Novela Blog, Blog Novela, novelablog, blognovela

13 Mayo 2008

Capítulo 50 – Bye, bye, Alexandra – 2ª parte (…con alguien que me escuche y me pueda hablar…)


En la infancia las cosas son simples, sencillas. Por ejemplo, medir el status social de cada uno estaba chupado. Cuando yo era pequeño, tu “clase social escolar” se cotizaba en relación a tu calzado deportivo, a tus bambas, como se dice en mi tierra. Los de clase alta eran los que calzaban Nike, Adidas, Reebok o Converse. Después de ellos, en el centro de la pirámide los que lucían sus Puma, Paredes, Kelme, Fila. Y los sans-culotte sólo podían permitirse cubrir sus pezuñas con Golfitos o Victorias. ¡Qué triste era que te regalasen unas Golfitos! Llegaba mi madre feliz del mercado (la economía familiar no fue pudiente hasta mi entrada en el instituto), mira qué bonitas, y yo no podía mirar más que la marca, fuesen bonitas o feas realmente, la esencia estaba en un puto logotipo que otorgaba el valor intrínseco… ¿De qué marca son, de qué marca son?, chorreando inocencia e ilusión infantil. Mierda… mierda…, son unas putas Golfitos, me cago en la hostia puta, unas jodidas Golfitos, pensaba en mis adentros, y el mundo se hacía muy grande y yo muy pequeño, y sabía que los asquerosos y crueles compañeros se volverían a reír por esas patéticas bambas y por ese horrible pantalón con tachuelas en la pernera que mi madre consideraba tan moderno y que a mí me producía profundas ganas de vomitar. ¡Maldito consumismo que nos engancha desde pequeños, malditos niños crueles que se escudan en una falsa ausencia de maldad y ejecutan su ultra-violencia destructiva esbozando una sonrisa…!

Pero te haces mayor y hay millones de factores que de cara a la galería hacen que las cosas parezcan unas y sean otras realmente, pero de cara a la galería sean las que cuenten. Mi gabardina, mi traje, mis zapatos, la PDA de 600 euros en el bolsillo, mi Nokia de última generación, las llaves de un Mazda en el bolsillo, una Visa Oro en la cartera y otros pequeños detalles susurraban que aún pertenecía a mi clan aburguesado. Pero mi bolsillo, fatídicamente vacío como mi cuenta corriente, decía que era un puto miserable, ratificado por un paquete de Nobel a medias que debía hacer durar lo máximo. Un puto miserable que tenía un jefe gilipollas del carajo.

El morning meeting de Antonio fue de todo menos estimulante. Movimientos y caminos, no sabía decir nada más el insulso. ¿Qué nos has enseñado tú? Nada, pero su descabellada concepción del mundo de las ventas le llevaba a sentirse tan superior como para no tener que demostrarnos nada y como para seguir fiel a sus tesis cretinescas. Repliqué que si las ventas eran malas era porque ni teníamos un buen material de apoyo y porque dábamos pasos erráticos yendo a puerta fría. Su respuesta nuevamente que el movimiento se demuestra caminando. En un camino tan agreste no podemos más que trepar riscos. Dame unos días para que pueda allanar el camino y os lo haré mucho más fácil. Con un yo soy aquí quien decide se quedó tan ancho. Pero Pedro, silenciosamente, estaba pendiente de nuestra civilizada discusión.

- ¿Crees sinceramente, esto…, Nes…, que podrías hacer que mejorasen con esas ideas que propones?

- Sí, claro, por supuesto – demostrando toda la seguridad que pude apalancar para mí. No sé qué podía más en aquel momento, si las ganas de hundir al enano mongolo que nos dirigía, si las de no tener que salir a la calle a vender como un primerizo, o el demostrarme a mí mismo que a pesar de todo aún podía hacer algo con mi vida. El apoderado intentó contener un pequeño ataque de ira, como decepcionado con quien había elegido para dirigir la compañía de la que era responsable por no haber sopesado otras formas viables de trabajar, como valorando que quizás el pequeño primate directivo no era más que un pequeño primate que había aprendido a decir que sí o no a ciertas señales visuales, pero que su currículum de docenas de empresas importantes por ahora no había llevado a cubrir un 5% de los objetivos asignados. Algo no funcionaba. De hecho, las pocas ventas importantes que se habían conseguido para la guía eran responsabilidad de Raquel o del propio Pedro. Antonio no se había movido de su silla de piel en cerca de dos meses. Pedro replicó

- Chicos y chicas, ánimo y suerte. Las cosas no van bien, este es un proyecto muy ambicioso que requiere al máximo vuestra involucración. Todos podemos ganar mucho, hay mercado de sobras para despachar anuncios. Pero si no hay contratos, todos corremos peligro, y vuestras nóminas serán muy bajas. Los buenos comerciales tienen que ganar mucho dinero con comisiones, y yo quiero pagaros mucho en primas, me gustaría que ganaseis cinco o seis mil al mes por lo menos, me gustaría trabajar muchos años con vosotros. Pero si esto no cambia tendré que hacer muchos cambios. Lo dicho, ánimo y suerte, los contratos no saldrán en esta oficina – y así les instó a salir. Yo también me levanté para marchar, pero me frenó. – Tú te quedas, Nes, vamos a desayunar y a intercambiar impresiones. Antonio, Raquel, venís con nosotros.

Los cuatro fuimos al bar de al lado. No llevaba un miserable euro encima y eso me pone muy nervioso. Junté las manos mentalmente y recé porque quien ofrecía ir a desayunar pagase o me convertiría en gusano rápidamente.

Antonio ya me odiaba, indiscutiblemente, maldecía a todos mis antepasados, como diríamos vulgarmente, se cagaba en todos mis putos muertos. Empezaba a verme como un peligro, como un riesgo potencial que amenazaba su parsimoniosa calma rutinaria. Él ya sabía perfectamente lo que supone un despido y la vuelta a los procesos de selección para los puestos que él requería para sí mismo, meses perdidos en los que su mujer le reprocharía que siempre lo despedían por no cubrir las metas y expectativas comerciales, y él se excusaría con que los vendedores eran malos, que no habían medios adecuados o miles de mandangas. Ese grupo de ventas no era bueno, es cierto, pero Antonio no había hecho un esfuerzo en buscar nuevos comerciales, en formarlos adecuadamente, en realizar acompañamientos y analizar los puntos débiles de cada uno. Se sentaba en su puta silla y esperaba que los resultados llegasen por sí solos, como si fuera lo más norma del mundo. En su mirada advertí la realidad: Antonio esperaba de mí que aumentase las negociaciones y las cifras (tan bien le habían hablado de mí) y llevarse él las medallas. Nunca sería más que un segundón al lado de ese soplapollas, me exprimiría para mantener su puesto. Pero, ¿y Raquel? ¿Qué pintaba en todo esto? Era la Jefa de Ventas, pero más bien parecía una comercial freelance que actuaba a su antojo. Y en ese momento me fijé que la mano de Pedro estaba sobre su pierna.

El mundo cambió de color como en una tormenta y el suelo se abrió. De él manaron seres del averno, miles de pequeños diablillos escandalosos, entrechocando sus tridentes y riendo, risotadas abominables, jajajjjá, la maciza de tu jefa está con el mandamás, jajajá, con ese engendro que se parece a Hannibal Lecter, el del silencio de los corderos pero con trasplantes capilares recientes, jajajá… Entre los males siempre llueven cristales, siempre. La concepción que tenía de Raquel varió en aquel momento; no sabía que había entre ella y Pedro, pero prejuzgué que su cargo estaba directamente relacionado con la relación que llevasen, fuera cual fuera. Con ella ya no podía contar como aliada. Joder, con lo exquisitamente preciosa que era y estaba con el chotuno, ¡puta mierda de mundo injusto! Y yo ya tenía muy claro que la calle no era lo mío y que únicamente excluyendo al chimpancé inútil de aquella compañía podría hacer algo. Supervivencia. O yo o él… Así que vi en aquella charla la oportunidad de poner a Antoñito en una situación conflictiva, jugándome el todo por el todo en una partida de póker en la que todos íbamos de farol. Pero mientras mi contrincante tenía la poca ambición de mantener su situación yo estaba dispuesto a ganar…

6 Comentarios Estupefacientes »

  1. Ays… la cantidad de mindundis que hay en puestos directivos, que no saben hacer la O con un vaso y que te ningunean para que no les hagas quedar como tontos delante de su jefe… que solo son capaces de contratar gente inferior a ellos y, si se equivocan y tienen a alguien mejor, le hacen la vida imposible para que se vaya y ellos puedan seguir llevándoselo muerto. Porque en el pais de los ciegos, el tuerto es el rey.

    Comentario por Lunera — 14 Mayo 2008 @ 16:10

  2. Tienes razón, Lunera… y en el País de los hijosdeputa el más bastardo es el rey, jajajá…
    Realmente, y siendo objetivo, un buen jefe no debe ser quien sepa más del negocio en concreto, sino de dirigir al grupo de personas que conforman el equipo de trabajo de la mejor manera posible para conseguir los objetivos del grupo, aprovechando las aptitudes más positivas de cada uno de los miembros. Pero cuando te encuentras con un inepto que ni una cosa ni la otra, lo mejor es desaparecer o quitártelo de encima, y además sin penas, porque él no tendría ningún problema en putearte.
    Qué feo, poco ético y desalmado parece todo lo que digo, ¿no?

    Un besete, cielo!!!

    Comentario por Nes Oliver — 14 Mayo 2008 @ 18:11

  3. En absoluto!!!! Tienes toda la razón del mundo. Odio la incompetencia, pero por falta de aptitud se puede perdonar, siempre que todos sepamos donde estamos. Yo reconozco mis limitaciones, pero tengo muy clarito también mis fortalezas. Sé lo que valgo. Antes dejaba pasar muchas cosas, pensaba mucho en los demás, en las consecuencias que mis actos tendrían para ellos y me cortaba demasiado, aunque fuera malo para mi. Pero ya tengo una edad y una va aprendiendo. Hay que ser un poco egoista, bueno, yo lo soy. Y no me avergüenzo en absoluto. Me va mucho mejor ;D

    Comentario por Lunera — 14 Mayo 2008 @ 23:49

  4. Yo también odio la incompetencia y me repugna la falta de profesionalidad. Cualquiera que ejerza cualquier puesto en cualquier compañía debe tener l obligación moral de dar lo mejor de sí mismo. No creo en las excusas “es que mi jefe me trata mal”, “es que me pagan menos de lo que merezco”, etc… Si no se encaja en un proyecto hay que abandonarlo y buscar otro porque el trabajo no deja de ser una reflejo de nosotros en un ámbito concreto. El pasotismo y la falta de productividad son signos de otros pasotismos y faltas en muchas circunstancias vitales…
    Evidentemente que por desgracia hay personas que no pueden cambiar de trabajo o que tienen problemáticas realmente importantes y esas personas merecen un respeto. Pero te puedo asegurar que me he encontrado demasiada falta de profesionalidad en esta vida, falta de objetivos y demasiado conformismo…

    Comentario por Nes Oliver — 15 Mayo 2008 @ 1:19

  5. Brutal, divertida y realista la relacion entre el calzado deportivo y la clase social en la época infantil. Buen comienzo como para leerte, ciertamente. Saludos.

    Comentario por Lara — 16 Mayo 2008 @ 7:35

  6. Pues muchísimas gracias, Lara, de todo corazón. Dramática la relación infantil entre prestigio y calzado deportivo pero real. Crueldad de los niños.
    Espero verte más por aquí!

    Comentario por Nes Oliver — 16 Mayo 2008 @ 20:20

Suscripción RSS a los comentarios de la entrada. | TrackBack URI

Deje un comentario

Me encantaría saber qué opinas, pero no te flipes con insultos, spam, contenidos promocionales o ilegales, o me veré obligado a borrar tu comentario, darte un par de collejas, placa, placa y eructar en tu oído canciones de Camilo Sesto... Además, está explícitamente prohibido hablar mal de cualquier madre (incluso de la mía), mentir exclamando que la tienes más grande que yo, y/o utilizar este espacio para hacer "trapis", discernir sobre los errores ontológicos de la Biblia o la sífilis de Nietzsche y/o anunciar tus servicios sexuales. Y por supuesto, escribir en lenguaje de SMS, ¡que esto es un blog, no un Nokia, hostias!

XHTML (Utiliza algo de html si te sale de las narices):
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong> .