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22 Enero 2008

Capítulo 9 – Qué noche la de aquel día (¿…por qué narices debería entonces quejarme…?)

Categoría: 9º Capítulo, Diario, Novela Blog — Nes Oliver @ 3:15



Después de estar casi tres semanas sin meterme ni una puta raya, tuve que cagarla. Estaba escrito. Fui a ver a Ángel al pub donde trabaja. Me habían dicho que Alain, el dueño, buscaba a alguien para abrir los días de diario otro local de copas que tiene. Me pareció que mientras finalizaba la laboriosa redacción de ésta novela podría compaginar el escribir con servir copas. Tenemos a un tiro de piedra las fiestas navideñas, la época en la que más pasta se puede ganar en la hostelería.

La única manera de poder hablar con Alain era ir a Fashion y allá fui. Mataba dos pájaros de un tiro. Hablaba de negocios y aprovechaba también para ver a Angelito. Finalmente Alain no me contrató. Prefiere una chica para ello, Ana, que está mucho más rica que yo. Mucho.

Está claro que aún no soy capaz de salir sin alcohol y sin farlopa. Porque bebí y se me calentó demasiado la nariz. Bueno, y todo lo calentable.

En Fashion conocí a tres francesitas que estaban solas, de vacaciones. Extraño lugar Mollet como para ir de vacaciones. Y claro, bebí, bebí, bebí… Tanto como ellas. Geraldine. Sabía que se moría por unos pocos besos, por ello se los di. Y por calentar mis labios. Decían que venían a ver monumentos. Que yo era precioso. Casi como un monumento. ¡Joder, qué alegría! Ojalá todas las mujeres fueran así de amables y cariñosas conmigo, que yo lo soy con ellas, ¡cojones! Entiendo que tanto piropo era cuestión de la dificultad del idioma, porque apenas hablaban castellano. Pero uno se deja engañar, uno se deja querer. Mañana dicen que me llamarán. Ya veré si tendré ganas de quedar…

Ahora voy botando por los asientos de atrás de un taxi, de vuelta de una transacción ilegal en la Zona Franca, de joder tantos días de dura abstinencia drogadicta y alcohólica… Los cubatas que gratuitamente me brindó Ángel, el sentirme atractivo para las francesitas, para mi gabachita, y la noche aún no olvidada del todo, se unieron de manera inconsecuente… Resultado: incoherencia y huida a una zona marginal de polígono de Barcelona (Zona Franca) donde durante las veinticuatro horas del día, y aunque no te conozcan, te venden la mejor cocaína a peso real de la orilla derecha del Llobregat. Entras en una casita de planta con la pasta y sales con la droga, sin explicaciones y sin preguntas. No veas el trasiego de gente buscando lo mismo que nosotros… Hale, a drogarnos juntitos. No hay que dejar de lado ni olvidar que, por puta desgracia, las costumbres son costumbres. Y la costumbre con Ángel es la de juntarnos y bufar, esnifar. A veces hay una gran diferencia entre lo que quiero y lo que debo.

Creo que a pesar de la nimia escapada con la gabacha, querría estar contigo, Alexandra, amor. O quizás con la adolescencia de Nadia. Pero no estabais cerca para abrigar mi congelado corazón. Debería enterrar con las siete lápidas de la desmemoria a todas las hembras, lo sé, Alexandra. Incluyendo a Nadia. Pero es tan difícil.

Rayas con José el taxista mientras va conduciendo. Después de tantos días de inactividad parece que perdí parte del hábito. Y me pone esquizofrénico, un poquito alterado de los nervios. Cuando hasta ahora apenas notaba efectos hasta meterme unas cuantas. ¡MIERDA! O no. Ojalá me sentase mal. Todo me sería más fácil.

Casi a las nueve de la mañana, aún bebiendo y rayándome con Ángel, inmersos en el olvido de nuestros propios infiernos particulares, recibí un SMS de sR.cueRvo, alegrándome enormemente. Él, que para mí es un artistazo de los píes a la cabeza, me decía que acabase de una puta vez este libro, que es buenísimo y que le he sorprendido sobremanera. Le dejé guardado en una carpeta del ordenador el capítulo donde hablo de la Teoría del Eterno Retorno. ¡Y le ha gustado! Más fuerzas de flaqueza he de sacar para acabarlo. Me ha animado de forma grandiosa el que a una persona tan creativa le haya gustado un pequeño reflejo de esta novela. Y que conociéndonos como nos conocemos le haya podido sorprender, teniendo en cuenta lo críticos que somos siempre el uno para con el otro, para pulir así grandes creaciones. Tengo que escribir una puta buena canción para él. En cuanto acabe la novela, evidentemente. Seguro que no le gustará, no obstante. Le encantará mi literatura, pero lo que son mis canciones, va a ser que no. Es un mamón a veces egocéntrico y sólo considera buenos sus temas. Tendré que refregarle por las narices la novela cuando sea reconocida…

1 Comentario Estupefaciente »

  1. voy en el capitulo 9 y la verdad es que llevas muy bien la historia, te quiero preguntar.. esta el libro a la venta?? me gusto para regalarselo a mi hija que tiene 15 años y me late para que lo lea.
    saludos…

    Comentario por Fany — 22 Abril 2010 @ 23:03

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