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20 Enero 2008

Capítulo 6 – Mery y Nes – 2ª parte (…no hizo otra cosa que dejarse llevar…)

Categoría: 6º Capítulo, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 21:28


Prosigamos con la historia. Llegué y busqué aparcamiento. No era difícil en aquella zona. Pulsé el timbre y alguien abrió. Subí escaleras arriba, la puerta abierta. Entré y escuché voces en el salón, a donde me dirigí. Allá estaban. Todas menos la fierecilla de ojos profundos. Carol y Elvira embelesadas con cualquier cosa que dieran en aquel momento en la tele y Ara estudiando para algún examen de Pensamiento Político y Económico. Al verme aparecer recordó que el día anterior o el otro yo había comentado anécdotas sobre mis estudios de Filosofía, y quiso aprovechar para que le explicase nosequé que no tenía muy claro sobre Hobbes y Rousseau. Tema de asignatura de primer curso, si el hombre es un lobo para el hombre (egoísta) o si es bueno por naturaleza (ingenuo). Mery apareció desde detrás. Aunque no iba arreglada para salir iba muy guapita. Abandonada la ropa más informal, llevaba tejanos (qué fenomenal le sentaban ajustados en su formidable trasero) y una camiseta ceñida negra. Los dos vestíamos casi igual. A excepción de las zapatillas de andar por casa. El pelo limpio y suelto, ondulado. Los ojos radiantes, gatunos, animales. Su aroma me envolvió, atontándome lascivamente durante unos segundos. Segundos en los que si no hubiera sido por mantener las formas de la seriedad, la decencia y la prudencia, hubiera saltado sobre ella a devorarla, seguro, como cualquier salvaje animal de presa, inconsciente de la belleza que destruye al asesinar fieramente a su víctima.

No se encontraba muy bien. No tenía hambre y prefería quedarse en casa. Intenté en vano convencerla de ir a tomar algo por ahí los dos, pero su argumento de no encontrarse bien rompía uno a uno mis posibles silogismos disyuntivos…

Dudé de mi sex-appeal no sabiendo exactamente a qué ceñirme. O no le gustaba, o le daba miedo estar conmigo a solas, o le daba vergüenza, o realmente se encontraba enferma. Ante la duda siempre hay que seguir investigando, claro está. Y eso es lo que hice. Sin ser un gran discípulo de Galileo, observaría. Desistí abiertamente de sacarla de casa esa noche, no sin antes hacerle prometer, jurar y perjurar por el niño Jesús que, si al día siguiente se encontraba mejor, aceptaría mi invitación. Me impregnó de sonrisas cuando, fingiéndome muy serio, la obligué a esos juramentos diciéndole que no se riese, que era pecado mortal reírse mientras se jura por Jesusito-de-mi-vida-eres-niño-como-yo. Así quedó la cosa después de casi mearnos encima con la tontería. Carol, Ara y Elvira también reían a brazo partido.

Relajado y ya en el sofá, sorprendí al deseo con la maligna intención de apoderarse de mi débil voluntad a trompicones, sin orden ni concierto, como una orquesta en la que todos tocan a la vez sabiendo que rompen la harmonía, pero es que todos quieren tocar. Como no se oyen, cada uno de ellos toca más fuerte para escucharse, así el otro y el otro y todos, hasta que el ruido es ensordecedor. Y ese deseo me podía, era poderoso. La deseaba, la deseaba, la deseaba. Era tan ideal, tan bella, tan rutilante, tan interesante… Tan bella, tan majestuosa, tan sensual… Tan fatídicamente bella. Los sentimientos se me disparaban a bocajarro, a cargador de seis balas asesinas por mirada seductora.

Sin embargo, a pesar de ello, pude aguantar el tipo sin aliviar los efectos de los sofocos. Sin ni siquiera ducha fría, que me hubiese venido de perlas.

Pienso ahora en la primera vez que vi actuar a la pareja real y artística de Bogart y Bacall. ¿Fue en Tener o no tener? Como me recordaste a ella aquella noche, y muchas más después de aquella. Las dos, felinas, femmes fatales, enérgicas, vitales, duras, independientes, apasionadas, y con un aura melancólica y triste, un aura misteriosa en vosotras… Pero con pinta de entregarlo todo amando. Por eso, por lo que me recordabas a Lauren Bacall te transfigurabas en ella para mí, tu Humphrey. Lauren Bacanal te rebautizaste. Nos apasionó la bella historia de amor que vivieron juntos. Una historia de amor de cine, no podía ser menos. ¿Cómo la que nos tocaría vivir a nosotros? Yo también tuve mi flauta, ¿recuerdas?, aquella que crearon unos pequeños duendecillos y que me regalaste una noche mágica en Bretoña, aquella que tenía que hacer sonar cuando te necesitase. Ayer el azar me la devolvió al abrir casualmente el cajón donde dormita a la espera de que alguna ninfa me instruya en el arte de crear sonidos con ella. Tarde ya para necesitarte. Más tarde aún para olvidarte definitivamente.

Cuando empecé a escribir sobre ti no sabía exactamente qué me había llevado a ello. Ahora me viene a la mente. La flauta me ha permitido recordar. Estos últimos días, antes de empezar a escribir nuestra historia, anduve haciendo juegos místicos y adivinatorios con el I Ching, el libro de la física china, también utilizado como tarot, el que tú me regalaste. Y en la estantería de mi habitación hay dos cuadros tuyos, el H. Matisse 52 y otro que representa nuestras caras. También por el diminutivo del nombre de mi sobrina: Meri. Supongo que mi subconsciente recibirá a diario esos estímulos y por ello dictaminó que era el momento de sacarte de la chistera, de rescatarte del olvido en el que nunca te incineré, de plasmar una gran historia de amor en un libro. De hacer de nuestro pasado poesía. Me escribiste una vez en la dedicatoria de El Amante de Marguerite Duras: “Este libro habla de una gran historia de amor… Diferente que la nuestra, pero casi tan grande como la nuestra…”. Algo que ha sido tan grande debe darse a conocer. Por ello deberás entender que haya decidido plasmarla en forma de prosa inflamada.

Me había quedado en tu observante aparición mientras hablaba con Ara de filosofía política, en las risas de los juramentos arrianos y en lo mucho que te deseé, ¿no?

Seguí hablando, creo que de Marx, o quizás del alemán que sólo salió una vez de su pueblo, un tal Kant, cuando Mery frenó su universo para escuchar mi disertación. En sus ojos pude leer la admiración que me profesaba en esos momentos. Le gustaba y le gustaba aún más por lo que observaba de mis capacidades intelectuales. Exactamente me sucedía lo mismo con ella, salvando las distancias de su belleza. Creo que en ese momento, en ese instante de fugaz cruce de miradas, empecé a quererla, ¡más!, empecé a amarla. Sí, antes de tocarla, antes de besarla, ¡ya la amaba! Y en aquella ínfima fracción de tiempo supe que cuando amas y te aman debes hundirte en la mirada del otro tanto como verte reflejado en dicha mirada. Así es el amor. Aquello era amor…

Sí, fue durante esa zambullida visual en sus retinas cuando me percaté: sentíamos lo mismo. Era totalmente ilógico e irracional, pero ahí estaba. ¿Habría surgido una alocada chispa abrasadora en algún punto alejado de cualquier galaxia alejadísima, que en interposición con Escorpión y Aries nos habría influido en la séptima casa natal de algún plano astral cercano a Orión, contando además que al día siguiente habría luna llena? Yo qué coño sé… Pero mi corazón cabalgaba encabritado, loco como él solo, y por momentos se me salía del cuerpo queriendo entrar en el suyo. Sentí que sus latidos y los míos iban acompasados. En aquel segundo no sabía por qué me sucedía aquello, pero saqué todas mis banderas blancas y volví a rendirme ante la imposibilidad de luchar.

¿Fue antes o después de cenar? Bueno, de hecho, ¿cenamos aquel día? Solamente sé que nos quedamos sin tabaco. Bajamos Mery y yo, claro, nos tocó; éramos los únicos que vestíamos con decencia y decoro. Se calzó botas negras para salir. Los dueños del bar, que también las conocían, muy amables ellos, tanto como cotillas, le preguntaron si yo era su mozo (que horripilante sustantivo). Sonrió sin responder. Al entrar otra vez en la portería, yo tras ella, cegándome con el bamboleo de sus caderas y con la redondez de aquel maravilloso trasero, de repente se giró, clavó sus verdes pupilas en mi yo y profirió un clarísimo uiuiuiuiui. ¿Miedo?

- ¿Qué te pasa? - Preocupado. Incluso me asusté.

- No. Nada. Cosas mías - Brillaba timidez.

Antes de que se cerciorase, antes de que se girase para seguir subiendo escalones, mi materia gris, habiendo dado con la definición léxica de aquel uiuiuiuiui como un me estás empezando a gustar y no quiero/debo/puedo, articuló espasmódicamente mi masa corpórea hacia ella para fundirnos en el primer beso.

No tengo palabras. Mejor de lo que esperaba. Siempre fui de los que apenas se inmutaron por un beso y ese me impactó. Bebí de ella y calenté mi fría alma con ella y me deshice y me volví a solidificar en sus labios y mi corazón voló apoyado en su pecho y mis manos acariciaron y malearon aquellos formidables glúteos. Sentí que la quería más incluso de lo que hasta aquel instante había querido. Estaba confuso, vacilante. Y por descontado, totalmente perdido por ella. Lo bueno es que parecía que ella estaba igual que yo. Recíproco. Pasional, salvaje, visceral. Uiuiuiuiui repitió; yo la imité, uiuiuiuiui. Reímos acabado el ascenso de escalones. Nos precipitamos al salón con las niñas (a partir de ahora, cuando tenga que hablar de ellas, las llamaré así, las niñas, la forma que tenía Mery de designarlas), sin saber muy bien cómo actuar, pero contento por haber tenido unos segundos de intimidad y haberlos explotado para dar el primer paso de contacto. Un genial primer paso. Un genial primer contacto. Queríamos más, pero con recelo y muchas dudas.

Nunca fui lento para el sexo. Siempre que me ha gustado una chica me lo he montado para acostarme con ella durante la primera noche. A partir de ahí es cuando uno se plantea cuánto le gusta esa persona, cómo lo ha pasado con ella, etc… Con Mery, sin embargo, llegó antes el sentimiento. Y por ello la situación iba bastante más lenta de lo habitual.

Navegando mis neuronas en las aguas de la divagación, la horrible misma melodía del Alcatel del día anterior me sobresaltó. ¡Mierda, Luís!, profirió mientras saltaba impelida por una energía desbordante hasta el que supuse que era su cuarto. Más que nada porque era la segunda vez que la veía entrar allí.

¿Luís? Nombre de capullo integral. No me caía bien. Seguro que era un musculitos descerebrado… Yo solito me dejaba llevar por tonterías que, en el fondo, únicamente eran para distraerme de un inicio de celillos debidos a que me gustaba demasiado esa chica. Pero sí resultó ser un musculitos descerebrado. Ya lo veréis…

Volvió con la cara pálida, seguro que todavía de la impresión y del sobresalto. De pronto vibró mi bolsillo y una melodía harto conocida y en un volumen crescente me avisaba, ¡oh, no!, seguro que es Myriam, de que alguien me requería por las ondas electromagnéticas y digitales. ¿Myriam? No, David Uannai. Lo leí en el display pero lo hubiera adivinado por la voz, no era necesario mucho para ello, tanto como para advertir que estaba totalmente borracho. En un perfecto catalán alcoholizado entendí que me llamaba hijoputa y decía que cualquier día de esos llamaría él mismo a Myriam para contarle todo, si no decidía matarme antes de un puñetazo. Colgó. Llamé yo, pero una voz cantarina (a la que odio casi tanto como a los tunos de todas las facultades del mundo) me informó de que el número marcado estaba apagado o fuera de cobertura. Ya me había dejado intranquilo, con un ay en los ventrículos. Nuevamente el móvil, otra vez este loco, imaginé, y al mirar el visor y ver en perfecta letra Arial de imprenta el nombre de Myriam, quise morir durante unas horas y destensarme y descansar… Colgué. Pregunté dónde podía hablar tranquilo, a lo que Mery señaló su habitación, hacia donde me dirigí. Ni encendí la luz, así no me entretendría con nada y llamé desde el móvil de empresa…

6 Comentarios Estupefacientes »

  1. me encanta tu obra tronco (no soy gay )
    por que no la publicas, seguro que te forras.
    me gusta por que me identifico con muchas de tus historias vividas.

    un abrazo, genio

    alexis

    Comentario por ALEXIS PUERTO UBEDA — 7 Mayo 2008 @ 15:12

  2. Apreciado Alexis,

    Me alegro que te guste la lectura. Creo que no tiene nada que ver el que te guste algo con que pueda gustarte el autor, jejejjeé, no te llamaremos gay por ello, jejejé…
    Te agradezco también los ánimos publicadores, pero no creo que me forrase con la novela… ¿Quién iba a pagar por leer lo que está en la red gratis? Afortunadamente nunca dejé mi subsistencia en manos del objetivo de publicar, porque la cosa estaba chunga, jajjajá.
    Es probable que encargue una edición para los lectores, firmadita y bien dedicada, pero para eso tengo que sacar algo de tiempo, y siempre voy de culo con el trabajo. Os mantendré informados. Y en cuanto tenga un momentito también colgaré la versión en PDF, para aquell@s que se agobien de leer en blog…
    Bueno, Alexis, lo dicho, tío. Encantado, muchas gracias y que sigas disfrutando de la lectura!

    Comentario por Nes Oliver — 7 Mayo 2008 @ 20:52

  3. El guiño del Lam del Stairway me ha llegado amigo.
    Hay versión en PDF? Es que así es un poco coñazo.
    Me identifico mucho con el rollo musical. Soy músico, guitarrista y amo el rock. Animo

    Comentario por Jimmy jasonRup — 17 Agosto 2009 @ 13:43

  4. Jjajjajá, Jimmy, está todo lleno de guiños a canciones, unos muy evidentes (llevan un link para que leas la letra) y otros no tanto. Realmente concebí la novela como una sencilla ópera rock en la que cada capítulo correspondía a un tema (es lo que tiene ser tan mal músico como yo, que tengo que componer escribiendo prosa) y en la que cada capítulo estaba definido dentro de un estilo musical. Verás que hay capítulos más acelerados, puro punk, otros relajados, baladas, otros son rock de los 60, coches potentes y zapatos de gamuza azul…

    Si te mola más leerlo en pdf te lo envío por correo. Eso sí, te agradecería que cuando lo leyeses me escribieses comentándome qué te ha parecido, ¿te parece el change?

    No obstante, en pdf sólo está la primera parte, en la segunda parte estoy trabajando… aunque el curro no me deja tiempo ahora, joer.

    Salud y rocanrol compañero!

    Comentario por Nes Oliver — 17 Agosto 2009 @ 13:58

  5. No te líes. Somos dos colegas que estamos leyendo desde el mismo iPhone y se han mezclado los nicks. Nos estamos peleando por la calidad y profundidad de tu obra. Salu2

    Comentario por Rup — 17 Agosto 2009 @ 13:59

  6. Pues también un placer conocerte a ti. Ahora entiendo lo de preferir el PDF, es incómodo leerlo desde el iPhone. Espero que os llegue.

    Un abrazo!

    Comentario por Nes Oliver — 17 Agosto 2009 @ 14:11

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