando ellos dos ya vivían juntos, que Ferrán y yo hablamos de aquella noche. No del sexo entre su pareja y yo. No, de eso no. Creo que de eso ya le informó Myriam. Hablamos de la sensación de curiosidad que a él también le había embargado. Por ello no nos separamos en toda la noche. El personal era bastante insustancial, demasiado frívolo, y Fer y yo nos protegimos mutuamente de la llegada de cualquier pesado. Gin-tonic los dos, no quedaba ron. Estando él los viajes al baño se hacían en trío. Nunca fui egoísta para invitar a coca, a pesar de lo caro de ésta. Luego charla apasionada sobre música. Casi los mismos gustos. Le molestó, eso sí, que dijese que Calamaro sólo firmaba temazos o canciones pésimas, genialidades o puta mierda. Salvo eso de puta madre lo demás. Incluso la pequeña discusión tuvo su puntito por la dialéctica empleada.

Suerte de carecer de ética para este tipo de cosas. Menos aún con la elasticidad que me produce lo etílico. Si la hubiese poseído los remordimientos me hubieran arañado. Por Mery, que no se merecía la ocultación que le sobrevendría; por Myriam, que quizá le hiciese daño el volver a follar conmigo; y aunque acabase de conocerlo, por Ferrán, porque el chaval era verdaderamente majote.

En el punto en que la fiesta fue a menos y el bajón era inevitable, se decidió trasladarla a alguna discoteca, ¿vamos a la Boîte?, comentó alguien, y para allá fuimos. Unos en coche, otros en moto o en taxi, pero Fer y yo en mi coche, con paso previo por casa de unos marroquíes, salam u alecum, que nos vendieron un par de grametes muy bien pesados, cosa que agradecimos profusamente, shokran gazillan. Y rica que estaba, joder. Ya en la disco tuvimos que chantajear a uno de los porteros, invitándole a una enorme raya, porque nos pilló a los dos en el baño. Normalmente están para impedir que la peña se drogue en los baños, no para aceptar peajes permisivos. Pero así son las cosas en la noche vacua.

En plena efervescencia juerguista, Myriam me enredó en un abrazo, me besó y se emocionó alegrándose de tenerme de alguna manera en su vida, y que hiciese por llevarme bien con el hombre que más puntos tenía para llegar a ser su pareja. Me parece ideal para ti, nenita. Pero que no te arrastre tanto al golferío. Se arrastrarían y vivirían su particular Hades, pero lo superarían, de ello hace ya muchos meses.

Acabó la noche y marcharon, ellos a dormir juntos, yo solitario. Ferrán y yo prometimos volver a vernos. Yo se lo prometí con total convicción. ¿Él? Incógnita. Pero nos tocó cualquier varita del destino y en cierta forma nuestras vidas se unieron. Si me porté mal con él, posteriormente le dejé todas las puertas abiertas para que entrase directo a conquistar. Conociendo como conozco a Myriam, he intentado ser objetivo siempre que me ha contado problemas. Y he barrido mucho para Fer. Muy mucho. Le debía mucho a esa chica y hubiera volcado el mundo de ser necesario para salvarla de barbaridades…

Una llamada a las seis de la mañana. Sonia. Se colgó. La cabeza me empezó a dar vueltas. Abrí la capota para descongestionarme. El sonido de un sms. Sonia: “t ame muxo, escuxe 1cancion k m rcordo a ti y estuv tntada d llamart, xo mjor sguir con ls cosas asi. Cuidat, cielo. Muaks!”

No puede ser, no, otra vez las tres no, por Dios…

4 Comentarios Estupefacientes »

  1. 3.000 lectores…. No está mal…pero aún es poco. Existe una novela en internet desde el año 2006 que ya lleva mas de 650.000 lectores de todo el mundo. Se llama Apocalipsis Z y finalmente ya ha sido publicada en papel (Y de hecho, ya ha agotado sus dos primeras ediciones).

    lo dicho, 3.000 lectores no está mal….pero aún te queda MUCHO camino.

    Un saludo

    Comentario por Jesucristo superstar — 11 Marzo 2008 @ 3:38

  2. Apreciado Jesucristo

    Agradezco tu comentario. Es cierto que queda mucho camino, pero TODOS los caminos comienzan con un paso, y en mi caso los pasos han sido muy acelerados. Cada día he colgado un capítulo o fragmento, y en menos de tres meses estarán colgados los más de 300 folios que conforman Diario Estupefaciente.
    No he utilizado más Marketing que unos cuantos posts en los blogs que leo a diario y poco más. Tenemos que ser conscientes, también, de que el Marketing Viral hace crecer las visitas exponencialmente, a más lectores muchos más lectores “potenciales” que pueden ser informados de la existencia de la novela. Y cuantos más comentarios positivos, mayor “condicionamiento” a la positividad de la lectura…
    Conozco la historia de Apocalipsis Zombie y la historia de Manuel Lourerio, y me parece apasionante. Hay otros casos de visionarios en la red, evidentemente no soy el único que ha escrito en la red. Pero no nos engañemos, en la red no hay demasiados lectores de novelas, sí de posts, y hay temáticas más cercanas y otras que no lo son, unas más atractivas que otras. Cuando una misma semana estrenan en el cine una historia de amor y una de acción, sabemos que la que obtendrá más espectadores será la de acción. Internet funciona como la realidad física, exactamente igual en gustos.
    Comparas dos obras radicalmente diferentes y con una vida en tiempo incomparable (tres años en Internet es un mundo) para decir que aún queda mucho camino. Mi objetivo no era llegar a 650.000 lectores, ni mucho menos (con 50.000 daré saltos de alegría), ni siquiera publicarla; mi única intención era comprobar que existían personas que leerían la novela, que les gustaría y otr@s que se identificarían. Las cantidades me la pelan, prefiero las calidades. Ni siquiera quiero que le guste a todo el mundo que la lea, pero que a quien le guste le arañe el corazón y produzca un sentimiento. Simplemente. En ocasiones no importa la cantidad, sino la calidad, y la calidad de los lectores de esta pequeña historia y sus amabilísimos comentarios son, para mí, mi pequeño éxito personal… No quise vender la novela en su momento a una editorial por dinero (poco) porque esta historia para mí vale mucho más que el dinero. Y hoy, cuando afortunadamente me gano la vida mejor de lo que esperaba (y curiosamente muy relacionado con el tema de la escritura), ha sido el momento de abrirla, de comprobar quién se equivocó, yo el editor.

    La cantidad de personas es a la democracia lo que lectores de calidad que disfruten a la narrativa…

    No obstante, muchísimas gracias por los ánimos. Me gustaría, también, que dieras tu opinión sobre el contenido, si te gusta o no lo que hayas leído…

    Saludos, Mesías!

    Comentario por Nes — 11 Marzo 2008 @ 7:59

  3. La Boite, qué de recuerdos!!! Qué de noches!!! Hace 3 años que no bajo a BCN y lo echo de menos. ¿Aún sigue abierta? Me dijeron que cerró y entonces sólo me quedará la Bikini para recordar…

    Comentario por Lunera — 11 Marzo 2008 @ 9:50

  4. Sí, La Boîte cerró, pero ahora hay algo allí, aunque creo que no he estado desde tiempos inmemoriales, jejejé… Y Bikini, si te gusta el rollito brasileño. La noche en Barcelona cada vez más es algo lamentable. Por zonas sólo se salva Poble Nou, y por garitos alguno que se salva de la quema manteniendo sus tradiciones musicales.
    Yo cuando salgo voy a tiro fijo, a garitos de amigos o clientes míos, donde me siento como pez en el agua. Lo demás sólo en ocasiones puntuales y por compromisos…
    Creo que trabajo demasiado…

    Comentario por Nes — 11 Marzo 2008 @ 14:59

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