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29 Enero 2008

Capítulo 15 – Cerdos, cubatas y farlopa – 3ª parte (…llegar a la cama y joder qué guarrada sin ti…)

Categoría: Capítulo 15, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 15:42


¡Guau!!! Mi primera raya. Como dice el anuncio de la Fundación de Ayuda contra la Drogodependencia. Mi primera raya. La tengo grabada. Grabada a fuego abrasivo en mi nariz. David no me engañó para nada. Sentí exactamente lo que me dijo, paso a paso. Un gran impacto, directamente al cerebro. Uannai había obviado el picor de nariz, las nauseas, la garganta dormida, la descomunal sed y la sensación de deshidratación, así como un cierto descontrol en intestinos y mandíbula. Pero las sensaciones placenteras de qué me habló fueron correctas. Me sentí físicamente como nunca. Y esa sensación de bienestar es la que lleva, incluyendo los vacíos que cada uno pueda tener en su día a día, a la adicción. Ya había dado el primer paso. El primero de los pasos de un camino que, por muy patético que parezca, me ha llevado a grandes satisfacciones. También a pesares, obvio. En ciertos momentos me ha hecho perderme brutalmente de mí mismo y de la sociedad, me ha derrotado. En otros me ha hecho aprender mis límites, mis virtudes y mis carencias. Por un lado me ha hecho perder muchas cosas, por el otro ha hecho al Nes de ahora. No obstante, aún hoy día a muchas personas a primera vista les parezco frívolo. Sólo por decir frases como esta, por hablar con esta frialdad de las drogas. Eso sí, os aseguro que escribiendo estos párrafos, tumbado en mi cama y con ropa cómoda, juro y perjuro que me metería unas rayitas y unos rones con cola. Seguro que mi mente se movería más certera y rápida. Nos tendremos que aguantar. Pero sé que esas ganas me acompañaran hasta la tumba. No es fácil olvidarlas, algo así como el alcohol. ¿No dicen que el alcohólico lo es para siempre, aunque no beba…?

La noche se pasó así, de copa en copa y tiro porque me toca (¿o tiro porque me coca?), de local en local, de viaje al lavabo en viaje al lavabo, de raya en raya, de banalidades en banalidades. Noté lo malo, que todas mis obsesiones se doblaban en intensidad debido al efecto de la droga. Y claro, entre cubatas y humos aspirados, cada diez minutos miraba el móvil. Debe ser que la fuerza del recuerdo de las sensaciones producidas por la sustancia blanca me hace olvidar el resto, porque de lo demás poco encuentro en mi disco duro de imágenes jpg. Intuyo que envié mensajitos a mis chicas, pero no sería franco si os relatase el contenido real. Nada nuevo, fijo. Lo mismo del día anterior, sería de suponer. Pero pasé de que la incipiente melancolía hacia los tiempos de felicidad con Myriam me estropeasen la noche, mis nuevas sensaciones toxicómanas y mi añorada guerrera celta a la que empezaba a querer.

La juerga, como ya se presuponía previamente, fue mortal. No paramos de hablar con gente, de hacer amigos, de que nos invitasen a copas en otros locales, a los que por supuesto fuimos. Creo que bebimos por lo menos una copa en cada uno. En todos. Unos cuantos. También nos invitaron a coca. Caímos muy bien. No sentimos grandes Dioses de un pequeño Olimpo donde teníamos a nuestra disposición una fábrica de coches franceses, un diario decano y pueblecitos contrabandistas a nuestro alrededor. Todo era mío, todo me pertenecía, los poderes farloperos me daban mucho más poder del que hasta el momento había tenido…

Cuando todo cerraba, nos guiaron la brújula hacia un after en la parte vieja del viejo y sucio puerto de Vigo. Muy chulo, pero con los clientes ya desfigurados por el abuso de alcohol y psicotrópicos de todo tipo. Y viendo lo que quedaba, último pelotazo, decidimos volver al hotel a descansar. Unas rayitas por el camino para no dormirse y tener charla… Y vaya si la tuvimos. Nos peleábamos constantemente por hablar. Efecto de la farli, me decía El Loco. Una pagana conversación que llevaba el denominador común de las mujeres. Le expliqué cómo me iba con Mery sin escuchar fill de puta ni ningún otro tipo de insulto. Volvió la confraternización. Él habló de la Srta. X. Gran folladora resultó ser la tipa, a raíz de las maravillas orgiásticas que David relataba. Además de ser una gran pirada del sexo bizarro, del sexo guarro. Las personas a veces no parecen lo que son. Con lo modosita que se la veía. Como engañan algunas. Si en el fondo son tan golfas como nosotros. Lo que pasa es que ellas tienen mucho más poder dominante en el sexo. Por el sexo. Con su sexo.

Antes de entrar por la puerta del hotel le enseñé donde estaba mi puerta secreta para entrar chicas sin tener que pagar suplementos. Ávidamente se aprendió el truco, por si acaso.

La cama seguía deshecha desde el día anterior. Claro, saliendo tan tarde las mujeres de la limpieza del hotel ya no la arreglaban. Bueno, el charco del lavabo ya casi se había evaporado. En el fondo me daba igual. Leí un mensaje de Myriam que hacía escasos minutos que había recibido. Llámame cuando llegues, que ya estoy en la camita esperando para poder hablar contigo. Espero que te hayas portado bien, mi amor.

No, me he portado fatal: he bebido mucho y me he drogado, además de pensar en otra. Sí, has oído perfectamente, ME HE DROGADO. Sí, después de todas las broncas que le he pegado a tu prima por ello, sí. Soy un degenerado, sí. Y porque me faltan cojones y tengo indecisión, que si no te mandaba ahora mismo a la mierda, sí. Para siempre, sí. Pero por supuesto que no se lo dije, no. Pero lo fantaseé. Sí. Sí…

Por el auricular la afonía de su voz adormilada. Esa voz que tanto me enterneció tiempo atrás. No sé si fue cosa de sentirme culpable por los pensamientos y actos de aquella semana o porque me dio rabia que su dulce voz me ablandase, pero me sentí furioso. Furia violentamente animal que costó aplacar. Charla insustancial, explicarnos otra vez la salida nocturna. Mi diablillo mental me hablaba: ¿Para esto os llamáis mil veces al día? ¿Para comentar estas polladas? Me cago en Dios, sois gilipollas los dos. Bueno, Nes, tú ligeramente más. El angelito mental al contrario, claro, debido a su profesión del bien, me mantuvo calmado hasta llegar a colgar tras mil doscientos trece tequieros.

Conecté el móvil al cargador. Con esas palizas que le daba la batería no duraba mucho más de un día. Mandé un beso de SMS a mi ninfa y me dispuse a dormir. Entonces descubrí que la cocaína era mucho más eficaz e intensa que la cafeína. Con los siglos de sueño atrasado que arrastraba y lo que me estaba costando dormir. Técnica de relajación o autohipnosis y arreglado. No había llegado a hartarme de droga insomne y estaba muy cansado, demasiado cansado como para no poder dormir. Meses después si llegaría a no poder conciliar el sueño durante muchas noches, demasiadas noches. Noches y días enteros. No aquella mañana.

Como no me sucedía desde hacía días, me desperté yo solito, sin despertador. Aunque parezca positivo, la putada es que me desperté para mear. Demasiado alcohol. Demasiado trabajo para mi hígado y mis riñones. Diez de la mañana. Si no llevaba ni dos horas sobando. Gran meada y otra vez a dormir, que tenía que recuperar descansos atrasados. Fue caer en la cama y dormir directamente.

Estudiando la carrera me apasioné por los contemporáneos alemanes, los existencialistas y todo lo relacionado con la religión. El británico John Locke nunca fue uno de mis filósofos predilectos, más bien al contrario, las técnicas de experimentación del empirismo nunca fueron santo de mi devoción. Es por ello que nunca analizo las señales del destino. Si durante toda la semana no pude tener descanso, ¿por qué creí que lo iba a tener ese domingo 23 de enero de 2000? ¿Porqué?, si todas las señales, todas las premisas apuntaban a la conclusión menos gustosa para mí. Será por eso, por ser la conclusión ”no te dejarán dormir, que es lo que quieres y necesitas, Nes”, por lo que no quise creerla. Porque era desfavorable para mí. Engañándome yo mismo, como casi siempre.

No debían haber caído los granos de arena equivalentes a veinte minutos cuando me sacó del inicio de una pesadilla (algo bueno por lo menos) el horrible politono del móvil. Me cago en todo. Odio todo. Casi lancé el móvil, pero a tiempo me contuve. Era un Nokia último modelo de la época y me encantaba. Por eso lo respeté. Si me lo cargaba, vete tú a saber por qué mierda de teléfono me lo sustituirían los cretinos de Airtel Empresas.

Perdonad la interrupción, pero ¡qué asco! Estaba viendo porno en un canal local de esos raros de la tele, de esos en que hay llamadas en directo para acertar adivinanzas. Adivinanzas que nadie acierta porque todas las llamadas las efectúan personal del canal. De esos canales en que si llamas te dejan tres horas esperando en un teléfono 803… de pago, hasta que te hartas y cuelgas. Y te viene una millonada en la factura. ¿Sabéis de qué os hablo, no, pervertidillos? Sí, hombre, sí. De esos que a horas intempestivas ponen pelis X y la peña manda SMS del tipo: toi solo n casa y kero foyar, yama ya. ¿La gente pensará realmente qué alguien les llamará corriendo? Ay, no sé. Bueno, al lío. Pues salía una tía metiéndole por el culo a otra una enorme y gruesa porra de protuberancias. Una pinta de hacer pupitas que te cagas. Dolía sólo de mirarlo. Ohhhh, prefiero ver a esta morena de ahora como se rasura, claro. Uy, que limpio y bonito le quedará el coñito. Seguro que alguno de vosotros ha puesto un canal de esos para masturbarse, seguro. Envidiosillos. ¡Jejejé!

Nos quedamos en un nuevo despertar, ¿correcto? Venga, moviola…

2 Comentarios Estupefacientes »

  1. La verdad que me tiene enganchadisima tu novela, cada vez que tengo un hueco en el curro me pongo a leer, creo que me engancha tanto porque me siento muy identificada con la novela, hoy me he dado cuenta con el tema de la coca; mi chico la consume (fines de semana o grandes acontecimientos)y yo a veces le acompaño, y cuando dices; “En ciertos momentos me ha hecho perderme brutalmente de mí mismo y de la sociedad, me ha derrotado”; yo lo he pasado junto a mi chico, y es lo que ha echo dejarte el comentario, otra cosa que tambien me mola de la novela es la pasion que sientes por el rock, nosotros somos igual cada vez que suena una buena cancion de rock nos sumergimos en ella y nos da igual donde estemos nosotros estamos viviendo ese subidon.

    Sigue con esto, tienes una forma muy dinamica de escribirlo y eso engancha

    muuuuuuacks!

    Comentario por mai — 25 Febrero 2008 @ 12:30

  2. Mai, cariñín,

    gracias nuevamente. Soy un privilegiado porque me vais dando todas las claves para ser mejor relatador de historias, me contáis todo aquello que os gusta para así pulirme. Espero no defraudar cuando llegues al último capítulo, y que el haber pasado por esta novela-blog deje un buen sabor en tu recuerdo…
    En relación a tu comentario, te diré que una gran editorial española, contestando un mail mío con la sinopsis de la novela, me respondió que hablar de drogas en una novela era “minoritario”. Yo le contesté a la buena señora, diciéndole algo como “Creo que no sales mucho a tomar copas y no ves los caretos de la peña, no es así?”. Me dijo que a sus 55 años no se había drogado nunca. Claro, una señora de 55 años, con sus prejuicios de señora de 55 años era la que tomaba las decisiones sobre las novelas de nueva generación, dramático, ¿no crees?
    Hablo de drogas, pero no sólo de coca, sino de rock y de amor, drogas aún más duras y en ocasiones más difíciles de desintoxicar de nuestras venas.
    Si la novela te gusta, si te da en qué pensar y sirve para entretener ciertos ratos de tu existencia, el objetivo está de sobras cumplido.

    Salud!

    Comentario por Nes — 25 Febrero 2008 @ 12:58

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