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1 Febrero 2008

Capítulo 18 – Últimos días en Santiago – 2ª parte (…olla no vento esvaido, soma e cinza do teu mar…)

Categoría: Capítulo 18, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 2:59


Con Mery, sin embargo, la cosa no iba a más. No iba a más por mí. Como escribí antes, la cruda realidad me golpeaba hasta noquearme, con irascibilidad, una y otra vez, hasta desangrar mi sucia alma. Ella, que no era en absoluto causante de la falta de tesón para deshacerme de mi novia, que no era culpable de que yo fuese tan imbécil y conformista como para abandonar a quien no solo no me hacía dichoso sino que además me amargaba la existencia; ella, que creía en mí, que había sacado todo su carácter sin arrepentirse y había abandonado a Luís por creer que entre nosotros podía suceder algo bello; ella, que desnudaba su cuerpo y su alma en pos de conquistarme… ella notaba que algo cambiaba. Algo no: era yo lo que cambiaba. A pesar de que en su presencia disimulaba al máximo. El peso empezaba a hacérseme insoportable. La decisión de cómo manejar mi propia vida, con pros y contras, se me tornaba una carga pesada, la carga más pesada. Mis poderosas fuerzas de antaño se malgastaban, como toda la glucosa que a marchas aceleradas consumía mi cerebro dubitativo.

Estaba genial con ella, era cuanto entonces yo podía esperar de una mujer, física, mental y genitalmente. Era la mujer que hubiera elegido en todos mis delirios de grandeza. En todos mis sueños. La ideal. Perfecta. Pero yo ya no era tanto el Nes alegre y risueño de la semana anterior. Me había transmutado en el Nes pensativo, meditabundo, melancólico, hartas veces tristón. Siempre pensativo. Era a mí a quien por vez primera y de manera tremendamente hiriente me atacaba la presión de las dudas y la ausencia de respuestas. Todo lo juzgaba, todo lo sopesaba, todo lo valoraba. Y está claro que para llegar a ser feliz hay que vivir intentando saborear, no intentando juzgar a qué saben los sabores que se prueban. No lo sabía, pero desperdiciaba de esa manera otra nueva semana de magia con mi nueva musa del amor…

Ella se preocupó por el cambio en mis ánimos. ¿Cuál de los Nes era el real? ¿El de la primera semana o el que comenzó a conocer? ¿Por qué el primero le hacía tan feliz y el segundo no tenía tantos ánimos?

Mery ya estaba enamorada, por lo que mi cambio de actitud le suponía cierta tristeza. Tristeza por verme, de una forma que tampoco ella hubiese sido capaz de definir muy bien, hundido. Debía cambiar mi actitud también ante ella para no dañarla. No era suficiente con disimular. Tenía que engañar a la barcelonesa y a la lucense. Joder, se me sumaba otra mujer ante la que comportarme de la forma en que se esperaba que yo me comportase. Con sentimientos ambiguos, pero en las antípodas los sentimientos que pertenecían a una y a otra. El único punto común era que por nada del mundo quería regalar a ninguna de ellas la Caja de Pandora, que era de mi exclusiva posesión. Pero, ¿cómo evitar que mis males las atacasen? ¿Desapareciendo de la vida de ambas hasta tener algo claro? Me arriesgaba así a perderlas a las dos. Muy egoísta. ¡Si es que…!

Creo que los síntomas de una depresión en toda regla es lo que más se parece a lo que padecí aquellos días. Más o menos. Por lo menos dentro de lo posible, y a pesar de que ambas eran muy conscientes de que algo acontecía en mi cabeza, intenté eso, llevar mi vida.

Para ser más correcto, era a solas cuando más me comía la cabeza, hasta marearme. Con Mery me mantenía casi digno del todo, salvo en momentos puntuales en que, como dije antes, ella lo notaba. Y antes de dormir. Justo antes de dormir es cuando me pisoteaban los pensamientos asediantes como manadas de animales salvajes en huida, pensamientos como brocas de taladro atravesándome, agujereándome, perforándome…

Esa semana Mery y yo dormimos juntos todas las noches en mi hotel. No, todas no. Yo tenía que volver el viernes a casa, por lo que quedaban la noche del lunes, martes, miércoles y jueves. Perdonad por trataros como ignorantes, lo siento. Imagino que sabéis de memoria los días de la semana. Excuse me! Bueno, que sigo.

Dormimos todas las noches juntos. Una de las noches, no sabría deciros cuál, la memoria no abarca tanto, creo recordar que una de las niñas estaba bastante enferma, con mucha fiebre, y se quiso quedar en casa cuidándola. No era plan de estar por ahí de jodienda hotelera mientras una de sus niñas se debatía entre la vida y la muerte. Muy exageradilla la chica. Y me arriesgué a que Myriam llamase a mi habitación y de nuevo no me encontrase. Pero haber forzado a Mery a otra cosa hubiera delatado aún más mi triste cobardía.

No penséis que a pesar de la tristeza desperdiciamos las noches, no. Fueron muy bien empleadas. Lo cortés no quita lo valiente. Aprovechadas hasta que Mery quedaba dormida. Entonces aparecía Nes el Murciélago, grandioso noctámbulo y pensador compulsivo. Mery siempre caía rendida antes que yo. Pocas veces consigo rememorar en que yo alcanzase la fase REM antes que ella. Cosas del medicamento (medicamentosis le llamabas, ¿recuerdas?), de la Tiroxina, que le aceleraba enormemente el organismo, por lo que llegaba agotada a la cama.

La pasión y el sexo de calidad siempre fueron nuestros aliados de alcoba, independientemente de todo, de discusiones, de enfados, de cansancios, de estados de ánimo vegetativos, de malos humores… Estábamos enganchados sin remedio al cuerpo del otro. Adictos. Hasta entonces, Mery era lo mejor que había pasado por mi cama. Y eso que Myriam, sea dicho de paso, había dejado el listón muy alto. Con los años, para suerte mía, han ido llegando otras bellas féminas que han igualado ese feeling sexual insuperable. Supongo que es el límite máximo del gran placer de la carne al que se pueda llegar. Siempre me colmó de placeres indescriptibles con toda su piel, con su boca, con su maravilloso coño…. Su cuerpo era mi cuerpo, su placer era mi placer, su alma era mi alma.

¡Ei, qué morbosos sois! ¿Os estáis preguntando cuáles han sido las otras mujeres que han igualado tanto placer carnal? No me da vergüenza responder. ¿Queréis recuerdos obscenos? Vale pues. Colocamos los dos rombos, ¿os parece?,

Dos rombos

Ahí están. Menores fuera, por favor. D.N.I., por favor. Gracias. Hablemos de esas maravillosas luchadoras del sexo.

Mi impresionantemente bella Sonia Peque. Todo, todo, todo maravilloso en ella. A pesar de ser seis años más joven que yo, era vehementemente magnífica, superlativa. La conocí cuando ella aún no había cumplido los diecinueve. Preciosa. Rubia, alta, cuerpo esbelto. ¡Qué beldad! Una mezcla entre las cantantes Anastacia y Malú. Tan guapa como Mery. O incluso más. El cuerpo y la cara más bonitos que un hombre puede echarse a la cara. Morbosa, juguetona, divertida, inteligente, risueña. Y caliente, muy caliente. Emanaba un olor particularmente dulce y exótico, como el sabor de toda su piel y de su carne rosada. Y me amaba y admiraba con todas sus ganas. No supe cómo tratarla, su juventud me dio miedo. Miedo de acabar enamorado, dependiente de ella y que, debido a la falta de experiencias con cantidad de hombres para contrastar, me abandonase. Supongo que fue eso. Pero aún hoy día rememoro su cuerpo desnudo dentro del Mazda. Y en otros cientos de lugares. Nueve meses de sexo ultraterrenal. Un diez. Menos sería engañaros… y engañarme. Guardad tranquilidad, que más adelante leeréis algún polvete con ella, que también tiene sus capítulos como prota, tanto en la novela como en mi vida.

Ingrid Bixu. Diecinueve añitos cuando la conocí (sí, es que siempre me han gustado las más jovencitas, joder). Pequeña, delgadita, poquita cosa. Pero también una preciosidad. La cara, la sonrisa, la alegría que contagia. Poco pecho, poco culo, pocas caderas, poca carne donde coger, pero sabiendo bien como utilizarla para el goce. Era, eso sí, el morbo que fantaseaba en mi mente lo que hacía que el sexo fuera tan fenomenal. El piercing en el pezón izquierdo también ayudaba. Y el poder dominarla a mi antojo. Y el que se dejase guiar por mi experiencia. Me estoy excitando recordando, joder, que se me ha puesto dura.

De Nadia ya os hablé. ¿Qué más podría añadir? Otra morbosa preciosidad que ha alegrado a mi polla de forma bárbara. Estoy convencido de que cualquiera sería capaz de matar por gozar lo que yo he podido gozar con esa chiquilla.

Benny. Tres polvos, pero qué tres polvos. Y sin conocernos de nada. De escasamente doce o trece horas. Eso fue entendimiento y lo demás que se quite de hostias. ¡INCREÍBLE! Los tres están grabados al rojo en mis párpados y en mi piel. Y no fueron espejismos de oasis desértico. Eso pasa solamente cerca de Marina d’Or, cuando te dio miedo dejar a tu novio, ese que no te hace para nada feliz, con el que no tienes la relación que te gustaría tener. Uso tus palabras. ¿Recuerdas lo qué es hacer el amor conmigo, o has hecho por olvidar para no martirizarte eternamente por no haber tenido el valor suficiente como para montar en un autobús de gira rockera conmigo…? Dos cuerpos en perfecta sintonía, simétricos para el disfrute del uno con el otro, complementados. Tú el pan y yo el franckfurt (¡Dios, qué horrible metáfora, puaj!). Si hasta la gente nos aplaudía cuando decidimos hacerlo por vez primera cerca de la orilla de la playa. Sería la una de la tarde de principios de agosto, con la playa a reventar de personajes alcoholizados y drogados de cocaína, éxtasis y cristal, cuando ya no aguantaste más y me llevaste al mar para que te hiciera mía. Nos aplaudieron por la gran faena. Aquel primer día del mejor Festival Independiente de Benicàssim, F.I.B., el de la décima edición. ¡El mejor de la historia! Por lo menos para nosotros dos. El nuestro. Y cómo te quise, por muy poco tiempo pero con infinita intensidad. Como te quise…

¡Amooooor! Mi Alexandra. Faltabas tú. Entre las más de 100 mujeres que han probado ya el licor de mi nabo me faltabas tú. La última, y en este caso por ello la más importante. Porque al iniciar algo en común como estamos haciendo, renuncio al hedonismo de otros cuerpos para poder conservar toda tu concupiscencia en mi lecho. Pero ya no es el sexo, la química de vapores y llamaradas que hay entre tu brecha y mi miembro, o tu mirada realmente pornográfica. No… es… es todo. Es lo que siento por ti, además. Espero, por cierto, que seas capaz de entender, comprender y asimilar este libro sin celos ni malos rollos por tener que tragarte el que hable de otras mujeres y otras relaciones que he tenido, unas de pareja y otras meramente eróticas, unas lejanas en el tiempo y otras recientes. Alguna que incluso has tenido que digerir no hace demasiado. Pero piensa que si decido que tú seas una de las primeras personas en leer esto antes de echarle un pulso a las editoriales, y si decido irme a vivir contigo, será por algún motivo, ¿no? ¡Ay, qué te quiero!

Podría hablaros de docenas de experiencias, y de mujeres con las que me corrí de un golpe de riñón, pero no igualan ni por asomo al diez, a la perfección de estas mujeres señaladas. Los actuales amantes de todas ellas que se den por afortunados. Pero pensad que, a ciencia cierta, ellas también me recuerdan a mí en la cama. Porque el diez en puntuación sexual es recíproco. Empezad a tener pesadillas viéndome en fantasías horripilantes follando con vuestras parejas. Mirad el interior del libro, los interiores de portada y contraportada. En alguna de ellas debe haber una foto mía, seguro. Exigiré que la haya cuando esto se edite. Para que sepáis cómo soy, con quién ha fornicado vuestra amante/novia/esposa y os deis cuenta de lo celosos y envidiosos que sois.

Si fuese un cabrón relataría tantos polvos como recuerdo, delataría a todas las tías que han sido infieles a sus parejas conmigo. Se iba a liar una que te cagas. Lástima que mi ética me impida llegar a ser tan ruin, que si no… (y que ya me intentaron matar en una ocasión, pistola entre las cejas, por haberme follado a quien no me debía haber follado) ¡Jejejé! Vaya irónico. Yo tampoco soy raro cuando quiero, qué va. En vez de crearme amigos, lectores en potencia, me dedico a enemistarme con… a lo mejor con nadie. Si es probable que estos energúmenos no sean capaces ni de leer un libro, tan pendientes de cómo salen ellas vestidas a la calle, o de que los compañeros de trabajo se las quieren follar… Celosos enfermizos. ¡Odio a los tipos así! Aunque yo haya sido igual en alguna ocasión, pero tengo derecho a expresarme libremente. Total, es mi libro. Y yo he venido a hablar de mi libro, juajuajuá…

No entiendo a las mujeres que están con individuos de esa calaña. No obstante, si alguno de vosotros compartís cama con alguna de mis antaño amadas Mujeres de sexo 10 y no pertenecéis al Club de los Celosos Compulsivos y otro tipo de Mierdosos y Perdedores, aceptad mis disculpas y reconoced que os ha tocado la lotería con esa ultraterrenal mujer que está a vuestro lado…

3 Comentarios Estupefacientes »

  1. Joder!!! que ultimo parrafo tan sierto, con alto contenido de sabiduria vital, no se si es por que de alguna manera me veo reflejado en el,pero me ha gustado mucho y creo que sera una de la citas que ponga para mi trabajo de literatura.

    Salud y vida Nes

    Comentario por Melómano♫ — 15 Agosto 2009 @ 18:57

  2. Melómano,

    Veo que sigues acelerando en la lectura, y eso es buena señal. Me halaga que estés disfrutando de la lectura y no me equivoco al decirte que, si has llegado hasta aquí con ganas de leer aún, lo que sigue te va a gustar mucho más.

    Salud y rocanrol!

    Comentario por Nes Oliver — 16 Agosto 2009 @ 1:43

  3. De casualidad encontre esta novela por internet, debo decir que desde el principio me enganche, perono te engañes: si, me encanta que le pongas a tu relato trozos de canciones que encima conozco y me agradan, pero veo fatal esto de Mery, no entiendo como te dio tanto miedo el que te dejara “solo”,en vez de pensar que ya que la vida son dos dias y vivirlos al maximo con ella, te rajastes por su tumor…
    Y es que ya son muchas las cosas que me han fastidiado, francamente , te veo (o eras por lo menos) un tanto egolatra: que si eras el seximmbol de las mujeres, que si tenias mucha pasta, y no hablemos de drogas.
    Deacuerdo, yo he elegido leer esto,y si no megusta me puedo ir, pero es que no quiero, porque a parte de esto, me gusta la historia de tu vida, pero debia decirlo, tenia una espina clavada en mi moral y ahora ya me la he podido quitar.
    Si quieres discutir mi comentario o hacerme ver que lo que pienso no es asi, me encataria que puedieramos hablar de ello via email.
    Bueno, gracias y lo siento ;)

    Comentario por Nona — 28 Febrero 2010 @ 23:40

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