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28 Marzo 2008

Historia de una historia (1ª parte)

Categoría: Cómo se hizo, Presentación — Nes Oliver @ 4:17


En un principio la novela estaba ya pensada y escrita, siguiendo un esquema propio que en mi mente se entendia como cierta conceptualidad. La adaptación al formato blog no ha sido fácil, para qué engañarnos. Pero vayamos por partes…

El primer paso fue enfrentarme al Word Press bendito, que una vez que funciona es fantástico, pero hasta que lo instalas en el servidor y lo haces rodar ya han cambiado la versión y todo. Conseguido, ahora el diseño. Tenía que responder estéticamente al estilo de la novela, alocado, visceral. Pero aquí no hay tu tía, los blogs son, de por sí, sencillos. Un blog alemán que no-sé-que extraña casualidad llevó a mis retinas, y éstas unas señales eléctricas al hipotálamo, y vi la forma del mensaje. Gracias a mi gran amigo Dani Bolinga, varié el rojo original del cuerpo del texto por uno más amarronado, porque quemaba las pupilas, ciertamente… Vamos a empezar a llenarlo.

Primer problema. Advierto que la instalación se ha efectuado como www.diarioestupefaciente.com/blog, y que cuando busco diarioestupefaciente.com me sale una página de error (una 404 de no encontrado). Hasta tres veces perdí lo poco que había colgado intentando que el directorio raíz fuera el dominio concreto. Por fin lo conseguí, pocas horas antes de que me llamasen, malas noticias porque tocaba ir de entierro. Ya he vivido funerales de amigos, pero me aturde la muerte a mi alrededor, me ofusca, no la entiendo. Para siempre me parece mucho tiempo, más cuando el adiós no tiene réplica en la otra voz y todo son lágrimas y abrazos descorazonados. A mi querido Toni Martinez, hasta ese momento mánager de mis queridísimos Mojinos Escozíos, se le rompió su corazón de rocanrol. Ya no había excusa para perder más el tiempo, mi pequeño homenaje a un gran tipo era comenzar a colgar ya mi novela en clave de rock. Espero que donde te haya tocado morar, Toni, tengan conexión ADSL, o por lo menos alguna Telecaster con todas sus cuerdas…

La última decisión, ¿cómo consigo efecto audiovisual aprovechando las posibilidades de la web 2.0? Problemas con derechos de autor y mandangas (porque estaba convencidísimo de que no iba a pasar inadvertida) me llevaron a plantearme colocar sobre cada capítulo la portada de un disco y subtitular cada capítulo con frases de alguna canción del disco representado… Pero, ¡qué coño! Toco quisqui echa mano del Youtube y ¿yo voy a ser menos? ¡Una mierda! Videoclips por un tubo. La putada es que tenía que encontrar una canción que se adecuase al capítulo, cuando el capítulo había sido pensado y plasmado antes de existir la posibilidad. Por ello hay canciones que están cogidas por pinzas (eso no sucederá con la segunda parte, os lo prometo). Las canciones se tenían que escuchar como preludio al capítulo, para ir poniéndose a tono. Pero, ¿por qué cada una de las canciones?

Bien, esperaba esa pregunta, para qué negarlo, ¿no? Hagamos un pequeño resumen de las canciones y sus relaciones:
Réquiem: Las Niñas de La Saye, de Los Mojinos. Obvio homenajea Toni Martínez. La primera vez que me enseñaron los vídeos de aquel disco y vi ese en concreto, me hizo muchísima gracia ver a Toni disfrazado de monja, y prefiero recordarlo en esa imagen divertida, tal como era él, un cachondo de mucho cuidado.

Capítulo 1, Nadia: Smells like teen spirit, de Nirvana. La traducción del título venía a huevo, “huele como espíritu adolescente”, que eso era Nadia, una adolescente morbosa. La canción es mega-conocida y el riff prevenía de una entrada violenta, cañera, puro rock alternativo. Aunque nunca me mataron demasiado los Nirvana y esa canción ya la tengo casi aborrecida (de tantas veces que la he escuchado o he tenido que pincharla), me pareció que como primer vídeo de la composición novelera clavaba las intenciones y servía de perfecta banda sonora a esa extraña relación sexual.

Capítulo 2, Mery: Sildavia, de La Unión. De adolescente me gustaba mucho esa canción. Pop sencillo, arreglillos divertidos, y una historia mística de un lugar ideal. Por ello la elegí para la llegada de Nes a Santiago y la entrada de Mery en su vida.

Capítulo 3, Viento de cambio: Wind of change, de Scorpions. No era la canción que más me gustaba de este grupo alemán de señores peludos de guitarras puntiagudas, pero era más animada que poner a Dylan cuando este capítulo era una declaración de intenciones de cambio.

Capítulo 4, Mery y Compostela: Senda, de Héroes del Silencio. Estoy muy cabreado con Héroes porque me dejaron colgado en el último concierto de la Gira del Milenio. Si no ellos, las autoridades valencianas, pero nos chupamos mogollón de horas de caravana, llegamos tardísimo, tuve que aparcar mi coche en una explanada (ayyyyyy…) y como quedaba poco los picoletos ya ni me dejaron entrar. Una broma nada graciosa, joder. Pero tengo que decir que marcaron algo en mi vida. La mágica guitarra de Juan Valdivia, pocos acordes y muchas notas, me aturdió la primera vez que escuché algo de ellos y, aunque al principio eran bastante blandillos, supe que podía esperar mucho de ellos. En sí son un grupo de culto por lo que han significado con su particular estilo. Si hubieran sido irlandeses seguro que les podían haber pegado una patada en el culo a los U2, fijo. Esta canción simboliza la ausencia de fuerzas de Nes para eliminar de su vida a Myriam.

Capítulo 5, Esta es una noche de rocanrol: Esta es una noche de rocanrol, de los Barricada. Este capítulo se titulaba tal cual. Hablar en España de rock y no hablar de Barricada, Rosendo, Leño o Extremoduro es no hablar de nadie. El primer disco que compre fue el doble directo de los Barricada allá por el 89. Guitarras poderosas cabalgando entre pentatónicas, bajo circular y machacón, batería con redoble brutal, el redoble de la muerte. Joder, era la definición perfecta del capítulo y de lo que quería decir.

Capítulo 6, Mery y Nes: Canta por mí, de El Último de la Fila. Otros grandes sin los que la música española no hubiera sido lo mismo (aunque se podían haber ahorrado La rebelión de los hombres rana). Esta estaba muy cogida por pinzas, sinceridad ante todo, pero cedía unas frases muy bonitas, “no hizo otra cosa que dejarse llevar”.

Capítulo 7, La insoportable levedad del ser: Somos levedad, de Manolo García. El capítulo tomaba el nombre de una novela de Milan Kundera, y siempre pensé que el tito Manolo había escrito la canción por haberla leído. Por eso creo que definía bien el concepto. Un pop vital pero a la vez oscuro, que en una versión (de las típicas con las que Manolo nos agracia con las cajas y los singles) muy guapa incluía versos del poeta, “se oye le voz del poeta cantar, caminante no hay camino…”. Recuerdos de mi amigo Agus, un tipo que lleva años con un local cuquísimo en el Port del Masnou llamado el Último de la Fila y al que yo iba por su música y por sus camareras (alguna acabó entre mis brazos). Domingos de resaca solitaria y empalmada hablando de música…

Capítulo 8, Mery y el sexo: Puta, de Extremoduro. La canción me sirvió para meter unas dignas frases como subtítulo y por el ritmazo alocado que lleva. El vídeo, además, es divertidísimo, endrogando a los locos del manicomio, y es una de mis canciones preferidas de las últimas de Extremo.

Capítulo 9, Qué noche la de aquel día: A hard, day´s night, de The Beatles. Los Beatles, madre de dios, a quitarse todos el sombrero. La canción en verdad se vendría a titular “Una noche después de un día de trabajo”, pero en la dictadura se tradujo de este modo. Era un doble guiño, por un lado a Angelito, que guardaba en su casa una copia original y sesentera de ese disco, en versión portada en castellano, que hacía que me partiese de risa cada vez que lo veía; y como se narra una noche con él, pues le tocó el tema. Por el otro lado homenajeaba un programa televisivo de los ochenta que veía de peque. Miguel Ríos presentando la historia del rock en español, Qué noche la de aquel año. Y es que el primer concierto al que me llevaron (concierto de verdad, Enrique y Ana no cuenta, ¿vale?) con cinco añitos fue Miguel Ríos.

Capítulo 10, Jueves sangriento: Sunday, bloody Sunday, de los U2. El capítulo se titulaba originariamente así, una exageración para homenajear a los U2 y que los lectores se hicieran a la idea de que ese jueves algo malo le iba a pasar a Mr. Nes. Y es que los problemas de cada uno a veces se magnifican tanto que adquieren más importancia que las cosas serias. El capítulo, además, está impregnado del ritmo in crescendo de la canción y de sus redobles de batería.

Capítulo 11, Mediocridad: Nada por aquí, de Jaime Urrutia (y actuación estelar del coleguita Bunbury). Jaime Urrutia es uno de los grandes del panorama rockero nacional (aunque nunca me ha emocionado en exceso más que temas concretos, como este, por ejemplo) y Bunbury es un crack, pero lo es mucho más entre colegas. Participaciones míticas con Urrutia, con Piratas… Mejor aún dejándose llevar con los compis. La canción me presta una frase para subtitular el capítulo y para finalizarlo, pero impregna todo con ese pesimismo extraño, con esa melancolía sesentera de pelis del oeste con los coros, y la chulería de los dos es la chulería del Nes en sus mejores momentos de la novela, chulería de gestos ensayados, de guitarras colgadas, de cuello de camisa o chaqueta alzados, chulería de roquero, coño… Habla de amor, pero de un amor extraño, como inalcanzable o irreal, lo que siente en ese mismo momento Nes.

Capítulo 12, Infiernos y paraísos: Anabel Lee, de Radio Futura. La primera vez que escuché la versión musical ya había leído el poema de Poe y lo reconocí en la letra. Ese capítulo ya tenía mucho de Poe en sus metáforas, por lo que la canción venía a huevo. Oscuridad musical que no evoca ese amor fantástico e imposible.

Capítulo 13, Nocturnidad y alevosía: Mala persona de los Académica Palanca, joder. Este tema de rock no tiene nada, pero me dejó la frase para el subtítulo y para mí tiene una gracia personal. Cuando Christian y yo éramos hermanos, no había fiesta que organizásemos en la que faltaba una guitarra, y con ella, nuestro repertorio particular. Y esta canción era una de las que nunca faltaran. Recuerdo haberla cantado en la Plaça Cívica de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), subidos a una mesa del restaurante, ante miles de personas, sólo por partirnos el culo de risa nosotros. Qué buenos tiempos, ¿eh?, Chiky…

Capítulo 14, Show business must go on: Show must go on, de los Queen. Fantástico tema, brutalidad en clave de rock con maravillosos arreglos. El capítulo trataba sobre el negocio de la vida de los demás y la tele-basura, y robé una frase mágica para jugar con ella. Aún recuerdo el día que Mercury murió, tercero de BUP, y mientras las niñas tontas y pijas morían por Alejandro Sanz y “los dos cogidos de la mano”, Marisa (la primera chica que besé y que tanto me enseñó de Música) y yo nos fumamos un peta y nos emborrachamos a su salud, saltándonos las clases aquel día.

Capítulo 15, Cerdos, cubatas y farlopa: Salir, de Extremoduro. En este caso, Extremo es el único grupo que se repite en vídeos, pero es que este tema venía del carajo para el capítulo, cuando se iba a hablar de drogas y alcohol. El título, no obstante, lo robé de “Snatch: cerdos y diamantes”, película paranoica de las de flipar, con unos encuadres y cortes dignos del mejor tema de rock. El capítulo no era demasiado profunda, por ello una canción que se tomaba el tema a la ligerilla.
Por ahora lo dejo, son pasadas las cuatro de la mañana y estoy petado. Mañana sigo, palabrita. Y no me seáis impacientes, que estos posts que vienen antes de empezar a colgar la segunda parte dicen mucho también de la novela.

El lunes empiezo a colgar nuevos capítulos, palabrita del Nesito Jesús…!

2 Comentarios Estupefacientes »

  1. No me acuerdo de puta debe ser el dia que lei borracho.

    Comentario por Mélomano♫ — 25 Agosto 2009 @ 5:03

  2. Y puede que ese día yo también escribiese borracho, jajjaá…

    Comentario por Nes Oliver — 25 Agosto 2009 @ 6:34

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