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7 Enero 2008

Por una Sinopsis de mi propia obra (I)

Categoría: Sinopsis, Presentación — Nes Oliver @ 7:25


Cómo han cambiado los tiempos. En la actualidad es incongruente hablar de manuscrito, ya que muy pocos escriben con pluma y papel sus obras. ¿Cómo podríamos denominar a una obra escrita en ordenador? ¿Bytescrito? No sé, pero alabemos al señor Bill Gates, que ha hecho un poquito más fácil la vida de los escritores que fumamos Nobel como carreteros. Copiar, Cortar y Pegar nos ahorran horas, tachaduras, flechas y garabatos ininteligibles en nuestros escritos, así como Buscar y Reemplazar nos ofreces consciencia ante las repeticiones y las rectifican. No nos olvidemos de Ortografía, que nos corrige automáticamente. Por último la red de redes, ¡ay!, que nos posibilita escribir una dirección en el navegador, ratón, Adjuntar Archivo y Enviar, y en centésimas de segundo está colgada una de las sinopsis mas paranoides que nunca hayáis leído. Cuestión de milésimas de segundo y de estilo individual.

Pero claro, que todo sea más rápido y sencillo que hace unos años no implica que una obra surja por libre esporación como un champiñón, ni mucho menos. Ni que se geste en un par de tardes. Hay que manufacturar una idea, elaborarla, cocinarla, mimarla…

Las musas perduran, aunque actualizadas, y hoy más que nunca, siguen siendo imprescindibles para la creación artística. Ya no visten sus túnicas de vestales de orgía dionisíaca, las cambiaron por monos cyber-punks moteros de cuero negro y amarillo a lo Kill Bill. Ahora es a través de sus rosadas Silhouette de sol que nos embriagan de sensibilidad inspirativa. Y a través de sus cuerpos y facciones sensuales, erotizantes, claro. Ya no tocan liras, no, el espíritu musical lo transmiten con Roland, Gibson Les Paul, Fender, Musicman y Zildjian. Saben cómo llevarme al éxtasis creativo. Tocan para mí mis temas preferidos, los clásicos, desde una casa cerca del sol naciente, para ir animándome, para ir preparándome, como en el sexo, calentándome, para así, ensayando, crear nuevos temas, nuevas canciones, nuevos capítulos, esta sinopsis.

Estoy tomando una copa ahora con ellas, comentando lo terriblemente complejo que es elaborar un resumen de una obra literaria para hacerla llegar a los posibles lectores y que suscite en algo el interés que posee el ejemplar, y me susurran, “¿quién mejor que tú para ello, si eres quien mejor conoce la obra?” La mayor complicación y, sobretodo preocupación, es la tensión que me causa el que estas páginas sean las que decidan el futuro de un proyecto rompedor, en el que he trabajado junto a ellas hasta la extenuación psíquica. Mis bellas helenas opinan igual que yo. No han viajado noche tras noche desde la Acrópolis para nada. Esta novela es legible, esta novela debe leerse, por mis narices y por las de las griegas, que lucen mejor perfil que yo. Entre caladas y tragos a las copas, los efluvios alcohólicos y la desinhibición nos llevan a tomar el objetivo como un examen de fin de curso, donde lo único que importa es responder correctamente a las preguntas concretas, no al temario al completo. Sería imposible mostrar en unos simples posts la novela al completo. He de superar el pavor de escoger milimétricamente cada palabra para que nada desentone en el todo general, que nada se vaya de tiempos, aunque ellas me vayan chivando al oído. ¿Y si me equivoco yo?, ¿y si se equivocan ellas? Otra copa y busquemos ese valor, que por aquí cerca andará…

- Nes -musitan en coro mis bellas inspiradoras-, escribe como ya hiciste, intenta teletransportar con tus renglones al lenguaje y al estilo de Diario Estupefaciente. Venga, nene, al lío, no tenemos todo el día para estar contigo, hay otros que también nos necesitan. Tenemos cientos de llamada perdidas, joder: Bunbury, Shakira, Lou Reed, Maná, Eric Clapton, Ray Loriga, Milan Kundera, Umberto Eco, los nuevos Queen, Bob Dylan, los de Penthouse (¡Ay, que estrés…!). Venga, escribe, intenta venderles la novela, que para algo eres comercial.

En el fondo me apiado de ellas y me dispongo a escribir. Pobrecillas, desde que el pobre Vázquez Montalbán rompió el corazón en un aeropuerto, ¡amén!, ya no tienen dios ateo al que rezar. Una a una me besan en la boca, y su saliva, su calor y su aroma me insuflan de poderes creativos, y desaparecen. Lástima, son tan bellas. Y ahora me siento tan solo sin ellas. ¡Mierda! Podría amarlas a todas a la vez y a todas por separado, seguro. Desearía poder amarlas, gozarlas…

Bueno, otro cubata y al lío: baquetas, un, dos, tres, tonalidad de Mi menor, cuatro compases, entra la batería sola. Cambio de tiempo, ahora el bajo y la rítmica, al próximo cambio que entre la voz, marca con los píes… Un, dos, un, dos, tres, va…

Nadie ha dejado sus estupefacientes »

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