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24 Abril 2008

Capítulo 48 – Esclavo – 2ª parte (…de noche atravesamos mansiones de gloria en coches suicidas…)


La vida en ocasiones es como un capítulo de Padre de Familia, vas llegando a situaciones desde situaciones que nada tienen que ver, de forma paranoica y acelerada, y tan pronto te ríes de una desgracia ajena que te viene un revés que tardas algo de tiempo en encajar, en analizar, en asimilar, en darte cuenta de que lo que te viene encima son sólo putadas, grandes putadas, putas putadas. Y risas enlatadas de fondo. Yo me veía allí como un pobre infeliz que dependía de otro para sobrevivir, de píe, como un payaso vestido con un traje impecable que me quedaba algo grande, sintiendo mi ridículo como no lo había sentido antes, sabiendo que algo no iba bien y que posiblemente tardase todo en volver a su rumbo normal. Fui un Peter Griffin delgado, pero un Peter Griffin al fin y al cabo, un pringado. Antonio me miraba como el malvado mono del armario de Chris y me señalaba. No, a menos de dos kilómetros de ese señor las cosas no me podrían ir bien nunca, a pesar del aroma a Yves Saint Laurent que marcaba el terreno por donde pisaba mi preciosa jefa.

- Bueno, te voy a dar todo el material -. Fantástico, no tenía nada, no conocía aún el producto. Pero me horroricé cuando vi que lo que él llamaba material era una maqueta de una guía telefónica bastante fea, de color naranja, y su interior era un collage de Páginas Amarillas con fondo salmón. Pero sin una lógica, sin un esquema predefinido, sin unos espacios publicitarios determinados y bien maquetados. Un niño de un colegio especial podría haber conseguido un soporte promocional de mayor calidad. Unas pegatinas horripilantes y una carpetita con tarifas de precios redondeaban el pack de comercial. ¿Cómo? Un comercial tiene que vender su producto a través de todos los sentidos, tiene que disponer de asistentes para vender, presentaciones de calidad con dibujitos, estadísticas (¿quién no se deja seducir por unas buenas estadísticas?) y los conceptos principales, tanto para pactar el guión de la visita como para dejarle algo más que nuestra tarjeta de visita cuando nos vamos, para que tenga presente que no dejamos un presupuesto en un folio de libreta escolar. Cada paso que daba era un paso que me hundía en la mierda en la que aquel puto negado quería hacerme nadar y que él y sólo él merecía tragarse a cucharadas por no tener ni puta idea…

Las tarifas de precios era totalmente ilusorias, extraídas literalmente de copiar las tarifas de Páginas Amarillas y meterles unos descuentillos y, como esta guía no era de la capital sino de los diferentes distritos (y como se necesitaban 8 de estas guías para cubrir la tirada de la competencia), se había dividido el precio entre 8. Descabellado. No se puede competir a la ligera con productos instaurados, con productos de marcas con años de solera (uno de ellos de un antiguo monopolio) y tratar precios parecidos. Un coche alemán no puede costar igual que uno coreano, es imposible. Hablamos de diseño, materiales, calidad, trabajadores contentos o descontentos, pudientes o explotados, hablamos de sentimiento de posesión. Y un coche alemán no se puede equiparar a un coreano. Quizás dentro de quince años se mate por un modelo coreano, cuando lleven mucho tiempo demostrando y efectúen los cambios necesarios o inviertan en marketing o droguen a todos los posibles usuarios o algún famosillo se jacte de conducir uno de esos modelos. Pero ahora la comparativa de deseos de posesión la pierde a hostias un coche coreano. Así era aquella guía: no era una guía telefónica barcelonesa, era una guía coreana. En el colmo de la derrota ya no merecía tener en mis manos un producto puntero, merecía vender aquella puta mierda, todo cuesta arriba, que me costase. ¿No la has cagado tú solito, nene, no te has arruinado por tu genial mala cabeza? Apechuga y calla ahora… Jódete, te lo mereces, jódete, maldito cretino anormal, jódete… Y me tocaba eso, joderme a la de una, joderme a la de dos y joderme a la de tres en el intento de lograr salir del ataúd.

Después de no más de media hora de charla formativa sobre el producto, tiradas, ediciones, fechas de salida, fechas de cierre y poca cosa más, me advirtió que el sistema empleado, la estrategia central de la compañía, eran las visitas a puerta fría. ¿Cómo? No se puede mostrar imagen de seriedad a puerta fría, se pierde tiempo, dinero, y posibilidad de venta. Una buena concertación telefónica nos garantiza que podamos hablar con la persona que realmente toma las decisiones sobre la temática concreta (publicidad en este caso), se gana en profesionalidad y seriedad y, en caso de que no interese no se pierde el tiempo. La puerta fría no debe ser empleada por profesionales cualificados del sector. Pero el puto Antonio opinaba que aquello era una pérdida de tiempo. Déjame que te demuestre que eso no es así. Cuando primero demuestres que eres capaz de vender a puerta fría, el movimiento se demuestra caminando. “El movimiento se demuestra caminando”, esa era la patética frase hecha que definía al inoportuno mierdecilla que me había tocado por jefe. Tú deberías demostrarlo para justificar y fundamentar tus exigencias, pero sólo lo pensé, no se lo dije, por supuesto. Tenía claro que el muy imbécil no quería perder el tiempo en nada que no fuese intentar vender, pero no se daba cuenta de que el tiempo para preparar bien las cosas era una inversión para hacer las cosas bien. Tenía los días contados, olía a cadáver y, en el fondo, eso me satisfacía. No tendría que aguantarlo por mucho tiempo si no se deshacía él antes de mí.

Me comentó que hiciera lo que quisiera, que visitase las empresas que me salieran de las narices o que me centrase en algún tipo de actividad concreta o en una zona. Me decidí por las empresas de mudanzas, que tienen una alta potencialidad en directorios telefónicos. ¿O dónde irías tú a buscar una empresa de mudanzas si en algún momento la necesitas? La mayoría de los que no tienen a Google como socio informador lo harán en un listín telefónico.

Pregunté por dietas y teléfono de empresa. El movimiento se demuestra caminando salió de sus pútridos labios otra vez. Te iba a mover yo la cabeza del sitio, hijo de mil padres, te la iba a mover de una patada a cien metros del cuerpo. Maravilloso, ni siquiera podía concertar citas sin que me controlasen desde el móvil. Y mi saldo era precario como para ello. Tanto como mi presupuesto alimenticio. A partir de mañana me traeré un bocata para comer, no me puedo permitir comer cada día fuera de casa. Joder, no me puedo permitir ni siquiera fumar, si voy a tener que pedir pasta para la puta tarjeta de tren y metro.

- Bueno, chaval, ya puedes marcharte a vender por ahí, a demostrar que las referencias que sobre ti nos dieron no eran equivocadas -. Me revientan los tipos así, que la desconfianza es la bandera que enarbolan desde el principio, como si el mundo se midiera bajo un rasero de pelillos de su propio ombligo, como si el universo le debiera algo y la humanidad mucho más. Me dio la mano y así, casi que me echó.- Mañana nos vemos.

- OK. Mañana nos vemos. Hasta mañana, Antonio… Hasta mañana, Raquel -. Y levanté un poco la voz para que la morenita, que estaba atendiendo una llamada telefónica, se percatara de mi marcha. Un guiño y una sonrisa, ayyyy.

Era tarde para empezar a trabajar y necesitaba algo de tiempo para organizarme. La organización en un comercial es imprescindible porque el activo más importante de un comercial es su tiempo. Quizás me estaba auto-excusando porque no sabía cómo empezar o porque no tenía las ganas suficientes de empezar, y porque tenía sueño, también porque tenía mucho sueño. Bostecé varias veces seguidas y noté humedad en los ojos. Llamé a Iván, estaría en su casa. Si no estaba de visitas estaba en casa. Lo llamé por si acaso. Con una economía tan tristísima comer en su casa sería un lujazo. Si no estaba me veía tirándome en el césped de la Plaza Cataluña a pensar, organizarme y evitar pensar en el hambre que tendría a última hora de la tarde sin haber probado bocado. Qué sueño. Afortunadamente Iván sí estaba en su casa y evidentemente me invitó a comer.

Llamó Alexandra por teléfono justo antes de sumergirme en las entrañas angustiosas de la estación de metro de Plaza España. ¿Cómo te va en tu primer día de trabajo? De puta madre, genial. ¿Para qué contarle la verdad? Lo achacaría a pereza o gandulería. Ella achacaba a mi perrería todos los males que me acontecían. No entendía que no quisiese llevar una vida normal, no entendía que yo era un artista, que no me valía lo que a todo el mundo le vale. Ella salía de un trabajo y se metía en otro como el que cambia de ropa interior, y siempre con ánimos e ilusión; trabajaba en una inmobiliaria y era feliz, y eso dice mucho de ella. ¿Nos vemos cuando salgamos de trabajar y tomamos una cervecita con el Angelito en el Fashion? Sí, claro. Yo cuando salga iré para allá y te espero, tú llegarás más tarde. Mi mente ya fijó como objetivo que aquella noche sublimaría mis miserias en el útero de Alexandra, follándomela hasta perder el sentido.

Un paseo de media hora con transbordo de metro y ya estaba en casa de mi amigo. En aquel entonces Iván se estaba planteando cambia de piso. El piso era de alquiler y pertenecía al padre de Marta, su novia hasta hacía un par de meses. Marta había vuelto a su piso, que era el de al lado. Vivir en un piso propiedad del padre de tu ex, y tenerlos a todos como vecinos de rellano no es muy agradable, realmente. Durante el transcurso de la relación ambos habían comprado un apartamento en Salou, e Iván le había sugerido a Marta que le vendiese su mitad para irse a vivir allá. Iván era delegado comercial de una empresa vasca de abrasivos que no tenía oficina en la delegación catalana porque el único currante era Iván. Por eso le pagaban los gastos de su piso, para ahorrar y no tener que contratar una oficina para él. Pasaba la mitad del mes viajando y viviendo en hoteles, y tanto a él como a su empresa les daba igual que la morada de Iván se fijase en Barcelona o en Salou. Pero mientras Marta se decidía y no, Iván seguía allí. Claro que Marta pensaba que teniéndolo cerca no lo daba del todo por perdido, por lo que alargaba innecesariamente la agonía de la muerte de la relación, utilizando aquello que ella creía que le daba fuerzas. La vida sería mucho más sencilla si las separaciones siempre fueran de mutuo acuerdo y no se quisiera amarrar para siempre a una persona a nuestro lado…

2 Comentarios Estupefacientes »

  1. Preocupada me tenias,digo ya le hemos aburrido,o se ha hecho rico,y nos ha abadonao,si lo haces,imprimire tu novela,y me cortare la venas con ella,jaja que lo sepa tu conciencia.Que triste es querer retener algo,que ya se termino,por el motivo que sea,aunque sea jodido que lo es,no hay nada mas patetico que pedir cariño,mendigarlo,coño un poquito de dignidad,pienso que nunca se es amigo de un ex,como ese rollo de mi padre es mi mejor amigo,mentira,ademas no quiero,mias amigos ,son mis amigos ,y mis padres ,mis padres,a cada uno ,lo suyo,bueno salao,un besin.YA estais mejor?eso espero.

    Comentario por lisalea — 24 Abril 2008 @ 17:11

  2. Mejor no, estoy hecho polvo. Raquel sigue de baja y yo tengo la mesa llena de presupuestos y mandangas, ya que este mes empieza en festivo, por lo tanto todas las campañas publicitarias deben estar realizadas y contratadas de antes. Un caos, te lo aseguro. Además empieza la temporada alta de restauración y los presupuestos de publicidad de este sector aumentan, y hay medios nuevos que analizar. Bueno, para qué te voy a contar, un caos, un verdadero caos…
    Además, piensa que escribir cada día es complicado por mi falta de tiempo. Os acostumbré mal, jejjé, colgando los posts tan rápido. Ahora hay que tener paciencia, pero eso sí, tres fragmentos semanales sí que os dejaré, eso palabrita.
    En lo de aferrarse tienes toda la razón, no deja de ser un mendigamiento, y quien deja a alguien lo que menos desea es que le sigan agobiando. Porque entonces es cuando pillas odio a esa persona, odio y asco. Y cuanto más odio y asco demuestras, más agobia la otra persona. Es una rueda de imbecilidades, pero es lo que sucede a diario a mucha gente. Si la peña fuera capaz de ser feliz por sí misma y no creyese que necesita a alguien a su lado, la cosa cambiaría bastante… Pero bueno, no soy nadie para cambiar el pensamiento de los humanoides…
    Pero tú tranquila, que empieza lo bueno…

    Comentario por Nes — 24 Abril 2008 @ 17:54

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