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21 Mayo 2008

Capítulo 50 – Bye, bye, Alexandra – 4ª parte (…¿por qué no lloras? Parece que no entiendes nada…)


Ocho y media de la mañana. El día anterior ya había decidido tajantemente que no iría a trabajar, pero por si acaso me lo recordé antes de cabrearme por haberme quedado dormido. Ah, claro, no puse el despertador por eso.

Aún dándole vueltas a mi encuentro onírico con Lou Reed me arrastré descalzo hasta el comedor. Apenas entraba claridad a través de las rendijas de las enormes persianas y a pesar del doble vidrio (que refugiaba al hogar del ruido de una autovía cercana y del Circuito de Montmeló, que no veas el ruidaco que pegan los coches o las motos de competi a un kilómetro de distancia) unos leves tintineos de gotas me informaban que fuera aún diluviaba. La fiebre me estaba dando unas molestas collejas y casi tiré la base del inalámbrico. Marqué el número y llamé a Antonio…

- Antonio… sí, sé que aún es pronto… sí… pero es que… sí… no, hombre, no, Antonio… es que con la lluvia de ayer me he puesto enfermo… sí… ¿pero tú no viste la que cayó?… Antonio, coño, que no me estoy pegando ningún rollo, que estoy a treinta y nueve de fiebre de verdad… Sí, ya sé lo del movimiento, lo sé, pero ¿qué quieres qué haga? Ayer llovía un huevo, me empapé y me he resfriado y no voy a salir hoy, haciendo un día tan malo como el de ayer… Antonio, joder, estoy enfermo y no puedo hacer nada, espero ponerme bien para el lunes… Nos vemos la semana que viene… ¡Un saludo!

¿Un saludo? Una piedra al cuello le hubiera puesto al maldito hijoputa. Imagino que suponéis la parte de conversación chorra y omitida del personajillo, ¿no? Hale, al lío.

Bajo la tormenta, refugiado en un horrible paraguas, me tocó caminar un cuarto de hora, de camino al ambulatorio de Parets del Vallés. El médico de cabecera que me pertocaba y que aún no conocía no estaba (lo cual me la traía bien floja) y me tocó esperar (raro sería lo contrario hablando de la Seguridad Social en España) a un sustituto. Como el tiempo era feo de veras, la tercera edad que se entretiene en hospitales, ambulatorios y salas de urgencias vegetaba en sus casas y no agobiaba, y sólo esperé media horita para salir con un parte de baja en toda regla. Aún estaba enfebrecido, pero tenía un papelito que en teoría significaba algo de dinero. En teoría.

La lluvia no aflojaba, aceleré al paso para regresar a mi habitación. Pasé el día encerrado, escuchando música e intentando retocar una obra novel que nunca vería la luz como entonces esperaba. Hablé con Alexandra por teléfono. Me recriminó que me pillase la baja durante mi primera semana, tía, estoy a treinta y nueve de fiebre, no es moco de pavo. No le entraba en la cabeza. Estuviese como estuviese me vendría a ver el fin de semana. Estupendo, si no te entra en la cabeza ya haré yo que entre, ya lo verás. Colgó y yo estaba ya demasiado enfadado con ella. Joder, es muy fácil criticar a los demás y no darse cuenta de los propios fallos. Me toca las pelotas que sin pedirlo me aconsejen o me disuadan de mi comportamiento, como si quien me recrimina tuviera el poder de la perfección y pudiera darme clases de algo. Me cago en la puta…

Pasé el viernes como el jueves, perdido en mi habitación con todo al revés, pasando las horas entre archivos mp3 y novelas que ya había leído sesenta y nueve o setenta veces. Releí Héroes de Loriga y le seguía encontrando parecidos con mi Diario Estupefaciente, a la vez que veía mi escrito más humano, más cercano. Maldije a los editores que no contestaban a los mails que había enviado, joder, lo necesitaba. La ansiedad era una cuerda anudada desde el corazón a los intestinos, pasando por los pulmones. Abrí la ventana de mi cuarto, el humo me ahogaba. Ni enfermo puedo dejar de fumar, nicotina amiga, pocos cigarrillos me quedaban. Mi futuro como escritor estaba en el aire, y mi futuro como humano iba de puto culo. Debía descansar, reposar la mente y prepararme para el puteo que tenía preparado para mi estúpido jefe, su destrucción inminente. No perdía el sueño de publicar, pero vivía en una realidad de pagar facturas, de fumar, beber cubatas y meterme coca de tanto en cuando, y la pobreza de rata en la que me encontraba denigraba mi alma. Nunca había caído tan bajo, nunca había estado tan hundido, mierda, mierda, mierda… El lunes liquidaré a Antonio y entonces me tomaré en serio este trabajo porque yo lo dirigiré de la forma más coherente, como debe de ser… Pero el rumbo de la fortuna llevaba otro camino empedrado diferente del que yo suponía en aquellas elucubraciones.

Rebuscando en armarios encontré algunas monedas sueltas que en mejores tiempos abandoné por insignificantes y que me parecieron tesoros ocultos. Algún cigarrillo arrugado también hizo aparición, y mi hermano Willie me obsequió con los restos de un paquete que alguna chica dejo abandonado después de follárselo en el coche alguna noche. Para mi grata sorpresa descubrí un par de bolsas de farlopa con algún resto, escaso, pero resto al fin y al cabo (¿Cómo pude ser tan descerebrado para dejar restos de coca olvidados? ¿Qué hubiera pasado si mis padres lo hubieran clichado?); rascando bien las bolsitas y los chivatos de tabaco que las alojaban, puede sacar para hacerme tres puntitas, hale, fantástico, la vida me hace un guiño y una sonrisilla. Una botella de Southern Comfort que nadie iba a echar de menos en el mueble bar y unas revistillas porno acabaron de formar mi compañía nocturna. A diferencia de otras ocasiones, no veía las tres tristes rayitas acongojado, pensando en que pronto se iba a acabar, al contrario, lo veía como maná adjudicado como premio por mi dura semana y que de forma hedonista debía gozar.

Bebí, claro, y fumé, por supuesto, y me metí esas tres punticas, obviamente, y volví a ser durante unas horas el ser libre que yo era, el hombre que había decidido su futuro durante toda su vida, el ser que decidía quedarse en casa y emborracharse allí porque le apetecía y porque no necesitaba más en aquel momento. Fui libre, epicúreamente libre, Buenas Noches Rose y Gun, The Flying Rebollos y Extremoduro, Murfila y Los Hermanos Dalton, es sólo otra noche más, Bjork y Metallica, ¿y tú de quién eras, de los Beatles o de los Rolling?, los vapores del alcohol sacan nuestras mejores sonrisas, en el aturdimiento del exceso todo carece de tiempo para medir, de tiempo en el que basarnos, no llevo reloj, no sé qué hora es ni me importa, suena el girar de la llave en la puerta, mi hermano llega de fiesta, golpes con los nudillos en mi puerta, pasa, la voz ronca y salida de tiempos, ¿qué haces, Nes? ¿Quieres un chupito?, le digo. Vete a la mierda, borracho, y me tira unos cigarros que ha robado a alguien. Me río mientras él cierra la puerta, Héroes del Silencio, Loquillo, siempre libres, El Bicho, sí, soy de los malos, ¿y qué?, Kansas, Los Piratas, Oasis, Diego Vasallo y el Cabaret Pop y una larga versión de una chica dulce que se llamaba Jane.

El sabor dulce y caliente del bourbon compaginaba simbióticamente con el amargo y metálico de la coca, de la poca coca, y el pajote de madrugada con la imagen de dos rubias, una con su lengua dentro del ano de la otra, me supo tan a gloria bendita que me relajó hasta el sueño. Volví a ver a Lou Reed, y éste me llamó, Nes, ven, ¿quieres unos tiros? Vete a la mierda, hombre, vete a la mierda, Lou Reed… Será gilipollas, escuché en mi espalda, y vi a Keith Richards, el otro día me dio un puñetazo que casi me rompe la cabeza. Es un capullo. ¿Quieres meterte una anchoa de cocaína y cenizas de mi padre? Peores cortes me habría metido en el cuerpo, seguro. Aquel guitarrista demacrado era todo un campeón en cien suspiros esnifada, medalla de oro, insuperable. Me conformé con el segundo puesto de dos. Le pregunté si era cierto lo que se contaba por ahí sobre que se hacía diálisis y transfusiones para mantener la salud y me dijo que todo eso de los mitos del rocanrol era un rollazo. Preso del frenesí farlopero me cogió del brazo y me arrastro, vamos a espiar a Marilyn Manson el “sin costillas”, a ver cómo se retuerce para chupársela, jajajjajá…

El sábado ya me sentía mejor, me sentía francamente bien. Rozaba la misma temperatura febril del día anterior pero es de suponer que los medicamentos del corte de la droga y el alcohol benefician la salud. Quedé con Alexandra por la noche para tomar unas cervezas. No lo tenía aún decidido, pero algo me decía que aquella noche mi estado civil volvería a la soltería. No sabía por qué, pero lo sabía, como tantas cosas ya había sabido previamente del amor y de las cosas de los hombres…

12 Comentarios Estupefacientes »

  1. Pero qué vicio más malo!!!!! jajajaja
    39 de fiebre y arrastrándose como un perro y aún tiene ganas de enfarloparse, jajajaj jajjaaj mare mía, Nes, vaya cuerpo jota!

    Comentario por Lunera — 22 Mayo 2008 @ 13:11

  2. Este Nes, joder, pero mira qué golfo es ¿eh? Jjejejjé!!! Sarna con gusto no pica, dicen… y fiebre con farla no duele, jajajjá…!!!

    Comentario por Nes Oliver — 23 Mayo 2008 @ 9:25

  3. Me pareció brutal el encuentro en sueños con Lou Reed, pero el encuentro con Keith Richards me parece solemne… La broma con lo de la diálisis y que los mitos del rocanrol son rollos, mezclado con lo de esnifarse las cenizas del viejo y lo de Marilyn Manson, apoteósico, qué juego de frases más bien encadenado y qué buena broma y guiño a la historia del rock. No sé si tus lectores lo van a pillar, pero te lo has currado en un pequeño párrafo como el puto amo, tío. Quizás porque me veo muy parecido a tu personaje o porque me gusta la música como a ti, pero después del pequeño bajón de ritmo que supuso el inicio de la segunda parte, estás acelerando consecuentemente.
    Esta noche van a caer unos cubatas y unas rallas a tu salud.

    Comentario por Philip Morris — 23 Mayo 2008 @ 11:09

  4. Gracias, Philip Morris, nuevamente gracias.
    Veo que has entendido a la perfección los guiños a la mitología del rocanrol que he colado.
    Tienes razón, la novela pega un bajón de ritmo fuerte porque la vida del personaje da un cambio radical, y la narración se tiene que contagiar de eso, transmitirlo. Llegan muchas páginas nuevamente de sexo (viciosillos…), de drogadicción, de alcoholismo, de amor y desamor, de juergas locas, de traiciones y amistades… La vida vuelve.

    Comentario por Nes Oliver — 23 Mayo 2008 @ 15:58

  5. Casualidades de la vida, Nes. Sólo decirte que yo también escucho el jodido ruido de los motores de competición, y que yo también puedo ir andando hasta el ambulatorio de Parets, xD.
    Estamos cerquita, muy cerquita… Y ahora que lo pienso, ¿no serás tu el puto vecino del segundo que se tira las noches de farra en farra? Si, ese que no se le ve el pelo y sólo se le escucha… ¿eh?

    Un saludo ;-)

    Comentario por Squizophrenia — 23 Mayo 2008 @ 16:22

  6. Juajuajuá, Squizophrenio, juajuajuá… Putas casualidades de la vida, jajajá…

    Desde hace tres años vivo y en Sants y trabajo desde mi hogar. Esa época era una de las tantas de las que volví a casa de mis padres, que viven en la calle xxxxxx (omitido para que nadie vaya a tirar huevos a la fachada de casa de mis padres) de Parets. Si vives por ahí cerca seguramente vieses alguna vez el Mazda MX-5 del que hablo en la novela. No obstante me he criado en Mollet y allí es donde también están mogollón de mis colegas, y hasta tuve un local de copas en Santa Perpètua (aún toca hablar de ello, época con muchísimo juego).
    Joder con el destino… ¿Premoniciones de tu fantástica novela (Squizophrenia)?

    Comentario por Nes Oliver — 23 Mayo 2008 @ 16:45

  7. A ver si es un anticipo de lo que está por llegar. ¿Tú no serás editor a ratos libres que quiera comprar mi novela por unos cuantos miles de lereles, verdad?

    Gracias por los piropos, Nes. Estamos en contacto.

    Comentario por Squizophrenia — 23 Mayo 2008 @ 17:40

  8. Me has pillado, tío, soy editor a jornada partida, concretamente de 17:22 a 17:37 los lunes y viernes, jejejé. ¿A cuánto está el cambio euro-lerele? Depende de la cotización eso está hecho, brother, dalo por hecho.
    Ahora en serio. El proyecto de Diario Estupefaciente, siempre lo he reconocido, ha tenido y tienes dos componentes fundamentales
    - Que la gente lea lo que escribí (y lo que ahora escribo en tiempo real)
    - Experimentar en mis propias carnes la literatura blog y poder ayudar con ello a la cantidad de creadores buenos que no tienen una oportunidad porque no son conocidos y sin embargo tienen algo que decir, tienen algo bueno entre sus manos, en sus blogs, en sus cajones, en sus mentes…
    Llevo algo más de medio año dándole vueltas a ideas, investigando, informándome, pensando, y por ahora mano a mano con Robert D. Paz (un tío de puta madre y mejor escritor) estamos preparando algo muy guapo… muy guapo…

    Comentario por Nes Oliver — 23 Mayo 2008 @ 18:02

  9. Bueno, bueno, hoy ha sido el día de los descubrimientos… no había visto antes este blog (junto con otros) y me ha sorprendido sobremanera.

    Felicidades, aquí tienes una nueva lectora.

    Comentario por clementine — 26 Mayo 2008 @ 14:31

  10. Pues seas bienvenida, Clementine. Me alegro que hayas tenido una buena impresión, porque ha llevado muchas horas de duro trabajo escribir y mantener el blog, y mi recompensa es que personas como tú, totalmente desconocidas para mí, entren lean y con sus comentarios positivos me estimulen a seguir. Gracias por ello!
    Te recomiendo que empieces por las dedicatorias (donde se comienzan a plasmar muchos de los personajes) y sigas por el capítulo 1 de la primera parte.

    Un cordial saludo y que disfrutes de la lectura!

    Comentario por Nes Oliver — 26 Mayo 2008 @ 14:37

  11. Gracias a ti hombre, siempre es un placer disfrutar de buena lectura.
    Seguiré tus recomendaciones y empezaré por las dedicatorias.

    Saludos!

    Comentario por clementine — 26 Mayo 2008 @ 15:58

  12. Gracias a ti, en serio.
    Deseo de todo corazón que disfrutes de leer y que no te defraude…

    Comentario por Nes Oliver — 26 Mayo 2008 @ 16:03

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