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24 Enero 2008

Capítulo 11 - ¿Mediocridad? (…no hay nada por aquí, no hay nada por allá…)

Categoría: Capítulo 11, Diario, Novela Blog — Nes Oliver @ 13:21



Dejemos en nuestra memoria la escena en Pause durante unos minutos que voy a otras cosas. Esta noche me encontré con Laura y Jesús, su novio. Él, simpático como siempre, de esas personas que inspiran paz. Ella una amiga de la infancia. La vida está repleta de casualidades cada veinticuatro horas. Después de meses sin vernos me encontraron bebiendo unos tragos. Laura es de las personas que aún sin tener una relación amistosa del día a día, me quiere desde lo más profundo de su corazón, me quiere con verdadero amor fraternal. Y siempre ha sido muy crítica conmigo. Tanto como lo es en su trabajo, crítica literaria en una revista de ámbito comarcal. Después de estudiar Filología Hispánica se decidió a complementar su carrera cursando Teoría de la Literatura Comparada, carrera de segundo ciclo.

Ante la cuestión de qué hacía con mi vida, le comenté la osadía de estar escribiendo esta novela.

- Nes, déjate de tonterías y ponte a trabajar, tío. Vuelve a las ventas como tantas veces te han ofrecido. ¿No te llamó Albert hace poco para volverte a fichar? ¿A qué esperas…?

- Que es una novela muy buena, en serio.

- Nes, sabes que te considero una de las personas más inteligentes que conozco, pero me hablas de algo que no es sencillo.

- ¿Ni siquiera te da un poquito de curiosidad leer algo de mi libro? Mira que lo llevo encima en la PDA.

- ¿En dónde?

- En este ordenador de bolsillo - que saqué de mi chaqueta, mostrándoselo.

- Anda, trae que lo ojee.

No estaba para nada convencida, pero se involucró para ponerme contento. Cargué el Word y la dejé leer largo rato, harto concentrada. Hubo momentos en los que hasta lloró. Renglones sobre nuestro amigo común suicidado, está claro. Una vez acabó, con gran alegría para mí, y tal como con mi córvido Iván, se desató en elogios ante los tres capítulos que se irradiaron ante sus pupilas. Las frases que más eco hicieron en mi mente para explicar lo que había leído fueron

- No me lo puedo creer, Nes. Es muy bueno. Tengo ganas de leerlo ya…entero. Si verdaderamente el total es como la parte que he estado leyendo, lo publicarás. Y me debes entonces que te prepare la presentación en la librería de La Illa de Mollet. No puedes llegarte ni a imaginar la ilusión que me haría, conociéndote cómo te conozco de casi toda la vida. No dejarás nunca de sorprenderme. ¡Te quiero, Nes!

Imaginaos toda mi piel cacareando. Jesús, con su peculiar y genial sentido del humor, preguntó: ¿Y a mí qué? A ti te amo, mi vida. Tenía ante mí un bello momento de romanticismo ortodoxo, besos castos y miradas. Eau d’Amor se respiraba gratamente y sin enturbiamientos en aquel ambiente de alcohol y humo. Y claro, entre la charla, las copas y el no cesar de fumar, noté cierta desestabilización de mi sistema de Seguridad y Equilibrio. El GPS y los Localizadores de Situación funcionaban, eso sí, a la perfección. Conecté el ABS y el Control Antipatinamiento de Píes y a velocidad moderada me dirigí al lavabo con la sana intención de evacuar litros de combustible Brugal-40octanos. Ablución de manos y cara y de nuevo en circulación… Sin riesgos de retirada de Permiso. No se puede multar a un borracho que se conduce casi casi razonablemente en circuito cerrado. Ningún tolchock, ni tropezón, ni nada. Intacto. Sano y salvo todavía, pero aún restaban horas de ingesta de litros de rico elíxir alcohólico de caña de azúcar con hielo, limón y bebida refrescante de extractos negros. Así acabé, claro está.

La noche, una vez que la parejita marchó, prosiguió de local en local y de copa en copa y tiro porque me toca, hasta acabar muy borracho. Con el pedo de la destrucción destructiva.

Veo mi imagen demacrada en una tienda Caprabo. Iba con Ángel a comprar cualquier cosa para comer antes de irnos a dormir. Para irnos a dormir a las doce y pico de la mañana, que tenemos delito. Caldo gallego, patatas fritas, paté, aros de cebolla y pan. Me vino de repente el caprichazo de robar dos tomates y no lo pude remediar. Rompiéndome de risa con mi amigo tuve que hacerlo. Eso me costó tener que romper, literalmente, los bolsillos de mi chaqueta para que cayesen en el forro. Sustracción indebida de tomates y consecuentes carcajadas post-crimen.

Escribo ahora esto en un bar de Premià de Mar, esperando a mi preciosa Alexandra. Fue a celebrar el cumpleaños de Brenda (su mejor amiga) con los compañeros de trabajo y ahora vienen a buscarme. Umh, unos labios carnosos, un beso, ese sabor a saliva… Es Alexandra. Bueno, pues a cenar.

Excepto yo y Brenda, el resto de miembros de la cena son ex-compañeros de un antiguo trabajo. En los postres Alexandra confirma definitivamente que se va a vivir a Galicia, a unos veinte kilómetros de Santiago. Brenda irá con ella para fortalecerse de las depresiones con un cambio de aires. Alexandra me ofrece ir con ellas. ¿Está en serio o en broma? No es la primera ocasión en que me lo ofrece. Mientras, en mi hipotálamo se va dibujando esa posible escena. Ya llevo demasiado tiempo dándole vueltas a la idea de compartir con Alexandra, de tener algo serio, de ser pareja. Con lo difícil que puede llegar a ser compartir conmigo. Soy demasiado sincero y demasiado asiduo a la infidelidad y a la libertad. O al libertinaje. Alexandra lo sabe. Enamorarse no entraba ni en sus planes ni en los míos. Pero está sucediendo y habrá que actuar al respecto. Se supone. Aunque su amiga diga que hacemos una rara pareja, estoy convencidísimo de nuestra alta compatibilidad. Nos lo pasamos genial juntos; tanto podemos estar escuchando música, como hablando, como bailando… como haciendo el amor. Podemos estar solos o rodeados de gente. Tenemos intereses y gustos parecidos… Incluso, me atreveré a pecar de prepotente, creo que puedo llegar a ayudarla a ser más feliz. Porque, por descontado, basándome en lo que ella me cuenta, no me parezco en nada a sus pretéritas parejas. No soy tan cafre, tan posesivo, tan controlador, tan manipulador… Eso sí: me acuso de tener un millón trescientos cincuenta y siete mil doscientos dieciocho coma dos defectos. De verdad. Pero no soy tan cafre, tan posesivo, tan controlador, tan manipulador… Una única duda que me refrena, ¿no será que Alexandra necesita de un tipo así de individuos como pareja? Cuando los errores se repiten tantas veces y durante tanto tiempo es porque son parte indefectible de nosotros. Cruzo los dedos porque no sea así.
Ya lo he decidido, ya no hay vuelta atrás, siempre y cuando ella así también lo quiera. Y por supuesto que miraré a otras, y las desearé. Y pensaré en Nadia, en el caramelo de su cuerpecito en pubertad, y reventaré por no poder ir a amarla, a penetrarla, a comérmela enterita. Y pensaré también en muchas otras de las que ya no podré gozar.

Necesito una temporada de relax a su lado, de descanso, de no salir tanto, de quedarme en casa viendo películas, escuchando música, cocinando, jugando, abrazándola, practicando sexo en todas las partes de la vivienda, ignorándola a veces con escritura, lectura o Playstation. Nos vendría de fábula un cambio de ambiente, juntos crear una nueva vida. Hacerlo tan cerca de Santiago de Compostela no sería ninguna incomodidad, al contrario. Galicia, mi segunda tierra. Volver a mi mágica ciudad, a pasear por el Obradoiro, a cenar a la zona de vinos, pasar a tomar una copa por el Dado-Dadá y saludar a Carliños, subir a pasear por Bonaval. Sentir nuevamente el frío y la humedad características de mi antigua tierra.

Tiene dudas. Tiene miedo. Miedo de sí misma, me dice. Y claro, como debía ser, hemos acabado follando como animales en celo, como siempre. Creo que hoy por hoy aún es inconcebible entre nosotros el hacer el amor como demostración de sentimientos más profundos. Juntos en la cama somos fieras en cautiverio, más salvajes si cabe por la rabia de la carencia de libertad. Luchamos desnudos por ver quién domina a quién, quién obtiene antes el premio del clímax del otro… Supongo que a medida que los sentimientos vayan aumentando lo hará por igual la dulzura y la ternura que se requiere en algunos instantes. Aunque os puedo asegurar que me apasiona poder sentir esas ganas de tenerme dentro, de que eyacule dentro de ella para disfrutar mi placer, para llevarme en su interior, para sentirse unida a mí. Y el escándalo de gemidos y alaridos que ocasiona. Me encanta. Me encanta toda ella. Que piense y recapacite. Mientras, controlaré en la medida de lo posible que los sentimientos no se me desparramen. Lo peor que podría sucederle a nuestra extraña situación amistoso-sexual es que se nos escape de las manos. Claro que si se nos va a ambos tampoco es malo. Se acaba en relación y punto. Que creo que es lo que yo quiero ahora mismo. Pero si sólo es uno de los dos el que se enamora, calavera con dos fémures, muerte, muerte, malo, muy malo… No me gustaría, para nada, acabar perdidamente enamorado de ella y que se me fuese a vivir a Galicia, dejándome compuesto y sin novia. No, no, no… Eso no sería justo.

Por lo tanto, y alejándonos de las condiciones de exaltación que produce el alcohol etílico, deberíamos tener una larga y tendida conversación, marcando el territorio sin orines pero poniendo los puntos sobre las íes, dejando bien claro todo y buscando soluciones.

Hoy no creo que la vea. Después de satisfacer nuestras ansias libidinosas marchamos cada uno a nuestra casa, ya que su madre, agobiante y asfixiante, llamó mil veces para exigirle el coche. Me fui con su aroma enganchado a mi cuerpo, a mis manos, incluso a mi barba. Todavía huelo a ella.

Son ahora las 21:17 y no tengo la más mínima noticia de su existencia, dudo en verla. No creo que tenga muchas ganas de conducir cuarenta kilómetros para verme. Estará cansada. Espero que al menos me llame. Sea como sea, tengo ganas de verla.

Acabo de rememorar una escena sentimentalmente importante de nuestro encuentro sexual. Después de yo eyacular, chupó mi miembro para acabar de succionar mi orgasmo. Me besó y durante segundos eternos nos miramos hondamente. Estuve a punto de dedicarle un dulce te quiero. Lo asfixié, lo reprimí. Pero es verdad: estoy empezando a quererla. Cuando una persona tiene importancia en la vida de otro como amiga, en el punto en que cambia la situación los sentimientos evolucionan en positivo con inusual rapidez. Es lo que me está sucediendo a mí. ¿Adónde nos llevará todo esto? ¿Me estaré volviendo mediocre…???

1 Comentario Estupefaciente »

  1. XXX

    Comentario por Sux — 15 Febrero 2008 @ 22:08

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