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28 Enero 2008

Capítulo 15 – Cerdos, cubatas y farlopa – 2ª parte (…meterme mil rayas, hablar con la gente…)

Categoría: Capítulo 15, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 18:09


No habría dormido más de cuatro horas cuando, sí, atreveos a adivinar, el teléfono de la mesita de noche, al culmen de su odio, odio merecido, odio alimentado por mí, odio, entonó su cántico. Pero, ¿hoy no es sábado? Sí, sábado. Sábado 22 de enero de 2000. ¿Por qué coño me despiertan temprano un sábado? Mataré a quien haya en la recepción. Aunque sea la Lolita. Pero no, no llamaban de recepción, no. Era mi compañero que me despertaba. El puto Uannai con sus ansias de hiperactividad. El notas incluso había pasado ya a visitar a Alfonso (que mejoraba) y a su esposa.

- Luego te duchas. Anda, vístete. Volveré a desayunar por estar contigo. Nos vamos a buscar coca que hoy hay festival de colores. Nos vemos en la cafetería.

Hacía un tiempo que David se había desintoxicado de la cocaína. O eso me había hecho creer. Estuvo muy enganchado, tanto como para perder su propio negocio, una copistería en el Vallés Occidental, a causa de las cantidades ingentes de dinero que despanzurraba diariamente para poder costear el gramo y medio o dos gramos diarios que consumía. Y las numerosas copas que a ello iban ligadas. Ya me tocaría a mí pasar semejantes penurias.

Yo nunca había probado la coca, nunca había querido. Algunos amigos la ingerían y hablaban de sus maravillosos efectos. Si la gente se hace drogadicta debe ser porque los efectos son agradables, pensaba yo. Pero no me hacía ni puñetera gracia depender de una sustancia para divertirme (no cuento al alcohol como droga de dependencia porque socialmente está aceptada). Pero en el fondo, quizá por la coyuntura psíquica del momento, me producía cierta curiosidad…

Me vestí y miré el móvil que estaba tirado en la cama, tal como lo abandoné después de escribir a mi duendecilla de Fuente Miñar. Llamadas perdidas y mensajes por leer. ¡Oh, qué dolor de cabeza! Luego los leo. Litros de café y potaje de aspirinas ojeando el periódico. David no aparecía. Las llamadas de las que ni me enteré eran de Myriam. Los mensajes, uno de Myriam y otro de Mery. Myriam decía que había estado de fiesta y por eso no escuchó mi llamada, que me quería y que volviese pronto. Volveré el día que me toca volver, no te jode. No le respondí aún. Mery hizo que sonriese con algo simple y romántico: Te quiero; no pensaba que nunca sintiese algo parecido. Le respondí que el sentimiento era bipartito y que siendo tan maravillosa era imposible no quererla. De paso escribí a Myriam con mentiras, como que nos íbamos a visitar la Catedral, el Botafumeiro y los museos de Santiago. Yendo con David nos patearíamos todos los bares. Uno por uno. Segurísimo.

El puto Uannai con sus prisas de siempre y me hizo llevarle a un parque, ya había realizado sus indagaciones. Paramos el coche en doble fila y nos acercamos a unos chavales de más o menos nuestra edad que chillaban en alemán a unos perros neofascistas sin rabo ni orejas. Sin más les soltó:

- Queremos un poco de coca y nos han dicho que por aquí se puede encontrar. ¿Sabéis de algo?

Los tíos se quedaron pálidos, visiblemente acojonados. Uno de ellos, con mucho respeto y cautela:

- ¿Cómo podéis venir a por droga con la pinta que lleváis de maderos?

- Ei, tío, ¿qué coño maderos? Somos catalanes y nos toca estar por aquí dos semanas enteras por cosillas del curro. Mi colega de las greñas, ¿no me jorobes con que tiene pinta de bofia? Venga, tíos, que queremos tres pollos para salir de fiesta esta noche. Que los puedo pagar, ¿eh? -. Los tíos dudaban.

El que había hablado se acercó y antes de que acertásemos a reaccionar, cacheó por encima a David en busca de una pipa, señal inequívoca de ser polis.

- Estáis en vuestro día de suerte, chavales -. No, según mi compi no sólo el día de hoy, no, que todo el finde es de suerte, chaval -. Me acaba de llegar de Cambados la mejor coca que puedas aspirar en toda Galicia. Directamente de Colombia. Tú - señalando a David -, te vienes conmigo. Tú, melenas, esperas aquí.

David me miró y asintió para que hiciese lo que decían. Entonces era mi primera transacción ilegal y sentí nervios y miedo. Imaginaba a los camellos como politoxicómanos criminales y asesinos, gentes que vivían de espaldas a la ley, al orden y a la sociedad. Me daban miedo. Eso sí, tenía muchas ganas de partirle la cara a ese hijo de mil padres que me había llamado melenas. ¡Puto camellaco de mierda!

Ahora tengo amigos y conocidos que se dedican a estos trapicheos de drogas y son excelentes ciudadanos, padres de familia intachables, incluso. Pero todos se meten. Y no pagan todos sus impuestos. Como tantísima gente. La coca está a la orden del día. La cocaína está por todas partes, está en la calle. Me hacen gracia las encuestas que hablan del tanto por ciento de personas que se supone que la han probado. Conociendo como conozco el mundo de la noche (podría presumir), certifico que esos porcentajes son muchísimo mayores. Conozco muy pocas personas que no la hayan tomado en alguna ocasión.

Me quedé esperando, nervioso y sin saber de qué hablar con aquellos garrulos rapados que me observaban. Hasta que la vibración del móvil en el bolsillo del pantalón me sacó del lento transcurrir de los segundos. David Uannai, ¿cómo? Seguro que temblé esperando que no le ocurriese nada malo.

- Ei, tete, tranquilo. Problema solucionado. Vete para el hotel y espérame en la cervecería de al lado. Pide ya dos birras, dos copas o lo que te salga de los huevos y ve jugando a la tragaperras, que es nuestro finde de suerte, recuerda. ¡Jejejé!

Ya sin nervios luego de escuchar su voz excitada por la alegría, y supuse que también por la primera raya que habría aspirado, hice lo que me pidió. Me despedí de los perros… y de sus mascotas.

El Loco apareció al rato, acompañado del camello que me llamó melenas y de otro individuo de peores pintas. Hábil, había dejado la pasta en el hotel para evitar que lo engañasen o robasen, zorro viejo, pensé yo. Dejó a los piojosos en mi acobardada compañía, invitándoles a sendas cervezas. Yo seguí con la máquina, que parecía que soltaría un suculento premio.

No tardó demasiado en bajar, pagarles y despedirse de ellos. Como hombres de negocios, inaudito, estrechamientos de manos e intercambio de tarjetas de visita. Verlo para creerlo, camellos con tarjetas. Supongo que la del contrabandista sería de su trabajo legal. Pero me hizo gracia.

Una vez se fueron, David se dirigió al baño. Volvió respirando exageradamente. Se acababa de meter una troncha enorme por la nariz.

- ¡Joder, que buena está, ay! ¿Quieres desvirgarte, pelut (peludo)?

Sabía perfectamente que nunca me había metido. Fui capaz de vencer a la curiosidad. Ya sabes que yo paso. Fui capaz de vencer a la curiosidad en aquel momento.

Continuando la interesante partida en la que la máquina, a pesar de cierta lentitud, iba sacando monedas, me llamaron, primero Mery y luego Myriam, recién levantadas. Mi gallega apenas podía hablar. Estaba camuflada en casa de su novio. Me necesitaba a su lado y pedía que tuviera bien claro que dejaría a su novio para estar conmigo. A Myriam le solté el rollo de haber ido de visita cultural y al hospital y que, después de una gran siesta, David y yo saldríamos de copas. Me contó su salida nocturna y yo la mía, sin más. Como no me presionaba no sentí tanto odio por ella, al contrario. Me apené de que la situación llegase a términos tan patéticos con lo felices que habíamos sido juntos, con lo felices que podríamos haber llegado a ser. Melancolía de 72 grados etílicos. Me sentí débil y cansado.

La puta CIRSA escupió al fin cientos de monedas, y lo ganado menos lo invertido supuso un contante y sonante a nuestro favor de unos 150 € al cambio pela-euro.

- Me veo con la coca y las copas gratis del fin de semana. Este es nuestro finde de suerte, que te lo digo yo, Hippie - generalmente me llamaba así, era el apodo que él había inventado para mí por mi cabello largo y mi estilo trendy -, que te lo digo yo. Comemos, nos pillamos ya el pedal de vino y nos largamos a Vigo, que me han dicho que hay una fiesta allá que te cagas. En Santiago los sábados son los días más flojillos porque se piran los estudiantes a sus hogares. ¿Te hace o no te hace? ¡Ay, Satanás, que hoy vamos a incendiar Vigo!

Para que discutir con Uannai, si me sudaba la polla qué hacer, dónde ir. Cuando me entristezco me da todo igual.

Las horas pasaban con la celeridad de no darnos cuenta. Comimos, bebimos, fuimos a adecentarnos (aún mi baño inundado) y, serían las ocho de la tarde cuando montamos en el coche, Barricada a todo trapo, volando hacia Vigo. Veo todo en Blanco y Negro. El vaso acaba siendo amigo mudo. Las mismas caras, los mismos gestos… Amigo mudo, oh, oh… Vaticiné una noche mortal de necesidad. Salíamos ligeramente ebrios y quedaban mil horas aún de hacer el cabra. Por cuestión de sobranza del tiempo paramos en una de las áreas de servicio de la autopista a tomar unos cubatas, mi amigo otra raya y jugar, suma y sigo, a una nueva tragaperras. Otra que además nos premió, vaya racha. Muy poco, pero lo suficiente para subir al límite nuestras desbordadas ganas de pasarlo bien.

- Que lo sé yo. Está claro que al final me harás caso. ¡Este es nuestro puto finde de suerte, chavalito! ¡Vamos a reventar, Hippie, juá juá juá!

En la siguiente área de servicio volvimos a utilizar la misma estrategia de cubata y máquina. Ni ganamos ni perdimos, pero nos entretuvimos un rato. El suficiente como para llegar a Vigo pasadas las diez y media. Decidimos no llamar a ninguno de los compañeros, que allí vivían, para ser más libres. Fuimos preguntando y nos indicaron para llegar a la zona de fiesta. En menos de diez minutos ya teníamos el coche dentro de un parking.

David rebuscó en la guantera del coche y extrajo la funda de un CD de Reincidentes; picando y alineando una masa de piedrecitas blancas preguntó si quería. Mi curiosidad salpicaba en marea alta.

- ¿Qué me hará?

- Tú eres tonto, ¿no? Pues te quitará el pelotazo, te dará energía, te dará buen rollo, hará que aguantes mucho más el alcohol haciéndote disfrutar de él, serás más elocuente, más conversador, más ingenioso… ¿Algo más? Sí, la respuesta a tu pregunta de si te va a gustar es sí. Sí que te va a gustar. Mucho -. Hizo un tubo con un billete y aspiró. Me lo pasó. A punto estuve de arrepentirme, pero el ¡Va, que viene gente!, hizo que aspirase con todas mis fuerzas, demasiadas…

6 Comentarios Estupefacientes »

  1. Bueno, esto ya se pone interesante. me he reído mucho, que cabrón… Me mantienes en vilo, pendiente del próximo capítulo. gracias

    Comentario por tu peor pesadilla — 29 Enero 2008 @ 1:14

  2. Gracias a ti por los ánimos que me infundes, jjejejé, y porque me haces creer que estoy consiguiendo el objetivo primero de la novela, crear interés y vilo… Me siento muy contento, Diego, en serio…
    Un cordial saludo!

    Comentario por Nes — 30 Enero 2008 @ 15:17

  3. es la pimera vez que leo este tipo de historias, esta mu guapa pero deja con intriga bueno espero que ese chaval se enganche como lo estamos todos

    Comentario por miky — 13 Febrero 2009 @ 22:40

  4. Pues muchísimas gracias, Miky, por la parte que me toca como autor, por el comentario, y me alegro de que te esté gustando (teniendo en cuenta el capítulo al que has llegado, ya no hay vuelta atrás, jjejé). También me gusta mucho lo que dices sobre la intriga, porque era un aspecto que quise que fuera bastante marcado y era, realmente, difícil conseguirlo porque no se trataban de historias de templarios, misterios ocultos, santos griales ni movidas de espías ni conjuras internacionales (donde el argumento se presta a ello), sino la vida de un tipo de la calle, de un tipo normal…

    El personaje se engancha, por supuesto, por eso el título, jajajá…, no te voy a romper la historia por contártelo anticipadamente.

    Lo dicho, un abrazo y que sigas disfrutando de la lectura!

    Comentario por Nes Oliver — 13 Febrero 2009 @ 22:50

  5. Me ha gustado mucho este trabajo es algo que nunca antes habia leido una autobiografia novelesca, me parece muy interesante tu forma de escribir Nes lo unico que me Encabrona es que siempre que hablan de coca nombran a Colombia, yo soy colombiano y tengo que decirle a todos que Colombia es mas que coca y cafe aun asi, el texto me ha atrapado muy bueno y pienso hacer un psicoanlisis de este texto para mi trabajo de literatura.

    Comentario por Melomano♫ — 14 Agosto 2009 @ 5:59

  6. Melómano,

    Gracias por todos los cumplidos y si he conseguido que te enganche, más contento me pones, porque leer es una droga sana.

    No te encabrones por referirnos a la coca como colombiana, porque es una forma de no repetir constantemente la misma palabra. Yo sé que en Colombia hay más que coca pues mantengo relaciones profesionales y comerciales con bastantes colombianos en Medellín y para nada se dedican al tema.

    Un fuerte abrazo en este caluroso mes de agosto!

    Comentario por Nes Oliver — 14 Agosto 2009 @ 10:21

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