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15 Enero 2008

Capítulo 2 - Mery - 2ª parte (…el tiempo pasa tan despacio en Sildavia…)

Categoría: Memorias, 2º Capítulo, Novela Blog — Nes Oliver @ 20:43


¿Sois de por aquí?, pregunté sabiendo de antemano la respuesta. Con aquellos acentos, chicas de Euskadi de vacaciones, llegadas directamente de Durango, pues como que no. Todas tenían acento claramente gallego. Respondió la chica morena, la de voz más pausada y calmada del grupo, Sí, claro; estudiamos en Santiago. Vocales muy abiertas. Proseguí, preguntando dónde podríamos ir a tomar unas copas esa noche. Malinterpretaron mi inocente pregunta pensando que les pedía que nos llevasen ellas de ruta. Se miraron entre ellas, asintieron, y comenzamos una conversación banal, que si una de ellas tenía familia en Barcelona y yo que sé, hasta que pasado un rato, la morenita, mirándonos, nos dijo bueno, os vamos a enseñar parte del Santiago nocturno. Estupendo, sin tener que pelear por estar con ellas. Nos despedimos de Alfonso, mayor y cansado, y marchamos con las cuatro muchachas.

Me las apañé con una urgente y disimulada llamada a Myriam, para que creyese que el menda ya se disponía a soñar morfeos. No fue complicado hacérselo creer. Tras un viaje tan largo era verosímil que estuviera cansado. Sin embargo mi intención era dejarme guiar por las chicas en la noche compostelana, que me habían comentado que era la bomba. La noche y las mujeres del noroeste…

Nos presentamos por el nombre, y de camino fuimos hablando de nosotros y de ellas. Resultó que las cuatro compartían piso de estudiantes. Y que eran todas totalmente diferentes. Por un lado teníamos a la belleza despampanante de Mery. La chica morena resultó ser Carol. Ambas eran la parte más interesante de las cuatro, las que se veían en el primer golpe de mirada. Quedaban Elvira y Ara, más tímidas y feítas.

Mery estudiaba Enfermería, después de haberse diplomado en Dietética y Nutrición y de haber hecho un año de Magisterio. Tenía veintidós espléndidos años. Era de Lugo, de familia bien. Sus abuelos aún eran terratenientes y disponían de miles de hectáreas de tierras y casas arrendadas, hasta aldeas enteras. Sea dicho de paso, bastante pija vistiendo, cosa que siempre me ha parecido vital a la hora de decidirme por una mujer. Era la mayor del grupo. Las demás tenían dieciocho o diecinueve años y estaban en primer curso. Mery era como una madre dicharachera para ellas, quien les resolvía las dudas sobre chicos y sexo, además de controlarlas y someterlas a una dieta rica y equilibrada.

Carol era de Ponferrada, León, y su voz suave, tranquila, era de aquellas que transmiten paz. Estudiaba Filología Hispánica y era una grandísima amante de la literatura, del teatro, del cine, de la música, en fin, de cualquier tipo de manifestación cultural. Una mujer con grandes inquietudes. ¿Físicamente? Morena, de complexión tirando a fuerte pero con cierto atractivo. Claro que el vestuario totalmente desaliñado y despreocupado, ropa ancha, hippie y de colores que podría definir como estrafalarios, no le favorecía para nada.

Elvira, pequeñina, poquita cosa, con gafas y trenzas, la voz subida doscientas octavas y el acento gallego más pueblerino que lleguéis a imaginar. Respondiendo siempre con preguntas, gallegona gallegona. Atractivo cero. Provenía de Ourense, de una familia de panaderos. Estudiaba Económicas y mostraba una personalidad bastante sumisa.

Ara, una gordita de buena familia, divorcio añadido, que se arrastraba torpemente todavía por la edad del pavo, poco dada a la charla pero sí a mirarme disimuladamente el culo pensando que no la veía. Era, eso observé, terriblemente caprichosa. Tanto como fea. No recuerdo de dónde era. Creo que estudiaba Derecho o Ciencias Políticas. Creo. Era la nota más discordante del grupo.

Dentro de la unión que había entre las cuatro existían dos filiaciones, por un lado el tándem Mery-Carol, y por el otro Elvira-Ara. Mis observaciones poco a poco se irían confirmando.

Anduvimos por la ciudad. Con gran sorpresa descubrí que gran parte del casco viejo estaba video-vigilada, por si a algún volado se le ocurriese atentar contra el patrimonio artístico y cultural de la zona. Y por qué no, por si algún día llegaba alguna revuelta estudiantil. Podría ser difícil controlar a una marabunta estudiantil tan abultada como la que hay en Santiago. Después de los atentados del 11-S contra las Torres del World Trade Center y los de las estaciones de tren en Madrid el 11-M, ya estoy acostumbrado a las más raras medidas de seguridad, pero entonces lo de aquellas zonas de control me pareció un atentado contra la intimidad, una barbaridad, a pesar de estar bien señalizadas.

Seguimos paseando. Era mi primer encuentro con una de las ciudades de todas las que he visto por el mundo que más me ha impactado. No. La que más. No podré olvidar el frío, la humedad, las mini-partículas de lluvia besando mi cara, el olor a un moho dulce y con siglos de antigüedad, o el imán de la ciudad. Una sensación panteísta, de unión a la Naturaleza y a la ciudad, se adueña de mí en Santiago. Días después pasé por primera vez por la puerta de la Catedral. Paré largo rato en la Praza do Obradoiro y entendí porqué los pueblos celtas habían elegido aquel lugar para erigir uno de sus castros y porqué una estrella decidió que a Iago se le enterrase allá. A pesar de estar repleta de gente (era año Xacobeo), una corriente magnética traspasaba mi cuerpo y me llevaba a una catarsis de paz. Un músico callejero, un señor mayor de barba y melena pobladas y blancas tocaba el violín. Miles de veces volví por la plaza y casi siempre lo veía tocando, siempre tocando, decenas de instrumentos diferentes, siempre tocando. Tocando en paz. Feliz. Me encantaba observarlo. Quizás Spinoza no puliese vidrios en Amsterdam, quizás hubiese sido un músico callejero en Compostela.

Yo, más sensible que David y bastante más interesado por los ámbitos culturales, no cesaba de preguntar mientras caminábamos, acerca de la ciudad, acerca de todo lo que iba viendo y me hallaba inmerso en conversaciones cuasifilosóficas ante el disimulado aburrimiento de mi compañero. En cuanto nos metimos en el primer antro no cesamos de beber. David bebía más: los temas de conversación no le interesaban en absoluto. Sólo el alcohol e intentar adivinar si una de ellas mostraba un cierto interés sobre él.

Rememoro escenas. Estoy engullendo tragos mientras explico la vida de Søren Kierkegaard en el Taraska. Entonces aún bebía Four Roses con Cola. El ron no entraría a formar parte de mi dieta hasta medio año después, una noche en León con mi amigo Pep en que, ebrios de Habana7-Cola y cocaína, me hizo pasar por Pau Donés, el de Jarabe de Palo, y todos pedían autógrafos. Pero eso llegará en capítulos posteriores.

Yo me fijaba en Mery más que en nadie, obvio. David hacía lo mismo. Ella, tímida y recatadamente, dejaba que fuese yo quien diera todos los pasos. Todo iba viento en popa a pesar de la imposibilidad de quedarnos a solas, estando todos juntos alrededor de la misma mesa. Esperaría. Bien valía la pena. Se notaba que ella se sentía igual de atraída por mí. Y la charla fue banalizándose de manera proporcional a la ingesta etílica.

Así, la borrachera y la búsqueda de algún otro garito abierto en las cercanías nos llevó a cuestionarnos la entrada en un karaoke. David y yo apoyamos la opción con excelsa alegría debida al cachondeo del momento. Entonces, con incomparable mejor voz y entonación que ahora, sin nódulos en la voz, sin la ya crónica afonía y sin la incipiente y leve sordera del oído derecho, aún podía cantar con cierta dignidad. Pedimos las copas y la lista de canciones. Casi siempre son las mismas listas sucias y plastificadas con las mismas canciones, pero las leímos una a una. Yo ya había visto un título, por lo que me acerqué a la barra y pedí la canción resultante a las simpatiquísimas camareras que reinaban detrás de la barra. En cuanto me dieron el micrófono me dispuse a entonar un cántico en homenaje a mi tierra, Mediterráneo, de Joan Manel Serrat:
[…]y escondido tras las cañas duerme mi primer amor, llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya. A fuerza de desventuras tu alma es profunda y oscura. A tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos como recodo al camino. Soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino, tengo alma de marinero. Y qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo, nací en el Mediterráneo[…].

Impresionante. No puedo evitar que se me pongan los pelos de punta (me se ponga la gallina de piel que hubiera dicho Xavi) al escuchar esta canción. Me encanta. Hubo algún que otro aplauso, incluso. Al rato, David y yo nos propusimos destrozar un tema de Pimpinela, aquel que decía:
Pom pom. ¿Quién es? Soy yo. ¿Qué vienes a buscar? A ti…

¿La recordáis? Sí, claro. Es muy típica. Mis amigos Los Mojinos Escozíos interpretan un homenaje muy divertido de este tema. En vez de date la vuelta era abre la puerta… Pero bien, David cantaba haciendo el papel de chica, con tono de voz desternillantemente divertido. Jamás escuché tantos gallos juntos, ni en una granja de ponedoras. A mí me tocó el personaje masculino, exagerando sobremanera mi tono, ya de por sí grave. Resultó muy humorístico. La performance del último trozo la interpretamos subidos a sendas sillas para dar mayor énfasis y para que el público presente pudiese vernos mejor y nos hicieran coros. El personal aplaudía, querían que siguiéramos cantando, y nuestras amigas casi lloraban de la risa. Nos dejamos querer por la gente, que incluso venía a saludarnos y murmuraban, son graciosos estos catalanes.

Dejamos los micros para volver con las chicas, riendo y (claro) bebiendo, y bebiendo, y bebiendo, y fumando, y fumando, y bebiendo… Con los efectos de la aún mayor desinhibición alcohólica, y revisando nuevamente la lista con la máxima atención de la que fui capaz, hallé un clásico de los 80 del rock nacional, Hormigón, Mujeres y Alcohol de Ramoncín, uno de sus primeros éxitos y el tema que casi todo el mundo conoce de él. Lo inicia una armónica genial. Cuál fue mi sorpresa al descubrir una voz que acompañaba a la mía. Aquella preciosa gatita de ojos marinos se había apoderado de otro micrófono para cantar conmigo, sin arrancar su sensual mirada de mis pupilas. Creo que estoy reviviendo aquel momento, aquel éxtasis brutal, aquella mirada clavada en mí mientras la mía hacía lo propio, desnudándola y amándola allí mismo. Litros de alcohol corren por mis venas, mujer, no tengo problemas de amor, lo que me pasa es que estoy loco por privar. Y a mí que no me hace falta mucho para fliparme con la música que me gusta, para alucinar, pues os podéis imaginar. Una chica de ensueño cantando conmigo y gozando como yo de la música y de la situación. Disfruté de la canción y entré en un estado de cataléptica vibración a su lado. Catarsis lo llamaban los antiguos griegos. Ni me acordaba de Myriam en esos mágicos minutos. Empezaba a tener un gran problema. Esa chica me gustaba, pero mucho. El complejo de culpabilidad que arrastraba por mi pareja nunca era argumento suficiente para impedir mi innata infidelidad. Me sentía culpable después de ser infiel, pero lo era, y mucho… Pero algo, un instinto premonitorio quizás, me informaba gritando por dentro que aquello podía ser más que un pequeño desliz. Supongo que el ello de mi mente las estaría pasando putas ante el inusitado aluvión de pensamientos y sentimientos subconscientes. Y tenía aún doce días por delante para comprobar hasta qué punto aquello tenía posibilidad de ser más que un desliz.

Se hizo asquerosamente tarde. Marchamos a dormir, acompañándolas primero a casa. Ante todo caballeros. De camino, con la euforia del puntazo alcohólico que masticábamos, y aún empapados de buen humor por el rol femenino que tan divertidamente había imitado David, a alguna de ellas se le ocurrió que podíamos cenar juntos al día siguiente. Así fue como nos invitaron a su casa. Nosotros traeremos el vino, algún buen vino catalán, acerté a decir rápidamente, antes de que cambiasen de opinión. Y para que no hubiese fallos a la hora de quedar para la cena, Mery y yo intercambiamos los números de teléfono móvil. Nos querían acompañar de nuevo al hotel, pero dos intentos de caballero no lo permitieron. Nos explicaron el camino de vuelta y nos despedimos. Las tantísimas de la mañana. Me eché las manos a la cabeza. Apenas quedaba tiempo para descansar. Aseguro que aquellas dos semanas fueron las de menos dormir en toda mi vida, con radical diferencia. Dormí menos, incluso, que la temporada ibicenca. Y eso a pesar de las presiones y tensiones que llegaría a acumular y al brutal desgaste físico.

Llegamos agotados a las habitaciones, una junto a la otra, y David me pidió el número de teléfono de la rubia, a lo que me negué, argumentando que me lo había dado a mí y era porque sólo quería que yo lo tuviese. Eso le jodió: su mirada y el volumen de la voz le delataron.

- Eres un bastardo. Ya veremos quién se la follará -. Me apuntó con el dedo, amenazante.

- ¡Yo, por supuesto! -, y varias veces, que me ha gustado mucho. Me fui a dormir, no me aguantaba en píe. Bueno, dormir, lo que se dice dormir, más bien no. Cerré un rato los ojos, no sin antes enviar un SMS a Mery, no demasiado directo pero claro y certero. Algo así como que me habían caído genial, que me lo había pasado en grande, que había alucinado cantando con ella, que me había encantado y que anhelaba que llegase la cena del día siguiente para volver a verla. Y buenas noches. Resumido en 160 caracteres, claro. Teléfono apagado, no llegaba el acuse de recibo. Mientras, David en su habitación hacía aproximadamente lo mismo que yo; sin yo saberlo, claro. Juego sucio. Había escuchado el número de Mery y lo había apuntado. El muy cabrón ya lo tenía. Me lo había pedido sólo para comprobar hasta qué punto éramos rivales en esa contienda. Rivales a muerte. Dos animales salvajes dispuestos a una encarnizada lucha sanguinaria por conseguir a la hembra, por demostrar cuál era el mejor para la procreación, quién sería el líder de la manada. Si bien no buscábamos procrear exactamente, ni liderar ninguna manada, sí buscábamos sexo. Celo de gata montesa. Ambos deseábamos a Mery.

Y así, ya casi sin pensamientos, caí rendidamente dormido.

Ese fue el primer encuentro con Santiago de Compostela y con ella. Aún yo no sabía que esa noche marcaría mi vida con el rojo del hierro candente de la memoria. Pero no me saltaré escenas, las cosas a su debido momento. Y por este momento ya es más que suficiente. Así acabó la primera noche…

10 Comentarios Estupefacientes »

  1. Ei Nes…!
    Angelote me comentó que tu libro estava colgado en internet y, sorprendentemente, solo he tardado 48 horas en buscarte. Supongo que la curiosidad antes de matar al gato lo convierte en experimentado felino callejero, verdad?

    Aunque no coincidimos en nuestra adolescencia, lo poco que te he visto ya de adultos me ha gustado y provocado muchas preguntas que a medida que te vaya leyendo irán despejándose.

    Me gusta como escribes y me gustan tus emociones y devociones. Te sigo de lejos gracias a la oportunidad que me brindas.

    Saludos de la familia del Pool&Beer89.

    Comentario por SlowJames — 17 Enero 2008 @ 16:32

  2. Jjajajajá, Slow James, jajjaja… Jaime el lento, jejejejje…
    Joder, me alegro mucho de leer tu comentario. El Angelote haciendo publi, jejejjeé…
    Pues aquí estamos, más liado que la pata de un romano, con muchos proyectos nuevos de por medio. Afortunadamente la apuesta que hice para montar mi propia agencia de publicidad ha dado resultados fantásticos y hace poco montamos una nueva empresa con un objetivo muy concreto, que es ayudar a escritores desconocidos a promocionar su trabajo. És muy difícil promocionar la literatura en este país, por eso quizás el futuro de los noveles sean los blogs. Y el experimento, como siempre, lo probaré en mis propias carnes. Si consigo 100.000 lectores (este es el objectivo), podremos conseguirlo también con otros escritores desconocidos y abrirles el camino.
    No es lo mismo vender una novela autopublicada a 100 colegas y quedar en el olvido que utilizar internet, conseguir un huevo de lectores y tener la oportunidad despues de poder publicar otras obras en papel sindo conocido, ¿no crees? Ya te iré enviando info de los nuevos proyectos internautas, jejjeé…

    Per lo demás, he pasado en varias ocasiones por el Pool, pero nunca os he encontrado a ninguno, y trabajar tanto como lo hago y vivir en el centro de Barcelona me aislan del tiempo libre que otrohora había tenido. Deberíamos organizar una quedada de “Viejas celebridades” i liar una fiesta en plan “boda gitana”, hasta que el cuerpo aguante, ¿no?

    Una forta abraçada, Slow James!

    Comentario por Nes — 17 Enero 2008 @ 18:56

  3. Aquí coloco mi “marcapáginas”, ya estoy enganchada…

    Comentario por Sux — 10 Febrero 2008 @ 13:40

  4. Hola, Sux:
    Bienvenida a este excitante proyecto que tantas alegrías me está ocasionando durante lo que llevamos de año 2008. Pasa y acomódate, tenemos sitio de sobras. Y espero que sigas disfrutando de la lectura conforme pasen los capítulos y que la novela te siga “enganchando”, como estupefaciente que es. Ya sois más de 2.000 “yonkis” de este diario rocanrolero y espero que lleguen muchos más…
    Salud y besos!

    Comentario por nes — 10 Febrero 2008 @ 15:43

  5. ¡Hola!

    Me encanta. En serio. Cuando describiste la sensación que te describió Santiago, casi se me saltan las lágrimas. Llamémosle patriotismo cutre o lo que sea.

    El caso es que me enganché como una posesa, y a partir de ahora me pasaré ;)

    Bicos!

    Comentario por Thaly — 30 Marzo 2008 @ 20:12

  6. Bienvenida, Thaly, a esta historia sobre la vida.
    Ponte cómoda, porque si la novela llega a gustarte, embargándote el corazón, tienes para una larga temporada de lectura, ya que en este momento ya estoy preparando la segunda parte.
    Santiago es una ciudad mágica, quizás la más mágica de cuantas he visitado con el paso de los años. Aún pienso en Compostela y se me ponen los pelillos de los brazos de punta y un escalofrío me recorre eléctricamente de arriba abajo. No es patriotismo cutre lo tuyo, es sensibilidad con tu ciudad. Cómo me gustaría ahora pasar por la Praza do Obradorio y ver si siguen por allí los músicos ambulantes, por lo menos un enigmático señor de barba y pelo blanco que me deleitaba en aquella época tañiendo antiguas melodias celtas… Ayyyyy, morriña…!!!

    Moitos biquinhos, Thaly, espero qué te guste!

    Comentario por Nes — 30 Marzo 2008 @ 20:56

  7. Hola tio , me he enganchado hoy a tu novela y me esta dando la vida esta mañana de lunes . Ahora tengo 36 y me estas ebocando a esa juventud que perdi y que tanto me eboco a vezes . Eso si me has llenado de nostalgia y recuerdos de las tropelias corridas en esa Salamanca de mi juventud en que nos emborrachabamos a ritmo de tangos y bohemia . Gracias por alegrarme el lunes , te sigo…

    Comentario por FER — 28 Abril 2008 @ 14:44

  8. Apreciado Fer,

    gracias por el comentario, y gracias por las palabras. Creo que el objetivo real de cualquier obra de artes es triple: entretener, hacer pensar y hacer sentir. Joder, la juventud en Salamanca también tuvo que ser la hostia, vive dios que sí.
    Lo que me sabe mal es que hablas de aquella época con demasiada melancolía y hablas de vejez. Tío, eres joven con 36 años, muy joven. Yo tengo 32 años ahora y sigo siendo un cabestro de mucho cuidado, jajajá. Y mi amada Raquel ya cumplió los 35 y nadie le echa más de 25, te lo juro. La edad la marca el espíritu y las ganas de vivir.

    Espero que disfrutes de la lectura!

    Comentario por Nes Oliver — 28 Abril 2008 @ 20:31

  9. que bueno se esta poniendo esto!!!!!!

    Comentario por limo — 18 Abril 2009 @ 4:27

  10. Pues espero que disfrutes de lo que sigue (y disculpa por tardar tanto en decirte algo!)

    Comentario por Nes Oliver — 30 Abril 2009 @ 3:33

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