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30 Enero 2008

Capítulo 16 – Ira e impotencia – 1ª parte (…hace tiempo Venus se apagó…)

Categoría: Capítulo 16, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 0:11



La persona que se atrevía a asesinar mi necesario descanso era Mery. Colgué y llamé. Si telefoneaba a esas horas sería por un tema importante.

- ¿Qué pasa, amor, tan pronto despierta? - Y entonces me percaté de sus cuerdas vocales rozadas y de la ausencia de ánimos.

- No veas qué rallada me ha pegado Luís. Odioso. Pero ya lo he dejado, después de largas horas de explicaciones, súplicas y lloros, y que cambiaré y yo que sé más. Se ha quedado fatal. Me ha preguntado si le dejaba por otro y le he dicho que lo dejaba porque no era feliz con él, pero que sí que había otro, tú. Estoy segura de que me dará el coñazo durante semanas para que vuelva con él, para que te olvide, pero… ¡Bah! Llamaba para que lo supieras. Y para recordarte cuantísimo te quiero, nene. Buá, que me tienes loca, loquita, loca -. La pobrecilla estaba mentalmente agotada y no es para menos. Quien haya roto en alguna ocasión una relación puede entenderlo.

- Yo sí que estoy loco por ti, pequeña -. A través del altavoz intenté darle tanto amor como de mí salía. Y mi apoyo. Creo recordar que ni esa mañana ni nunca me molestó que Mery me despertase con una llamada, con la mala leche que me pone en el cuerpo que me despierten. Bien me conocéis ya en esos casos.

- Bueno, mi niño… Voy a dormir un rato. Luego te llamo, que no creo que llegue muy tarde, así podré verte. ¿Quieres qué pasemos la noche juntos? - ¿Cómo poder negarse a tan lujosa opción…?

- Por supuesto que sí, cariño. Ardo en deseos de tenerte ya en mi cama.

- Hasta luego, nene…

- Hasta luego, nena…

A pesar del sueño me vestí y busqué a una de las señoras de la limpieza del hotel para que arreglara mi cuarto y lo adecentara. A mí no me importaba tenerlo todo hecho un asco, pero la cosa cambiaba si tenía que venir mi amante a dormir. Mientras la operaria accedía a mis pretensiones de premura, fui a desayunar con la intención de ya no levantarme ni a comer. No pensaba volver a reaccionar hasta que la llamada de Mery volviese a interceder en mis sueños. No sé si más por venganza que por aburrimiento, intenté despertar al Uannai, pero no contestó. No insistí en exceso.

Una vez volví a tener la habitación en su máximo esplendor, salté a la cama deshaciéndola de nuevo y viajé por verdes parajes, monté a caballo sin monturas, me tatué el cuerpo con extraños símbolos de los que en aquel momento conocía su significado esotérico y amé a mi esposa. La primera ocasión de la estancia en Santiago en que dormí más de cinco horas seguidas. Así, cuando Mery me despertó, hasta me sentí bien, descansado incluso.

- Despierta, gandul. ¡Jejejé! ¿Cómo ha dormido el chico más guapetón de toda la ciudad?

- ¿Gandul? Para un rato que puedo dormir… Estoy nuevo, recuperado, reparado, como salido del taller de hacerme una puesta a punto. Y dispuesto nuevamente a morir de agotamiento otra vez durante la semana. Ya tengo las pilas cargadas. Ei, que quiero verte ya. ¿Dónde estás? Vamos a empezar a descargar mis baterías follando como animales en celo, ¿a que sí?

- Llamaba para que te diese tiempo de ducharte y comer algo mientras llego. Es que si te despertaba al llegar tendría que esperarte mucho rato y no aprovecharíamos el tiempo. Saldré ahora de Lugo. En una hora estoy allá.

- ¡Qué guay! Estupendo.

- Me lleva Luís. El muy capullo quiere traerme para poder volver a hablar conmigo de camino. Hablaré mientras conduce y que se olvide de mí de una vez. Lo largaré rápido, no creas. Ya te llamo cuando me lo quite de encima y me pasas a recoger, ¿vale? Te quiero, tonti… Muá.

- Muá. Hasta de aquí un ratito, meniña.

No me hacía gracia que la llevase el ex-novio, ya que podía ser que la charla se alargase mucho. Al igual me aterraba que la convenciese para volver junto a él y no regresase a mí.

Me sobraba el tiempo, así que subí a la cafetería. Acababa de cerrar de las comidas. Rebusqué en los armarios y en las neveras y encontré lo necesario para prepararme un bocata de queso. Volví a mi cuarto, donde me lo comería acompañado de una Coca-Cola, que también había chorizado, obviamente. De vuelta llamé a la puerta de David. Salió desnudo. Sin pudores ni complejos. De dentro me vino el eco de una risa y el ruido de alguien escondiéndose entre las ropas de cama.

- Veo que estás liado. Me voy a mi dormitorio a comerme un bocata y más tarde iré a buscar a Mery.

- No, hombre, no. Pasa si quieres y ve mirando. O folla con nosotros. Seguro que a ella le mola la idea de que la destrocen dos pollas a la vez. ¿A que sí?

- Vaya ideas tienes. Hasta luego, capullazo… Follador, que eres un follador.

- Oye, que no me importaría, en serio… - escuché de fondo, pero yo ya había cerrado la puerta. ¡Vaya guarrilla la srta. X!

Tiempo después me he hallado en más de una ocasión como espectador de sesiones sexuales de terceros, en alguna de las cuales además he acabado también como actor. Tríos y demás no me son desconocidos. Hasta ese momento mis únicas experiencias en grupo no habían pasado de enrollarme con seis o siete chicas jugueteando (tiempos universitarios), pero sin follarme a ninguna; y en alguna ocasión, de entre mis infidelidades a Myriam, me había llegado a follar a tres mujeres en el mismo día, pero en horas diferentes. Pero no era aquel el momento idóneo para iniciarme en la porneía grupal, porque tampoco me atraía.

Acabé de comer, me duché, me perfumé, me vestí y esperé a que mi chica llamase. No se hizo esperar la llamada.

- Luís ya se piró, cariño. Te espero ansiosa. ¿Cuánto tardas? Corre, corre, ven, que me muero por verte…- que voz ten celestial.

- Nada y menos tardo. Volando voy

A puntito de llegar la volví a llamar para que bajase esta vez. La vi salir del portal, preciosa como siempre, pero qué ingrata sorpresa al ver a un desconocido que la cogía por los hombros y la insultaba, antes de darle tiempo a introducirse dentro de mi coche. Sin poder creer lo que sucedía salí, sin saber muy bien qué hacer con el agresor, saltando por un instinto que era sólo eso, instinto. Y por ese instinto visceral e incontrolable a veces saltamos precipicios

1 Comentario Estupefaciente »

  1. ¡Joder! tengo que irme al curso… XXXXX

    Comentario por Sux — 5 Marzo 2008 @ 18:13

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