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4 Febrero 2008

Capítulo 19 – Regreso a mi realidad – 3ª parte (…promesas que no valen nada, nada, nada, nada…)

Categoría: Capítulo 19, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 15:22


Volvimos a prometernos infinitos, la vida, la muerte… hasta el alma. En realidad, con el alma hice un trueque años después a cambio de juventud, sexo, alcohol, cocaína y Rock´n´Roll. ¿O fue en el baño de un after por un par de gramos de alcaloides? No lo recuerdo muy bien. Pero allí nos prometimos cielos e infiernos. Y porque no había más que prometerse, si no aún estaríamos en ello, aún nos prometeríamos. Todo con tal de no separarnos. ¡Cuánto cuesta asimilar la realidad y aceptarla! Nos aferramos con garras para que no sucedan cambios que alteren las rutinas que nos son cómodas. En el fondo el ser humano es un animal social, gregario, de costumbres simples y establecidas. Esto es, de hábitos. Así es más fácil vivir. También se consiguen menos satisfacciones, por supuesto. Suerte que mi vida ha virado por otros senderos y derroteros, fielmente guiado por el azar y el instinto he podido espantar a la pérfida rutina. Y no quiero volver al tipo de vida de antaño, ¡eh!

Muchos de los que me conocen reconocen sentir envidia por la manera que tengo de enfocar actualmente la vida. Viajar, conocer gente, sentir, tener nuevas experiencias, nuevos conocimientos, no trabajar, escribir este tocho novelero… Mis años me ha costado. Más actualmente que me es menester renunciar a cientos de cosas por mantenerme fiel a mí mismo. Las mismas cosas a las que renuncio por la elegante nueva profesión a la que me adscribo, la de escritor. Un bohemio como yo debe ser un sufridor de la literatura, de la creación. Malviviré durante años (espero que no demasiados) por mi sueño, por mi idea, por creer en mí. Y escribiré. Y escribiré hasta que mis dedos sangren aquellas palabras que esculpía para ti. Y no me perderé. Y no me perderé en las frases corrompidas por el uso. Sí, también me tocaré mientras el cuerpo aguante. Y no me repitas nunca más que no sabes qué hora es, que así me tocas mucho los cojones. ¿Y qué más da qué hora es? Si siempre es pronto para amar y ser amado. Brindemos por ello estrellando despertadores contra el suelo, contra las paredes, contra el techo, contra lo que queráis, pero estrellad despertadores, coño. Que mañana nadie madrugue pero que todo el mundo se ame. Se perderán miles de millones de €uros, lo sé, pero ese ratito de amor y a la vez de transgresión moral y social nos reportarán mayores dividendos por los sentimientos gratos que se derrocharán por quintales métricos. ¿No lo vais a hacer? Allá vosotros. Yo no madrugaré, advierto. Claro, por escribir hasta las tantas. Pero deseo que el día en que tú estés leyéndome, tampoco tenga que hacerlo. Y si Abá, Padre Supremo y Celestial existiese, nos indultaría por los siglos de los siglos, Amén, for eternity, a que no madrugásemos. Él, como Sabedor Omnisciente que es, sabe lo fatal que es para el cutis y la salud despertar antes del Telediario…

Vuelvo a Galicia. Sin remedio llegó el instante, el momento, la infinitésima fracción del segundo de separarnos hasta no se sabía cuándo. Los sollozos transformados casi en ataques bronquio-asmáticos. Había que hacerlo. Con los ojos entelados, chorreando llanto salado y balbuceando las palabras que otrora nos habíamos musitado, arranqué y marché, habiéndola dejado subiendo las escaleras hacia su piso. Tenía un coche veloz y podría volar con él, pero sin ella no me merecía la pena… Ni tres minutos y ya la estaba llamando. Los recuerdos me apalizaron en un santiamén. Y no los de ropa interior y penetraciones, no. No. Recuerdos de su mano cogiendo la mía, su carita pegada a la mía, su voz… Las cuatro y diez de la tarde, la hora en que se deberían morir los relojes o aparecer Dalí a derretirlos, a fundirlos. Sin relojes, sin las cuatro y diez, no hay despedidas, no hay que abandonar a bailarinas celtas, ni las primeras novias tienen que ir corriendo a trabajar al almacén y abandonarte con el helado de fresa a medio comer, sin café y con fotos feas en la cartera, ¿sabes que James Dean ya murió hace años estrellando su deportivo? Pero como el tiempo sólo se paró en mis venas, nada de eso sucedió y nos conformamos con escuchar nuestros lloros mientras me alejaba imparablemente. Cada siete segundos me endemoniaba y creía que lo mejor era romper con todo y quedarme en Galicia, directamente. Pero al segundo octavo la razón volvía a hacer brillante acto de presencia y desestimaba la idea, al menos por el momento, al menos durante seis segundos más. ¡Pobrecillos los dos! ¡Cuánto sufrimiento, cuánto dolor, cuánta necesidad de estar juntos! Hubiese sido más coherente esta escena tristemente tierna en la separación matrimonial, física y psíquica, después de lo vivido, gozado y sufrido. Pero ese día de finales de enero era ligeramente pueril, aunque lo sufrimos y lo lloramos con total convencimiento, como si perdiéramos para siempre a la persona decisoria de nuestras vidas. Si las horas de prácticas en el hospital se nos hacían eternas, imaginad la idea de la indefinición en cantidad de horas, días o meses, la incógnita de adivinar cuántas horas restaban para volver a besarnos.

La vuelta, con la cabeza bien ocupada, no se me hizo tan larga. Velocidad de crucero bastante elevada. Sólo paraba para vaciar la vejiga y llenar el depósito. Así me retuve abstraído durante poco más de nueve horas de desprendimiento de hipotálamo. Cagar ya me cagaba en marcha. Me cagaba en todo lo cagable, confieso. Un CD con el Repeat pulsado fue mi única compañía. Aquel doble de Los Burros, Rebuznos de Amor y Jamón de Burro. Manolo García y Quimi Portet. Canciones como Disneylandia, sí, siempre decías quédate, la duda sin parar o seguir…, canciones tan tristonas y melancólicas como aquel Nes que conducía con ojos de perdido y fantaseaba bodas con pintores muertos como padrino e invitados, alejándose del Portugal que aún nos quedaba. El regreso de la escapada de mi propia estupidez. Pero no hallé ni mi sentido ni mi común en la capital gallega, no. Me apoderé allí de nuevos argumentos para aumentar la locura transitoria personal. Necesitaba un cambio de aires, pero se me metieron todos los vientos en el cuerpo. Lagarto, lagarto… Cuando uno conoce sólo una cosa sólo tiene una opción de elección. Cuanto más se conoce más opciones se tienen y más se complica escoger una alternativa. ¿Qué coño pinto aquí, que hago yo ahora con mi vida? ¿Qué culpa tengo yo de ser una flor rara? ¿No era cierto que entre flores raras nacía el amor fugaz? Era lo que me cuestionaba al ver el cartel de Benvinguts a Catalunya (Bienvenidos a Cataluña), sólo en la noche oscura conduciendo un auto de faros saltones. M+M, Myriam y Mery. ¿Qué M era la mía? ¿La que me agobiaba porqué me sentía en deuda con ella? ¿O la que un pintor tarado de mi tierra había dictaminado como esposa, quizás sin utilizar más de tres colores y ni gota de raciocinio? ¡Mierda, esa era mi M, la de Mierda! Con pocas fuerzas pero ni pizca de sueño, con inflamación ocular, bolsas en los párpados y cejas caídas, me debatía además entre ir o no ir a ver a Myriam.

Me sacó de tales trances el Uannai que yendo muy borracho había metido el coche en unas zanjas del campo y no podía sacarlo de allá. Como iba muy, pero que muy mamado, alucinaréis, decía que se había olvidado de hablar castellano, ¡la madre que lo parió!, y no se podía comunicar con el señor gruísta. Entonces, sin salir de mi asombro, tuve que hacer de intérprete telefónico. Menudo el pepinazo paposo que cargaba mi coleguita.

También había hablado con Myriam, pero muy poco. Tuve el móvil desconectado la mayor parte del viaje fingiendo poca cobertura. Y en cuanto me ponía a hablar con ella colgaba maliciosamente, haciendo creer que en media España no se recibe un pijo de señales de satélites si vas a más de ciento cincuenta por hora. Déjame en paz con mis pensamientos intempestivos, coño, pesadita.

Me decidí a no verla, pero cambié de opinión para que no taladrase mi maltrecha cabezota. Fingiría cansancio de morirme e incluso me haría el dormido. Que me viese y que me dejase en paz. Así, en un par de días volvería a disponer de tiempo y espacio para replantear mi futuro.

Con tal batiburrillo de ideas me dirigí a casa de Myriam, entonces en el centro de Barcelona ciudad. Media hora o más para encontrar un puto aparcamiento. No, esto no puede continuar así, debo dejarla, ya no aguanto más. Decidido. Saqué arrojo después de la quinta vuelta por la calle Tinent Flonestà, cuando encontré un hueco suficientemente espacioso como para que Pimientito descansase. El destino me pone parking para que me deshaga de mi novia. Cruza los dedos, entona el Mantra de la Paz Interna y para allá. ¡Esos huevos, Nes! ¡Esos huevos…!

3 Comentarios Estupefacientes »

  1. XXXXXX

    Comentario por Sux — 9 Marzo 2008 @ 14:02

  2. Joder tio, exelente la interrupcion de la narracion triste de la despedida de Mery con el coñaso del Uannai,que me rei mucho leyendolo, como carajos se le va a olvidar hablar Castellano. Muy bueno

    Comentario por Melómano♫ — 17 Agosto 2009 @ 4:43

  3. Hábil también ahí, Melómano, viendo que era un recurso para que sea el propio lector el que le de la fuerza de la tristeza a la despedida en relación a sus vivencias (qué mejor forma de hacer sentir algo que conseguir que cada uno saque el sentimiento de sus entrañas). Eso si, te aseguro que al Uannai se le olvidaba a veces hablar castellano y sólo le salían las frases en catalán, palabrita…

    Comentario por Nes Oliver — 17 Agosto 2009 @ 5:42

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