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6 Febrero 2008

Capítulo 21 – Soñé un sueño muy extraño - 1ª parte (…que no sé descifrar…)

Categoría: Capítulo 21, Diario, Novela Blog — Nes Oliver @ 0:45



No me equivoqué en absoluto. Soñé contigo, Alexandra. Y como fuiste la protagonista de un sueño lo suficientemente extraño y bello, un sueño que viene al caso, te lo contaré y que así los lectores se entretengan con mis fantasías oníricas.

Alexandra, pequeña, esta noche tuviste como profesión la de escultora. Me llamabas para enseñarme tu extensa obra creativa, una colección con docenas de esculturas. Todas bellas figuras de mujeres. Las habías cincelado única y exclusivamente para mí, para mi delectación contemplativa. Decías que yo era tu fuente de inspiración para crear preciosas y lascivas hembras de mármol desnudas. Resulta que hacía algún tiempo me habías sugerido la idea de labrarme a mano una a una todas las mujeres de mi vida, pero todas de mármol blanco y gélido, para que restasen definitivamente muertas y frías, todas menos tú. Ellas ya sólo serían piedra escarchada y tú serías mi carne caliente. Querías calentar mi cuerpo y mi alma por los restos. Y yo lo mismo. Una vez que lograste la clonación calcárea de todas ellas quisiste que admirase la fantástica obra de arte que podías crear por amor. Una a una me fuiste enseñando las réplicas. Eran todas de una similitud y un realismo brutal, impresionante. Parecían copiadas, destiladas y luego materializadas, como de un molde hecho de las mujeres reales a las que se representaba…

Estaban todas, todas. O soñando me pareció eso. Incluso sacaste de la deforme piedra las formas curvas de aquellas de las que olvidé el nombre en tantos naufragios de barras de bar. Viéndolas recordaba. Desnudas, excitantes, excitadas, eran de una maestría insoslayable. Parecían más bien congeladas con nitrógeno que trabajadas en mineral. Todos los detalles de sus cuerpos, incluso los que sólo yo podía conocer, quedaron plasmados, Alexandra, con inusitada perfección genética. El cabello, el pubis, las pestañas, perfectas, reales, con tacto de pelo, no de piedra caliza. Los labios eran carnosos si el original los tenía carnosos. Besé alguno, y apostaría doble o nada a que noté el sabor a saliva y tanteé lenguas seductoras que me invitaban e incitaban a seguir besándolas. Los pechos, de todos los tamaños, perfectos, reales. Hasta en el tacto de las aureolas. Me pareció incluso que al tocarlas los ángulos de las caras se agudizaban como de placer. Me pareció, vamos. Hasta los sexos representaban los reales, afeitados o con formas imposibles dibujadas con el vello púbico.

No te lo pierdas, cariño, las cosas que haces en mis sueños. Las habías ordenado por grupos. Las más guapas, las más cariñosas, las más guarrillas, las más ninfómanas, las más pesadas, con las que practiqué los tríos, las que perdieron su nombre, las que perdieron la vergüenza y los papeles, las que tenían novio, con las que nunca más repetí, las menores de veinte años… Estaban Mery, Sonia, Ingrid, Benny, Nadia, Noemí, Patricia, Mónica, de Laura y Mari había unas cuantas, nombres muy repetidos en mi vida, Montse, Juani, Cristina, Lorena, Tony, Silvia, Beatriz, Giovanna, Heaven, Jessica, Cynthia, Eva, Julia, Vega, Rosa, Sofía, Marta, Perla, Raquel, Vero, Ascen, Paola, Teresa, Cristal, Sarita, Meritxell, Vanessa, Sandra, Laia, Anna, Susana, Carol, Olga, Lola, Esther, Estrella, Núria, Yolanda, Raquel,… Y las que se podrían llamar de un millón de maneras diferentes pero que mi mente no recordaba. Todas en mármol. Todas…

Si el realismo material era maravillosa perfección, tuve que restregar mis ojos porque no podía creer que no olvidases ni el olor, majestuosamente conseguido, copiado, plagiado. Las esculturas no deberían oler como los originales, ¿no? Me pareció muy demoníaco. Pensé en Platón. ¿Es que mi alma transmigraba al mundo de las ideas, arquetipos o formas del filósofo? ¿O al revés? Entonces me percaté, algo nos faltaba. Pero, ¿dónde está Myriam, Alexandra? No se me ocurrió preguntarte cómo habías podido recrear tan a la perfección a todas las féminas con las que me apareé en un momento u otro de mi existencia. No, eso no. Eso no era tan importante, cómo si ocurriese a diario. Te pregunté por Myriam. No estaba. Y ha sido de las personas más significativas de mi vida, tú lo sabes. Habías modelado estatuas de todas, incluyendo las pedorrillas, y no la de Myriam. Me extrañaba. Alexandra, amor, entonces cogiste mi mano y me guiaste en mi estupor a tu taller de trabajo, y allá, de píe, tapada con una tela, una gigantesca sábana, sobre un atril de metacrilato redondo y transparente, una especie de pódium individual sin medallas, había algo. Lo destapaste y con sorpresa apareció la escultura de Myriam. La observé tenazmente. Era la única figura a la que diste ropajes, curioso, además de ser idéntica a la persona a la que representaba. Bella, cara angelical, ligeramente exótica, pero con sus facciones sumidas en padecimientos. Sangraba por las piernas, flancos y nalgas. Además lloraba. Sangre también. Ese dolor era inmenso, martirio infernal, e iba proyectado, tal como su mirada, yo lo sabía, a un objeto rojo que admiraba con extrema devoción, y que aguantaba entre sus manos como en posición de rezar. Fijando más la vista advertí que era el Corazón de Jesús. Me asusté. ¡Una estatua que sangra!, proferí hasta quedarme sin aire y estar a punto de desfallecer por falta de oxígeno en mi pataleado cerebro sin respuestas. Mi sorpresa era mayúscula. Alexandra, cariño, me abrazaste, asentiste y comentaste: - Es inaudito, ¿a qué sí? Mañana llegarán unos investigadores que el Vaticano me envía para echar un vistazo y analizar este extraño suceso. Yo también aluciné al percatarme, créeme. Sangra como una Virgen María de cualquier zona de apariciones y peregrinajes. A ver si nos va a pasar como en Lourdes…

Y se acabó. Me desperté sobresaltado. Mucho. Sumamente aterrorizado. Hasta que me descubrí en la cama. Sólo ha sido un sueño. ¡Uff! Y los sueños, sueños son, Segismundo. Podríamos desgranar el sueño y ver que los hechos incluyen cierta lógica para aparecer de tal manera…

2 Comentarios Estupefacientes »

  1. Sueños, premoniciones o tal vez el subconciente de Nes¿?

    Comentario por Mélomano♫ — 18 Agosto 2009 @ 3:51

  2. Más bien el subconsciente, Melómano, y cómo éste nos trae durante la noche nuestras problemáticas y deseos en forma de poesía onírica…

    Comentario por Nes Oliver — 19 Agosto 2009 @ 10:36

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