Novela Blog, Blog Novela, novelablog, blognovela

21 Abril 2008

Capítulo 48 – Esclavo – 1ª parte (…de día las pasamos canutas en las calles por un aplastante sueño americano…)


No recordaba esta macabra sensación, la del folio de Word en blanco. La pequeña pantalla de mi precioso Dell rojo me mira desafiante, chulesca, con los dos cojones de su brillo antirreflejos, ¿qué te pasa, Nes, hoy te cuesta? No, cabrón, no me cuesta, lo que pasa es que simplemente hoy no sé por dónde comenzar. ¿Y qué más da cómo comiences, capullo? ¿No te has jactado de que escribes lo que te sale de la polla cuando te sale de la polla? Bueno, sí, pero es que… ¿Es que qué? Pues que quiero decir algo pero no sé cómo decirlo. Qué manera tan chabacana de sacarte un párrafo de la manga, la madre que te parió…

En la época en la que estudiaba en la facultad, existía un dilema personal no explícito de elegir un bando filosófico, racionalistas o empíricos. Nunca me adscribí a ninguno, porque está claro que el conocimiento científico parte de ambas partes, razón y contrastación. Pero si hubiera debido elegir sin otra alternativa, me caían mejor los racionalistas, qué coño, sin dudarlo. Eran más simpáticos, menos fríos, más apasionados… El jefecillo de los empiristas modernos, el inglés John Locke, era insufrible, seguro que la gente le señalaba con el dedo por la calle, corre, vámonos, que viene Locke, y seguro que hablaba como un pijo con flema inglesa de la época, o sea, es que, o sea… Pero los racionalistas eran de otra pasta, puede ser porque la mayoría de ellos eran de pueblos mediterráneos, y todo el mundo sabe que los mediterráneos somos de sangre más caliente que los gélidos anglosajones…

Descartes era un cachondo (murió de una neumonía por bañarse en pelotas en el frío de Suecia, aunque hay quien opina que la causa fue dar clases a las cinco de la mañana), Spinoza (a pesar de los enormes sufrimientos de su vida) también lo era, y el pobre Pascal (otro sufridor) se reía de las desgracias. La Apuesta de Pascal era una tesis bastante entretenida que venía a decir algo así como que si Dios no existe no se pierde nada por creer en él, mientras que si existe se pierde absolutamente todo por no creer en él. Esto es, si Dios no existe y no crees no pasa nada bueno ni malo; si Dios no existe y crees no pasa nada bueno ni malo (más que haberse entretenido con rezos y mandangas). Ahora bien, si Dios existe y no crees, te ganas el infierno, el Hades, el castigo eterno; sin embargo, si Dios existe y tú has creído ganas el Paraíso. Dentro de todas las posibles soluciones a la duda, la acción más positiva es la de creer, pues no hay ningún tipo de perjuicio a adquirir. A pesar de mi ateísmo y de que la réplica de George Smith está mucho más currada para demostrar precisamente lo contrario, no puedo menos que quitarme el sombrero y reír. Creer en Dios ya no se basa en cuestiones ontológicos, sino en cuestiones de probabilidad y beneficios. Adaptemos la cita a la vida real.

Como Pascal me sentía yo en aquella oficina. Ya no creía en las ventas, no quería ese mundo para mí, pero la necesidad imperante me llevaba irremediablemente a estar allí. No quería tratar con tíos como ese maldito Antonio y, aunque el escote de Raquel bien valiera una misa, estaba de más allí. Pero el dios dinero sí existía, joder, el único dios verdadero, y si no creía en él mi cabeza corría todos los peligros habidos y por haber, mi bolsillo corría riesgos sin parangón. Estaba tocando fondo, yo que me había comido el mundo y lo había digerido varias veces, yo… Esto quiere decir que me estaba deprimiendo el nuevo trabajo y llevaba pocos minutos allí, pero me iba a permitir tener pasta y poder disfrutar los momentos en que no tendría que estar en aquel lugar. Sin trabajo me iba a amargar muchos más momentos y mi vida sería precaria. Sabía que tenía posibilidades de eliminar de un zarpazo al tontolculo aquel, y si las cosas iban como tendrían que ir, en breve tendría mi propio equipo de ventas por lo menos y no tendría que salir a vender como un novato. ¡Bravo, Pascal!

En la insípida reunión matutina, después de una larga vuelta retórica a nada en concreto que nadie no supiera, y supongo que más que para involucrarme por quitarse el muerto de encima y que los comerciales escuchasen las frases de siempre en boca de otro, Antonio me metió en la conversación. No puedo recordar qué dije, cómo empleé mi minuto de protagonismo, pero recuerdo que Raquel y los comerciales me miraron de otra forma diferente de cómo miraban a aquel esperpento con corbata y gafas. Desde su silla de ejecutivo se empezó a hacer pequeño y más pequeño y más pequeño, hasta casi desaparecer. Pero de pronto volvió a su tamaño original, buscando en la pared la forma de su indignación. A pesar de tantos años alejado de los ruedos y del embotamiento mental ante los cambios en mi insana rutina, mi memoria y mis aptitudes seguían jóvenes y enérgicas. Lástima de la actitud y las ganas.

Antonio no quedó contento con mi charla porque vio que el grupo se sentía más cómodo conmigo como líder, aún sin conocerme. Pero menos feliz estuvo aún cuando vio que Pedro estaba de píe escuchando mi disertación con una patente sonrisa de oreja a oreja. Esta es la gente que quiero con nosotros, gente con las ideas claras y con la capacidad de hacer negocios, dijo. Y todos asintieron. Entonces él se inmiscuyó en la conversación, de manera algo ególatra y desordenada, dando forma con sus propias palabras a lo que yo había dicho hacía pocos momentos. De nuevo sonrisas. Y ahora todos a la calle, que hay que vender… ¿Cuántos contratos vas a traer tú hoy? Pues, no sé… Pues vas a traer tres. ¿Y tú? Y se empezaron a animar. Yo otros tres. ¿Y tú? Yo cuatro (que tengo más cojones que los demás). A mí no me preguntó, quizás ya diese por supuesto algo que para nada yo mismo tenía claro. Y tal como se fueron los comerciales se metió de nuevo en su despacho. Vamos a desayunar, Nes, en tono imperativo. Sí, Antonio, claro. ¿Vienes, Raquel? Sí, Antonio, claro.

Salimos de la oficina y nos metimos en el bar colindante. Un cigarro, ya lo necesitaba. La oficina estaba plagada de cartelitos anti-humo y anti-tabaco y no era el momento de quejarme de eso. La primera calada me golpeó los pulmones, devolviéndome por unos instantes a un estado catártico de paz conmigo mismo, alejado de la apatía de aquella mañana gris de un frío mes de enero. Hay quien ve la botella medio llena, hay quien ve la botella vacía, y dependiendo de la cantidad de líquido que veas no se medirá tu vista sino tu ánimo. Yo no veía botella alguna, ni líquido, sólo a un tío feo y delgado que intentaba radiografiarme con la vista clavada, exorcizar mi psique a través de su posición en la empresa. Es difícil que dos olas que no corran paralelas lleguen al mismo punto a la vez, nunca mezclarán sus espumas. Y si se intentan crecer para comerse la una a la otra amenazará tormenta.

Muchas personas se ponen nerviosas con esos exámenes visuales, pero a mí no me afectan en absoluto. ¿Tú me miras? Pues te clavaré yo, y mi mirada sí es profunda y penetrante. A las cinco de la mañana en una discoteca paso de historias y bajo la mirada para evitar el ¿y tú que miras?, como en aquel momento bajé. No podía intimidar al enano imbécil, era mi puto jefe. Unas palabras de la morenita y el cristal con el que el mundo se reflejaba en mis retinas cambió, y al bajarse el telón el mundo sombrío y en blanco negro transmutó en una escena hippie de colorines. No rompió el encanto ni siquiera Bisbal sonando en la radio, que a buen seguro me hubiera puesto de mala hostia en otro instante. Estaba buena, joder, muy buena, digno bálsamo para cicatrices de soledad. Hostia, pero es que yo no estoy solo, yo tengo a Alexandra.

- Quiero que tengas algo claro – me despertó del hipnótico trance, dime, imbécil, pensé – que aquí el jefe soy yo. Pedro es el que ha conseguido el capital para montar esto, pero yo lo dirijo, porque él tiene una forma, llamémosle peculiar, de dirigirse a los comerciales. Intenta no hacerle demasiado caso y evita, ante todo, seguirle la corriente.

- Ya, claro… - ¿cómo que seguirle la corriente, soplapollas? Yo he hablado y él ha seguido, yo no he seguido la corriente a nadie, no he peloteado a nadie. Se nota el miedo como te recorre la garganta, tragó y vi su asquerosa nuez moverse por detrás de la horripilante corbata, pero si mandas es por algún motivo oculto que debo desconocer, pero no tienes ni puta idea. Necesito una copa y una buena raya que me deje pensar, que me alivie las tensiones… Quiero dormir y tardar un año en despertar, quiero que me toque la quiniela, la lotería, la primitiva, aunque no juegue, aguantar a putos cretinos como tú no es lo mío -. Tienes toda la razón -. Y me imaginé levantándome de la mesa, cogiéndolo por el cuello de la camisa, a punto de asfixiarlo, soltándole la somanta de palos que nadie aún le había propinado, escupiéndole a la cara, golpeándolo con el servilletero y con el aceitero que descansaban sobre la mesa hasta abrirle con ellos la cabeza, relamiéndome al ver sus sesos desparramados sobre la mesa. Coca-Cola y café, necesito despertarme, reactivarme, esto va a ser muy duro de llevar, muy duro.

Yo había nacido para correr, pero en el camino había pinchado. Ahora me tocaba remangarme y ensuciarme para cambiar la rueda y seguir mi camino o rendirme del todo. Cuando acabe esta primera jornada laboral iré a encontrar mi redención entre las piernas de Alexandra. Y mientras mis pensamientos se aliviaban vi aparecer a siete ángeles con trompetas, se paró el tiempo y todo se heló alrededor. El primero de siete ángeles tocó su trompeta y se produjo granizo y fuego mezclados con sangre que fueron arrojados sobre la tierra…

6 Comentarios Estupefacientes »

  1. Hola de nuevo,hombre sin resaca,uffffffff que bueno se esta poniendo esto.Sabes me encanta,mantener la mirada.lo hago desde cria,ya en el cole habia un maestro que me decia que no le mirara,le pondria nervioso,que se yo,y mas de una vez,cuando salen mi otro yo,jeje,la mala,malisima,dicen que doy miedo,jaaj,no ye pa tanto.Y lo rico que es enredarse en las piernas de alguien,brazos ,manos,dios no son horas….jee,bueno salao,como siempre genial,un besin.A nombro mucho a dios,pero es costumbre,yo en realidad,creo en mi misma,a veces..y en el chocolate,nunca me falla.

    Comentario por lisalea — 21 Abril 2008 @ 18:46

  2. Resaca cero, pero vuelvo a estar enfermo otra vez. Y esta vez ha sido Raquel la que me lo ha contagiado, pues ella lleva ya doce días de baja. Nuevamente con fiebre, nuevamente en cama, nuevamente con el estómago y el aparato respiratorio destruido, nuevamente la alergia primaveral viene a hacer más mella en mí…
    Otro día te hablo de las miradas y de Dios, que estoy pa l´arrastre. Me vuelvo a la cama, ayyyyyyy….

    Comentario por Nes — 21 Abril 2008 @ 19:03

  3. Jooooo!!!!!, te echaba de menos ya. Ahora se hace eterno, me acostumbré a leerte todo seguido. Ja,ja,ja. Es lo que hay!.
    Me gusta….

    Comentario por Inma — 21 Abril 2008 @ 19:08

  4. Uffff, es que ahora es escribir todo lo nuevo desde cero, sacándole tiempo al sueño y al trabajo en cuanto puedo. A cambio los posts son más largos que los de antes. Ya me gustaría poder ser más rápido, pero es imposible. Pero prometo que, después de presentar la situación como estoy haciendo, viene toda la “chicha”. Y hay mucha chicha, jajjajá…

    Comentario por Nes — 21 Abril 2008 @ 19:14

  5. Ay madre,ya me preocupais,estais malinos muy a menudo,es que la ciudad,tanta gente ,tanto virus,subir al norte,aire puro,unos caldinos de pitu de caleya,y nuevos en dos dias,estais invitaos,perres no,pero atenciones,y miminos garantizaos,ok,hala a sudalo,un besin,pa la parejina.

    Comentario por lisalea — 21 Abril 2008 @ 19:37

  6. Jjajjajaá, pero qué buena gente eres, joer… Lo que pasa es que, entre la contaminación, la falta de lluvia y las múltiples alergias que cargo, los cambios de estación son una puta mierda. Espero estar mejor mañana, a lo sumo el miércoles. Conozco mi cuerpo y mi hipocondría…

    Comentario por Nes — 21 Abril 2008 @ 19:47

Suscripción RSS a los comentarios de la entrada. | TrackBack URI

Deje un comentario

Me encantaría saber qué opinas, pero no te flipes con insultos, spam, contenidos promocionales o ilegales, o me veré obligado a borrar tu comentario, darte un par de collejas, placa, placa y eructar en tu oído canciones de Camilo Sesto... Además, está explícitamente prohibido hablar mal de cualquier madre (incluso de la mía), mentir exclamando que la tienes más grande que yo, y/o utilizar este espacio para hacer "trapis", discernir sobre los errores ontológicos de la Biblia o la sífilis de Nietzsche y/o anunciar tus servicios sexuales. Y por supuesto, escribir en lenguaje de SMS, ¡que esto es un blog, no un Nokia, hostias!

XHTML (Utiliza algo de html si te sale de las narices):
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong> .