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8 Mayo 2008

Capítulo 50 – Bye, bye, Alexandra – 1ª parte (…no tengo tiempo de esperar, puedo tener esto en otro lugar…)


Sonar el despertador y cagarme en dios todo es uno siempre, como una suerte de causa-efecto cansina. Snooze, cinco minutos más, necesito cinco minutos más. Cinco minutos más que nunca se duermen plenamente pero que saben a gloria bendita, cinco minutos más de los que parte se desperdician pensando que podemos llegar tarde. Y vuelve a sonar una endiablada melodía despabiladora, ayyy, otros cinco minutos más, hoy correré un poco más. Y sabes de sobras que llevas el tiempo justo, que puedes perder el tren o sumergirte en un atasco de la hostia por esos miserables cinco minutos, que no desayunarás por esos patéticos cinco minutos, pero los vuelves a dormir, siempre los vuelves a dormir y siempre la vuelves a cagar y siempre vuelves a correr como un poseso, porque claro, siempre te levantas tarde. Todo a cámara rápida, ducharse, vestirse, coger el maletín y un bocata que ya tenía preparado de la noche anterior, guardado en la nevera envuelto en su papel de aluminio, papel de plata que le llaman las abuelas, ponerme la corona de espinas y salir de casa con el turbo puesto y cargando la cruz de mi agonía laboral que ya me dolía.

Un tren repleto de olores matutinos, de gentes que habían apurado más el reloj que yo y no habían tenido tiempo o ganas de ducharse, y de tristes chicas que se levantan dos horas antes para poder pasar por el taller de plancha y pintura y poder salir a la calle con la imagen que quieren dar a los demás de sí mismas, unas con más fortuna que otras, unas que recibieron mayor generosidad por parte de la naturaleza que otras. Pestes machaconas y olor a rimmel y perfume por un igual, metáfora de la mierda que es la vida a veces y que nos intentan maquillar para que borregueemos apaciblemente, alegoría de lo tristemente indecente que es madrugar, empezar el día cuando el sol no ha nacido aún, parábola de la diferencia entre tener o no tener, mezquindad del azar y los posibles…

Un tren de destartalados asientos de polipiel rojo burdeos como de puticlub y que bien valen una pelea, conversaciones absurdas entre bostezos mientras algunos apuran el viaje en un plácido sueño, estudiantes con carpetas, albañiles con sucias ropas y cinturón de cuerda, secretarias que esconden anfetaminas o barritas saciantes en sus bolsos, soledades compartidas la de aquellos y aquellas que quedan a una hora concreta para no perpetrar el viaje diario como un destierro. Cientos de penas y de ilusiones que no se cumplirán viajan a diario en vagones de insatisfacción, con tarjetas de viajes mensuales que te hacen recordar que hoy y mañana serán igual de mierdosos que ayer, que este mes la suerte no cambió y que sólo el fugaz fin de semana o unas cervezas acabada la jornada o un polvo urgente puede hacer que nos olvidemos unos instantes de las amargas rutinas.

Y yo, mi corona de espinas y mis dos tableros de conglomerado en forma de cruz de camino a mi Monte Calvario particular, en la pesadumbre de no querer hacer lo que debía de hacer, de sentirme perdido y abandonado por el dios en el que nunca había creído. Siempre dos putos niños revoltosos tocándome los cojones con su existencia, una madre que sólo sabe berrearles y una chica preciosísima sentada enfrente que no va a ser mía porque ya no soy el triunfador de antaño que hubiera tenido el descaro de sentarse a su lado y atacarla. Los auriculares y la música en mp3 que despedía la PDA no eran alivio para la mezcla aceitosa de ansiedad y depresión que me recorría el espinazo, del dolor de los estigmas por los que manaba la sangre viscosa y negra de mi falta de energía para afrontar la realidad a la que tenía que pertenecer obligatoriamente hasta que los vientos cambiasen, mientras la veleta ni se inmutaba y el pelo ni se me movía. Yo mismo me vendía por unas míseras monedas que necesitaba, pero eso no me hacía sentir mejor, no veía mi ambición, debí haberla guardado en alguna cajita que descuidé en el pozo de alguna de mis largas noches de descontrol y fuego perdido. ¡Maldita sea mi suerte!

En el interior del corazón de aquella Toshiba de 64 megas de ram estaba mi novela, lo poco que me ilusionaba ya esos días, el único anhelo con el que me sentía identificado, y recuerdo muchas mañanas de tren en que revisaba y reformaba los alicatados de su estructura una y otra vez, miles de veces, las necesarias hasta que estuviera radicalmente convencido. Lo más cercano que en la vida he tenido a la fe estaba entre aquellos bytes, estaba en publicar la obra, en encontrar un sentido al propio acto creador que había manado de mí hacía unos meses. ¿Qué sentido tenía escribir porque sí? Ninguno. Algo debía haberme empujado a la escritura, algo de naturaleza superior y que pronto me guiaría hacia mejores sendas. Seguro que me estaba castigando por mis malos actos pero que en breve me tocaría con su varita y haría que mi sino retomara su senda, seguro…

Estación de Sants a primera hora de la mañana, un hormiguero infestado con millones de pasos, ruidos, prisa y locura, golpes para ser el primero en subir por las escaleras mecánicas, porque los segundos de retardo se deben pagar contra los demás. El ser humano, en su afán de ordenarlo todo sólo logra un caos irreverente e inhumano, antinatural. Frío en la calle y humedad, seguro que llueve y no llevo paraguas, mierda, y el frío me congela el cuello, no tengo pelotas para ni fumar. Llego tarde, una pequeña carrerita y el corazón desbocado me dice que los excesos se pagan. Hubiera metido la cabeza en cualquier bolsa para respirar dentro y calmar la angustia que atentaba contra mi karma. No llego el último, por suerte el maldito jefe es el que llega tarde, tranquilamente, en su coche. Pertenecemos a clases sociales distintas regidas por diferentes leyes, por eso yo cargaba un madero para mi propia crucifixión y él se permitía llegar tarde en la comodidad de su coche, con su musiquita o su radio encendida. Paciencia, Nes, paciencia. ¿Paciencia? Pero si nunca la tuve. Una nueva jornada desastrosa se me presentaba, y no podía vivir muchos días de jornadas desastrosas porque se esperaba mucho más de mí. Contradicciones matutinas.

El maldito enano de mierda que tenía de jefe saludó, se desembarazó de su gabán y nos miró desafiante. Vaya por Dios, ayer no folló y lo va a pagar con nosotros. Malos jefes los que pagan sus malasfollas con sus inferiores. Y aquel gualtrapa como jefe era muy malo…

6 Comentarios Estupefacientes »

  1. Ay que recuerdos la estación de Sants… Toda la vida viví al lado de ella y creo que la he atravesado cientos, miles de veces. Para ir al cole, para ir al insti, para salir de marcha, para irme de viaje…

    Me imagino que el Nes comercial con la cruz a cuestas no la ve con el encanto con que la estoy yo viendo ahora mismo, sentadita en mi silla de mi oficina de Madrid….

    Bueno, me desquitaré la semana que viene que por aqui tenemos puente y me voy de visita a barna, justo a Sants, así que recargaré mis recuerdos en esa estación que tantas veces he cruzado….

    Comentario por Sunny — 8 Mayo 2008 @ 16:52

  2. Sunny, el Nes comercial odiaba la estación de Sants, pero el Nes normal también, jejejjé. Sants es una estación demasiado grande, sucia, ruidosa, y por supuesto odio el transporte público como sólo podría odiar así al transporte público. Para el pobre Nes de aquella época, no obstante, además era la materialización de su derrota personal, un mundo de madrugones y trenes no era buena cosa.
    Y el tiempo y los caprichos del destino me hicieron mudarme y morar en el barrio de la estación… Creo que en alguna ocasión te lo había dicho o me lo habías comentado tú, ¿no? O sea, que de viajecito para Barcelona, ¿eh? Vaya buena vida que te tiras. ¿Cuándo bajas por estas tierras?

    Comentario por Nes Oliver — 8 Mayo 2008 @ 17:47

  3. No te discuto lo de que Sants es fea de narices, pero cuando una lleva tanto tiempo fuera de Barcelona, desde la distancia se mitifican todos los detalles y hoy me entró morriña de esas escaleras de subida del metro al vestíbulo de la estación, vaya tontada (y hace años que no voy en transporte público, me temo que en madrid me volví adicta al coche…) Pero anda que no pasé por esos tuneles llenos de gente veces y veces…

    Pues como tenemos pedazo de puente de nuevo por aqui por Madrid (el jueves y viernes de la semana que viene) y suelo aprovechar este tipo de puentes para volver por bcn, pues la semana que viene desde el miércoles noche hasta el lunes siguiente noche por allí!!

    Deseando ya estar allí la verdad, se la echa mucho de menos cuando estás fuera…. Me muero por un paseito por el puerto… (es lo que tiene venirse al centro, hay de todo, pero el mar…)

    Comentario por Sunny — 8 Mayo 2008 @ 22:05

  4. Fea de narices, así como bien dices es Sants, jajjaá…Y repletísima de seres humanos e inhumanos. Pero entiendo esas morriñas porque yo he tenido añoranzas de cosas mucho más sencillas.
    Si te vas de paseo por la playita, en la Barceloneta, justo enfrente del Salamanca (antes del Hospital del Mar), te vas a encontrar una terracita preciosa de un local llamado CavaMar. Te lo recomiendo, es de unos amigos. Pídete un cava rosado y déjate seducir por el oleaje y tendrás otro motivo más para las morriñas…

    Comentario por Nes Oliver — 9 Mayo 2008 @ 1:42

  5. Tomo nota… porque lo pienso hacer!!

    Comentario por Sunny — 9 Mayo 2008 @ 7:40

  6. Fantástico! El jefe se llama Jordi, y es un tío encantador, además de un cocinero de arroz caldoso que lo flipas (si vais a la hora de comer y está él en la cocina lo podrás comprobar). Si le dices que vienes de mi parte y pone cara de no enterarse de la copla, dile que soy el greñas amigo del Xavi del Kynoto y ya se dará por aludido.
    Hale, si no hablamos antes, que lo disfrutes en Barcelona (y no te pierdas por la estación, jejejjé..).

    Comentario por Nes Oliver — 9 Mayo 2008 @ 14:08

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