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31 Enero 2008

Capítulo 18 – Últimos días en Santiago – 1ª parte (…olla a choiva pola rúa, laio de pedra e cristal…)

Categoría: Capítulo 18, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 19:47



Damos inicio a la segunda semana de estancia en Santiago. Se dice que mientras uno cuenta los días que lleva en un sitio es que va bien. La cosa empeora cuando uno cuenta con pesar los días que le restan por permanecer en aquel lugar. No es lo mismo el Umh, llevo tres días de vacaciones (¡qué guay!), que el ¡Joder, me quedan tres días de vacaciones (¡porca miseria!)! ¿Veis la enorme diferencia?

Transcurrió esa semana en Galicia con tristeza, con dolor, con duro pesar, con incertidumbres, con la cabeza agotada de dar tantas vueltas centrifugando, con vacilaciones, con melancolía, con pánico y cobardía, con desprecio de mí mismo por ese miedo y cobardía, sin fuerzas, sin ganas de volver a mi realidad barcelonesa, sin nada.

Sí, compañer@s. Ya somos compañer@s, ¿no? Si comparto mi vida con vosotros, mis intimidades todas, eso nos da cierto derecho de confianza, ¿o no? Bueno, prosigo… Esa semana fue la del apoteósico hostión de realidad. Me estrellé contra el suelo, perdí el norte, la cabeza, el equilibrio, me ahogué en el delirio, enterré ideales… Y había dado el primer paso para engancharme a lo prohibido. Mi canción ya empezaba a tener tintes autobiográficos…

Seamos realistas. Mi vida, mis amigos, mi familia, mi trabajo, mi universo, estaban concentrados en Barcelona. ¿Iba a ser fuerte y consecuente para poder mantener una relación a distancia? ¿Superaría los celos, la desconfianza, la añoranza que esa distancia impondría, la soledad? ¿Cada cuánto podría ver a Mery? ¿Cada cuánto mantendríamos sexo? ¿Una pareja a través del móvil o Internet?

Me sabía enamorado de ella pero todo eran dificultades. Sin contar con que volviendo a casa debía dejar definitivamente a Myriam, lo que me suponía cierto trauma. Y no sólo eso, no. Seguir enamorándome y necesitar a una persona que padecía un tumor, un cáncer. La persona a la que más podría llegar a querer, a necesitar, tenía mayores posibilidades que yo de morir prematuramente, de abandonarme en solitario al mundo. Centrifugado rápido y secado automático. ¿Dónde está mi amigo, el esquizofrénico de l’Empordà? Salvador Dalí, ayúdame, preciso de la sabiduría de tus consejos. ¿Es mi mujer? Tengo miedo de que ya todo termine… No sé si puedo mantenerlo… No sé si debo mantenerlo… No sé si quiero mantenerlo…. ¡No sé, no sé, no sé, no sé, no sé…! Help!

Me torturaba, además, el que cada hora que pasaba era una hora menos de compartir aquella realidad momentánea en Galicia. Si no hubiese tenido que volver a casa creo que nada hubiese importunado mis ideas. Pero el reloj de arena de mi estancia se vaciaba más rápido de lo que yo esperaba. Por eso la flagelación.

A nivel de trabajo la semana pasó más o menos como la anterior. Mi súpercliente no consiguió ningún contrato más tan chupado de formalizar como los anteriores, pero me facilitó un montón de contactos interesantes y algunos de ellos acabaron en firma. Pasta, pasta y más pasta. Lo que me daba una total libertad ante mi jefa provisional. Incluso pude visitar a dos o tres ex-clientes de cartera y recuperarlos. Todo a pedir de boca. Dedicándole el tiempo mínimo, por supuesto. Cambié el horario currante, no me salía de las narices trabajar hasta que dejaba a Mery a las cuatro de la tarde en el hospital para sus prácticas. Después de eso me decidía a visitar clientes. Pero hasta las seis y media o siete como mucho, que es cuando regresaba a solucionar el papeleo, a dormir una horita, a volverme a arreglar y de nuevo al hospital a buscarla, siempre previo paso por la habitación de mi compañero, todavía hospitalizado. De pencar por las mañanas pasé a hacerlo por las tardes. Y suerte que trabajaba algunas horas, porque en verdad os digo que no me apetecía en absoluto. Lo hacía mayormente por no aburrirme y no pensar en lo que no debía pensar. Ya que tenía los objetivos superadísimos, no era cuestión de que Sonia comenzase a controlarme por un enorme e inconcebible bajón de resultados. Y realmente, trabajar menos de tres horas diarias por el sueldo y las comisiones que se me pagaba, estaba de puta madre.

Con Myriam cada día a peor. Se le juntaba el no creerme con la necesidad de tenerme a su lado, todo ello muy bien macerado y condimentado con el darse mucha cuenta de estar perdiéndome irremisiblemente. Ansiedad in crescendo que perjudicaba sobremanera mis aptitudes neuronales y de alegrías. La generala Myriam perdía las batallas y se desesperaba por verse derrotada en su guerra, olvidándose de estrategias. Dirigía sus ejércitos impulsivamente, a lo loco, viendo morir, para más nervios y deshonor, uno a uno a todos sus soldados. Crónica de una muerte anunciada. Precisamente por ello más dolorosa. Precisamente por ello se negaba a aceptarlo. Hundida y ya rendida, no sacaba bandera blanca para olvidar, no. Como un escorpión atrapado por el fuego, moría dando aguijonazos a las piedras, a ciegas. Sin llegar a ser coherente y envenenarse a sí misma para evitar la horrible agonía. Y aguijoneándome a mí, salpicando su veneno en forma de palabras por la imposibilidad de que la llevase por los senderos de la felicidad. Yo la conducía por senderos de traición. Mi puta flaqueza, mi debilidad y mi cobardía. Su puta ansiedad, su depresión, su podrida pérdida de razón… Perdida en el remolino de la inmensidad de su derrota.

Las llamadas eran siempre más agobiantes. Cada día se superaba el límite máximo establecido y se batía una nueva cota. La frustración se podía tocar, cortar y hasta vestir. No eran bytes transformados en sonido, no, qué va. Era frustración vomitada a través de mil doscientos kilómetros y que me revolvían las tripas. Eran lágrimas por las que se me exigían responsabilidades al ser yo el maldito cabrón, culpable con alevosía y nocturnidad, de tanto sufrimiento gratuito. Era saliva escupida a mi cara por ser tan despreciable. Todo era pura mierda, mucha mierda. Mierda que pisaba a cada paso y que además tenía que limpiar con mis propias manos. Todo apestaba. Mis manos lo que más, con tufo a heces y sangre inocente por huellas dactilares.

Además de ser más agobiantes, las llamadas se alargaban en el tiempo. No sólo eran negativamente más intensas, sino más largas. Esto es, consistían en muchas más quejas (por su parte) y en muchas más justificaciones (por la mía).

Intenté hacerle creer que debía trabajar mucho los días que me quedaban de estancia laboral galleguiña, ya que en teoría, debiendo visitar a los potenciales y a la cartera caída, tenía el doble de faena. En su inconcebible irracionalidad incluso se enfadaba porque trabajaba mucho. En el fondo era otra de mis horribles farsas, un guión para que pensase que madrugaba mucho, me acostaba relativamente temprano y acababa la jornada muy cansado, para así no tener que hablar con ella mientras estaba con Mery. Suficientes cosas se arrastraban por mi materia gris como para tener que soportar, aunque solo fuese una vez más, la mirada del ángel de ojos esperanza contemplando una charla con el demonio de ojos negros. No quería volver a ver esa mirada, que era kryptonita para mis debilitados poderes. Mi idea era hablar con Myriam justo antes de buscar a la otra al hospital y que imaginase que me metía en la cama.

Evidentemente no era suficiente el que yo le hiciese creer a mi novia, si no que ella quisiese creerlo. Más cuando veía fantasmas por todas partes, por lo que, con cualquier ínfima tontería, recaía en crisis ansioso-depresivas brutales. Que me hacía pagar a mí, por supuesto. Quien no haya tenido cerca nunca a una persona que haya sufrido ataques de ansiedad del tipo tú-eres-el-culpable-único-de-que-yo-sufra-tanto, no tiene ni idea de qué le estoy hablando. El sufridor sufre, ¡vaya si sufre! Pero más aún el culpable de ese sufrimiento. Sufre por engendrar dolor en su pareja y sufre por la impotencia de no poder evitarlo, además de lo que llega a dejar de hacer por no dañar más a esa persona. Se siente egoísta si decide pensar en sí mismo. No se percata de que realmente es su pareja la egoísta, que paga con él sus miedos, sus carencias personales y su falta de felicidad. ¿Nunca escuchasteis la frase: es que yo te quiero a ti mucho más que tú a mí? ¿Por qué me quieres tú más? ¿Porque sufres sublimando tus carencias personales en mí, haciéndome culpable y responsable de ellas? ¡Y una polla! ¡Tú no me quieres más! Tú buscas a alguien que compense tus faltas, tus necesidades irracionales, que viva de la manera que tú elijas… En el fondo eres una maltratadora, y cuanto más te dé más vas a querer, hasta anularme por completo. ¿Eso es, así es tu puto amor? ¡Me cago en tu amor, métetelo por el culo…!

6 Comentarios Estupefacientes »

  1. Tienes razón, eso no es amor, sino egoísmo y maltrato. Inseguridad de la otra persona….Yo también he vivido eso…
    Como mujer, te digo que yo nunca te hubiera llamado tantas veces…me podría el orgullo…

    Enhorabuena, por tu novela, aún me queda mucho…pero lo que llevo leído lo he hecho en dos tardes, qué enganche!!! quizás me siento superidentificada, la edad, la música….Besos.

    Comentario por Inma — 9 Marzo 2008 @ 15:44

  2. Pues sé bienvenida, Inma, a este trocito de mi alma en forma de tinta electrónica…
    Tienes toda la razón, los celos hay que evitarlos al máximo. Quizás en la adolescencia o en los primeros años de juventud, cuando los sentimientos se disparan a bocajarro, incontrolablemente, sean incluso positivos para formarnos para los amores posteriores, pero pasados los 30 son sintomáticos de las propias inseguridades o de desconfianza motivada por falta de diálogo. No obstante no pretendo hacer apología anti-celos…
    Por otro lado, me ha gustado mucho que me digas que te sientes súperidentificada. Han llegado muchos comentarios y correos privados sobre ese tema. Curiosamente, un editor un día me dijo que esta novela era minoritaria en carácter porque sólo drogadictos podían sentirse identificados en ella. Ojalá lea estas líneas este domingo y se sienta absurdo por prejuzgar con una ojeada a un título y unos párrafos.
    Creo que los que somos de la misma generación (yo nací en los días previos a la fiesta por la muerte del Paquito) hemos pasado por cosas parecidas: hemos crecido con la misma música, hemos vivido con la misma ingenuidad de los primeros besos o cigarrillos, hemos cantado “20 de abril de 90″, “labios de fresa, sabor de amor”, “en el límite del bien, en el límite del bien”, hemos bailado lentas en las discotecas y botado alegremente en los conciertos de las fiestas del pueblo, y todos, sin distinción, hemos vivido el primer amor como si hubiera tenido que ser el definitivo.
    Esta novela no es un “himno generacional”, ni mucho menos (no soy tan egocéntrico como para pensarlo), pero sí que está impregnada de la esencia de nuestra generación, por eso hay quien se siente indentificad@.
    Y yo más contento que un niño con chupete de sabores..

    Comentario por Nes — 9 Marzo 2008 @ 18:47

  3. En estos momoentos eres como Platon y yo tu alumno, no es para aludirte no cabron! ni mucho menos pero es que es jodidamente cierto me siento tan proximo a tu lectura. Hacia ya dos meses que no entreva, incluso me a costado enontrar por donde hiva, pero es que parece ireal pero justamente voi por un capitulo que me da lecciones sobre un momento que estoy pasando en mi vida. Hice caso de tus recomendaciones de escribir y la verdad es que me encanta,me paso noches enteras escribiendo y durmindo poco par ir a currar resacoso y con pocas ganas, incluso el otro dia tuve cojones de enseñar a un colega lo que havia escrito y le encanto, es muy gratificante saber que no piensas solo. Sabes como se llama el exto? (puto NES lo has cnseguido).
    Debo ser el admirador que mas te mas piropos te tira pero es que por casualidades irazonables esta nobela a entrado en un momento de mi vida que me esta cambiando, de echo no me esta cambando si no me esta ayudando a encontrar ese yo escondido que siempre a querid salir.

    Voy a seguir que tengo mas de leer que de escribir.

    Fins haviat.

    Comentario por turu — 23 Mayo 2008 @ 19:00

  4. ¡Coño, Turu, cuánto tiempo, nen!!!
    Oye, que a ti te gustaba Extremoduro, el día 14 de junio tocan en Reus, que lo sepas… Menuda fiesta me pienso pegar esa noche, juajuajuá!!! Y el 16 de agosto estaré en Malgrat con los colegas Mojinos Escozíos (¿tú no eras de aquella zona?).

    Me alegro de leer tus líneas, tío, como siempre. Y me alegro de que la lectura haya despertado algo en ti, sensaciones y ganas, porque ese era mi objetivo. A mí la escritura me ayudó en el momento más bajo de mi vida, hizo que me conociera mejor, que aceptase mis defectos y carencias, que pudiera canalizar mis virtudes… y ¡qué pollas!, me lo pasé de puta madre los meses que duró la creación de la primera parte de Diario Estupefaciente y me lo paso de puta madre ahora escribiendo la segunda parte.

    Disfruta de ello, Turu, y no te cortes de dejar que lo lea la peña, porque lo peor que te pude pasar es que te ayuden a pulir los defectillos que todos tenemos al escribir.

    Salud!

    Comentario por Nes Oliver — 23 Mayo 2008 @ 19:53

  5. Volvi a leer este capitulo para refrescarme la memoria y me parece que en las ultimas lineas has captado la escencia de muchas personas que trantan de culpar a los demas por sus defectos.♫

    Comentario por Melómano♫ — 17 Agosto 2009 @ 3:45

  6. Efectivamente, Melómano, esa era la idea. A pesar de que a simple vista la novela parece banal, las correrías de un juerguista descerebrado, realmente es una novela de crecimiento y hundimiento personal. De lo difícil que es quitarse las ideas preconcebidas con las que se vive a diario y que de poco ayudan cuando se necesita algo más para ser feliz, y lo que ello puede acarrear, buscando en los lugares equivocados esos valores, y como hundirse en otras miserias propias consigue que finalmente seamos más fuertes, más seguros, más preparados para el éxito (entendamos por éxito conseguir aquello que uno quiera, sea o no material). Siendo nosotros mismos, alejados de costumbres chorras y dañinas encontramos ese éxito, que está dentro de nosotros mismos.

    Culpar a los demás de lo que nos pasa es no asumir nuestros defectos, es no abrir los ojos y decir, “coño, esto tengo que cambiarlo”, es un dejarse llevar por lo que los demás consideran normal o que está bien y que no nos hemos planteado si es así para nosotros.

    Asumir los propios defectos es un primer paso para grandes virtudes!

    Comentario por Nes Oliver — 17 Agosto 2009 @ 4:16

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