El dÃa que más pronto me despertaba lo hacÃa al oÃr la musiquilla de los Simpson en la tele, porque a esa hora mi hermano Willy llegaba a comer. Su oÃdo estaba brutalmente resentido de los trallazos que el subwoofer del 106 Sport le propinaba tras la nuca. HabÃa dÃas que me despertaba cuando el sol caÃa y podÃa salir sin gafas de sol de mi ataúd-dormitorio en paz. Otros dÃas abrÃa los ojos en una habitación desconocida y, hasta que no me orientaba, pasaban por mi mente miles de pensamientos erráticos sobre cómo habÃa llegado allÃ. Una juerga, siempre era una juerga la que me llevaba a los lugares más insólitos con las personas más insospechadas, una tremenda juerga.
Si me despertaba con los Simpson y no me volvÃa a meter en la cama en cuanto acababan (me daba tiempo de sobras de comer entre los dos capÃtulos), cambiaba el canal para ver Friends, sólo por ver esos ojos fantásticos de una Jennifer Aniston en el papel de Rachel. La serie en sà ni me gustaba ni me molestaba, pero la mirada clara y felina de la sexy actriz servÃa de sustitutivo de los ojos verdes cantábricos que habÃa dejado atrás. El telediario me importaba un rábano, nada me unÃa con un mundo de cámaras y noticias prefabricadas del color del partido polÃtico que defiende cada medio. Pero unos ojos no saben más que mirar y ser mirados, y los de la Aniston me embobaban…
Mis padres no se preocupaban por mis horas de llegada o salida, mis años me habÃa costado hacerles entender que mi vida era mÃa y que no debÃan inmiscuirse. Además, siempre habÃa sido el estudioso de la casa, el más currante, el que mejor me habÃa ganado la vida. SalÃa de una separación y entendÃan que me quisiese tomar la vida a la ligera. ¿Estás buscando trabajo? Claro, pero es que estoy buscando un trabajo como dios manda, uno de jefe. Si ahora vuelvo a trabajar de comercial, mi currÃculum se resentirá. Ah, claro, y callaban. Si yo se lo decÃa ya estaba bien.
El dÃa anterior de mi marcha de Santiago habÃa hablado con Uannai. Las cosas no van bien, tÃo, creo que vuelvo. ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? Tanto como que me llamo Nes. Pues nos pegamos una fiesta cuando vuelvas. Claro, cabrón, claro. Ya de camino le llamé. El teléfono estaba apagado o fuera de cobertura. Después de la primera raya lo llamé, pensaba ponerle los dientes largos, estaba seguro que en menos de diez minutos lo tendrÃa allÃ, teléfono apagado o fuera de cobertura. No puede ser, si es el teléfono del curro. Tendrá que trabajar en algún momento, ¿no? Diez dÃas después el teléfono ya no daba el mensajito cantarÃn de siempre, qué va, me avisaba ahora que el número marcado no existÃa. Ya, lo han despedido, seguro que ya lo han finiquitado… ¿Qué habrá liado el puto cafre en esta ocasión? Conociéndolo como lo conozco pensé que habÃa vuelto a perder la agenda, como siempre, y me fui para su casa. Cerca del club Náutico de Sabadell vivÃa el energúmeno. Unas casitas que pertenecÃan a la abuela y en que la familia habÃa edificado varias plantas para vivir todos juntos. Pero allà no habÃa nadie, ni la abuela, ni los padres, ni el hermano, ni su cuñada, ni sus sobrinos… Nadie. Como si de una peli de terror o un relato de Stephen King en la que todo un pueblo desaparece se tratase, en esta versión hispana sólo faltaba una familia, la de los Uannai. El resto de la humanidad parecÃa vivir en una aparente normalidad. Busqué un folio y un boli en el maletero y escribà una nota con mi teléfono, por si lo habÃa perdido.
Como no tuve noticias volvà a las dos o tres semanas y, como seguÃa sin aparecer nadie, repetà el mismo proceso, pero tampoco recibà respuesta. Estaba flipando. Era raro, pero no me parecÃa lógico aún atribuir a una abducción la respuesta al intrÃngulis. Quizás se habÃan marchado una temporada a una casa en la montaña que tenÃan… Quizás… Pero Uannai habÃa desaparecido.
Bueno, siempre me quedaba Xavi para perpetrar barbaridades, y estaba Christian, y estaba Angelito, y estaba July, y habÃa aún mogollón de amistades pululando por el mundo. Y estos contestaban a las llamadas, estaban en los lugares donde se suponÃa que debÃan estar y tenÃan comportamientos naturales. Una invasión alienÃgena de la que no me hubiera enterado parecÃa descartarse.
Mi vida se convirtió en un peregrinaje rutinario a los bares, de antro en antro y un tirito porque me toca esnifarme. Era joven, atractivo, tenÃa un cochazo y mucha pasta en el banco, no tenÃa la necesidad de trabajar porque me habÃan pagado para ello, y además el cariñoso estado español me obsequiaba cada mes con 800 euros extras en concepto de prestación por ser uno de los tres millones y pico de parados. No me llamaron ni una sola vez para ofrecerme un trabajo, ni una sola vez… No tenia que madrugar después de las borracheras y nunca me faltaban doscientos euracos en el bolsiilo. Aunque mi vida era un eterno cÃrculo vicioso (y la palabra vicioso viene que ni pintada), no me aburrÃa, aunque tampoco se podrÃa decir que era sumamente satisfactoria. Os engañarÃa si me atreviera a afirmarlo tajantemente. Pero no estaba mal, en serio, aunque pueda pareceros una vida vacÃa y frÃvola. Me entretenÃa y me reÃa todos los dÃas, tocándome los cojones a dos manos y tatuando en mi cerebro la palabra vicio cada veinte minutos de improductividad. Supongo que mi propio engreimiento me llevaba a no dar mi brazo a torcer para no acaricira imágenes mentales de Mery, y esa era la mejor manera que conocÃa de no pensar en nada, de aletargar mis adentros para no desgastarlos. Quizás los volviese a necesitar y no valÃa la pena desgastarlos sin más. PodÃa vivir sin ellos una amplia temporada, que aún no tributaban fiscalmente los intereses de mis años de éxito. Lo que coloca coloca, y no hay más.
De haber sido capaz de discernir entre el bien y el mal hubiera sentido miedo… hubiera sentido miedo de mà mismo y de mis capacidades auto-destructivas. Pavor más que miedo. ¿O quizás el terror era ver la realidad que me envolvÃa? Pero como mi sentido del raciocinio estaba hibernando bajo los hielos de un cubata tras otro, me consolaba sintiéndome mejor que con los que relacionaba. Cuando hago las cosas las hago a lo grande, la vida siempre directa, sin mirar para los lados, no me van los puntos intermedios, no existe el gris, ¿qué coño de color es ese? Blanco y negro bueno o malo, asà es mi ritmo diario. Extrapolando esta ley personal, cuando hay que ser gilipollas e imbécil también a lo grande, tengo que ser el más gilipollas, el más imbécil. Perfeccionismo hasta en la mediocridad. Llámalo Equis, me parece bien. Quien no es consciente de virtudes y defectos es porque quizás no tenga honestidad ni bondad alguna. Y que yo haya sido un descerebrado muchos años de mi vida no significa que no sea capaz de analizar introspectivamente e inculparme de tantos pecados de juventud.
Pero como decÃa, me sentÃa el mejor de toda la plebe con la que me codeaba, por lo menos de la mayorÃa. Ante una media de coeficiente intelectual de encefalograma plano, de trabajos de mierda mal pagados, de carnet de gimnasio por graduado escolar, de coches de desguace o de coches con préstamos a seis años, de lecturas habituales el Sport o el As, de programa preferido el Gran Hermano u Operación Triunfo, sobresalÃa indiscutiblemente, por lo menos bajo los esquemas de lo que podÃa entender mi necedad como importante en la vida. Si Loquillo decÃa que ser chulo es un arte, yo deberÃa haber dicho de mà que ser un cretino es un arte. Las neuronas que aún me restaban por condenar estaban aturdidas por la caña que les metÃa y no eran capaces de avisarme, de gritarme aunque fuera con voz de pito o con afonÃa, Nes, idiota, ¿no ves que tus motivaciones últimas son las mismas que las suyas? Olvidar la rutina, drogarse, beber… Eres como ellos. No, peor, Nes, eres peor que ellos. Tú deberÃas darte cuenta de lo que estás desperdiciando, deberÃas interpretar las señales y los sÃmbolos y dejar de buscar caminos entre tantas dunas de basura. No creas que no estás entre los tuyos porque eres como cada uno de ellos, eres uno más de ellos. Pero no me decÃan nada de eso, sólo sabÃan transformar ondas longitudinales vibratorias, que provenÃan de altavoces sobre mi cabeza, en voces, acordes y baterÃas y, cada cierto rato, pedir ron y coca, que eso, a pesar de lo mal que les sentaba, lo necesitaban. Ron, coca, Nes, queremos ron y coca, danos ron y coca… ¡Callad ya, putas neuronas yoncarras, callad y tomad vuestras dosis! Los espejos tienen tres utilidades, reflejarnos, romperse y ser una base perfecta para preparar clecas. Mi reflejo estaba distorsionado, pero no era tan horrendo como para partirlo en añicos, por lo que el uso era el que suponéis…





Sabes yo una vez me tome un año sabatico,viaje y viaje,dios ,aquello fue lujo y esplendor,pero descubri algo curioso,aparte de que es carisimo,jaja,es agotador,el no hacer nada ,cansa mogollon,por eso ahora entiendo a lor ricos,que se canse de ver trabajar a los demas,pero volvi a la realidad,y ya ves aqui sigo,leyendote,que es un lujo impagable,menuda la que has liado,con tu bendito nombre,y lo bonito que es llamarse ,robustiano,amancio,esos nombres jaja tan en desuso hoy en dia,arriba los kevin y las jenifers,cuanto mal ha echo la tele en este pais,bueno salao,un besin.
Comentario por lisalea — 14 Abril 2008 @ 18:43
Ay, nombres como Aquilino, Dionisio, Fiordaliso, Hermenegildo, Clodoveo, Zoroastro, ayyyy… Nombres de hombre robusto, corpulento y con voz de camionero. Un Kevin no produce respeto, te imaginas un rubito de jersey a la espalda, voz de pitiminà y frases hechas a lo “o sea…”. Pero te dicen Robustiano, y piensas en un señor fornido que te da una guantá y te desmonta…
Comentario por Nes — 14 Abril 2008 @ 19:07
No sé como para decir lo que dices necesitas tantas letras.
Comentario por plataformas — 14 Abril 2008 @ 23:45
Pss pss…. ei! kestaba bromeando chaval, que escries de putisima madre lo que pasa es que lo mio es ser de esos de pocas y deshilachadas palabras a veces sin alfabetos.
Saludios Nestore… io sonno kimosawe por si no lo sabias.
Comentario por plataformas — 14 Abril 2008 @ 23:48
Jjjajajá! Pues menos mal que no has puesto tu correo bueno, porque te he contestado al primer comentario antes de leer el segundo… menos mal que no lo vas a leer, porque te decÃa poco con muchas palabras… pero cosas chungas, jajajjá…
Es que hay personas que se meten en los sitios para criticar, y eso es algo que no llegaré a entender nunca.
Conozco tu blog, pero me lo he leÃdo muy rápido ;), jejejé… Y hoy hemos comentado en el mismo minuto en el Taxi´s Dani…
Saludos!!!
Comentario por Nes — 15 Abril 2008 @ 0:15
Si no me dices lo que me contestaste al primer comentario no podré dormir esta noche ni jarto valeriana…… Ahora ese correo existe. De nada
Comentario por plataformas — 15 Abril 2008 @ 0:43
Jjjajajá!!! Piensa que es muy bruto, en serio, que era porque no sabÃa que lo hacÃas de broma, jajajjaá…
Comentario por Nes — 15 Abril 2008 @ 0:47