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16 Febrero 2008

Capítulo 26 – Sonia – 2ª parte (…quiero ser el único que te muerda en la boca.…)

Categoría: Capítulo 26, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 2:57


El lunes fue un día de muchos papeles. El martes me reclamaban en León. Otra campaña bajo mínimos y Nes el mercenario para allá. Por mí estupendo. Hotel pagado en medio del Barrio Húmedo, uno de las zonas de toda España con más fiesta. El patrón de dicha zona es el Genarín, insigne borracho vagabundo que siempre aparece representado agarrado a una farola con una botella de vino, en actitud de cogorza del quince, acompañado de un perro y un gato. Conocidísimo por todo el mundo, cuenta la leyenda que el personaje murió atropellado por el camión de la basura, y de alguna manera se le santificó póstumamente, el santo del barrio. ¿Acaso no son los bares las catedrales del alcohol y el desamor? ¿La sangre de Cristo no es el vino comulgador? ¿Por qué no elevar a categorías divinificantes, a las aras celestiales, a un borracho? Pues a esa zona de santos alcohólicos me tocaba ir a luchar con pluma y palabras como únicas armas. La que me espera, pensé, vaya festivales.

Deseé que Mery me insistiese para venir a verme, tan cerca estaría de su tierra. Había vuelto a hablar con ella, si la memoria no me falla, en algún acceso de melancolía de bourbon, y a pesar de resquemores, de tener mi manojo de espinas bien clavadas en la frente, volvíamos nuevamente a tener contacto. Le había adelantado que estaría once días muy cerca de Galicia, pero que no tenía muy claro si verla o no. Quería probar su reacción y su interés por mí. Su actitud no fue la que hubiera deseado, no luchó por intentar verme de nuevo, no. Fue la de la sumisión a esperar mi decisión definitiva. Y yo no iba a pedírselo, lo tenía claro. Orgullo. Tenía que ser ella. Me pareció intuir que me quedaría solo. Ya veríamos. Ella no quería forzarme y yo quería que me forzase. Cuando dos no se entienden…

Por cuestiones de premura de tiempo tuve que adelantar el viaje, y en lugar de salir el martes a primera hora, tocaba hacerlo el mismo lunes y comenzar desde la estrella matutina a rendir en Castilla. Pero no quise quedarme sin volver a ver a la jovencita de sabrosos labios, por llevarme parte de la mermelada de su boca a la tostada de mis sensaciones. Besos de macedonia. Y de nuevo estacionó mi afán de probar la fruta de su cuerpo.

Me llevé su dulzor. Pero al ser uno tan tremendamente cariñoso y sensible, estar dos días con una chica que le atrae, le gusta, le encanta, y no hacer el amor con ella en ninguna de esas ocasiones, ni siquiera acceder con el tacto al tacto de su coño, y que ella sea tan simpática, tan inteligente, tan guapa, tan apetecible… eso hace que uno se fije en esa maravilla con otros ojos. Es probar cuando uno ya sabe que el plato le ha de gustar, es desearlo mucho más. Como cuando ves a través del escaparate una prenda que te gusta y atravesarías el cristal por probártelo en ese mismo instante. Es que se te haga la boca agua. A pesar de no estar en el mejor momento de receptividad para ello. Pero me inicié en abandonarme en una boca que exhalaba atracción solenoide a la que no podía resistirme bajo ningún concepto humano. Creo que fue una de las primeras veces que puse a la venta mi existencia con la perfecta intención de venderla al mejor postor a cambio del sexo juvenil que anhelaba. Ósculos y alguna ligera caricia. Me daba igual que no llegásemos a más. Bueno, no me daba igual, vale. Tenía un terrible dolor de huevos, mierda. Pero me conformé. Su mirada me informaba de que no era una mojigata. Es más, quería aprender de un Escorpión con ascendente Escorpión que emana su sensitividad a flor de piel. ¡Ay, Satanás! Quiero poseer a esa niña. Te la cambio por… por lo que quieras.

Ya pilotando, rato después de dejarla en casa, surcando los carriles de la autopista con un veloz torpedo de color rojo sangre, me hallé sumergido en las olas de pensamientos no tan concupiscientes como debiera haber sido. Periscopio. Ei, Nes, ¿no te estarás pillando? Anda, pues sí. Ya me extrañaba a mí que la mirases con esa carita de corderito degollado. Me tienes contento, y ni te la has follado ni nada, que es lo que tendrías que haber hecho. ¿Te aclararás el coco alguna vez en tu vida? El diablillo de mi conciencia tenía razón. No, no me aclararía, por lo menos entonces. Yo cuando siento, siento a lo bestia, a tope, a morir, todo o nada, sin medias tintas, radicalmente… No es fácil, no obstante, llegarme a la zona de sentimientos, pero cuando se llega, Nes explota de pasión incontenible. Y el tarro donde acumulaba cariños corría peligro de desbordarse por una sabiduría rusa de piel clara. DANGER!

Otra de las mujeres más importantes de mi vida y que entró así de fuerte, de un salto de cabeza a la piscina de mi vagar, desde su trampolín de lengua dulce de sacarina.

Venga, sin ropas amarillas, que esas dan mala suerte, vamos al escenario a actuar, que total, esta obra de teatro es mi vida. ¡Mucha mierda!

Creedme cuando os diga que en León el tema laboral fue tan positivo como en Santiago, manteniendo la línea. Con menos control que el control que no se me ejerció en Galicia. Y conociendo a un trepa, mi amigo José, alias Pep desde que lo rebauticé. Él conmigo hizo lo mismo, me llamó Pau, por decir que me parecía a Pau Donés, aquel que nos trajo un verano a una flaca que le daba al drinking. La traducción desde el catalán es muy cristiana, Pepe y Pablo, José y Pablo. Preparamos el Contemporáneo Testamento, siendo como éramos apóstoles y evangelistas genarines. Las que llegaríamos a montar juntos. Nos presentaron en la oficina, era compañero de trabajo. Con los días y la confianza acabó viniendo conmigo a vender, para aprender mis truquillos, como les llamaba. Pero más que nada salimos de fiesta.

León para mí fue Licenciatura y Máster en Degeneración Drogadicta, el descubrimiento del ron negro como bebida alcohólica que ya nunca me abandonaría, y el enamoramiento y la conquista de Sonia. Además de la decepción por no poner Mery los huevos encima de la mesa y pelear por venir a verme. Pero esa decepción fue atajada, casi olvidada, por el suspiro de aire fresco que aplastaba todo por entrar en mi vida. Ya se dice que un clavo quita a otro clavo, ¿no? Y más un clavo tan bonito. ¡Coño, qué hay clavos de hierro y clavos de titanio! Pasaba lentamente la vida por delante de mis ojos y me daba la oportunidad de degustar con nuevos sentidos a una chiquilla impresionante. No lo niego. Comencé a girar, a rodar, a perder la cabeza por ella. Ya la perdería con ella. Tiempo al tiempo.

Quería más, necesitaba más, sabía que habría más, pero no por ello me abandonaba la insolente impaciencia, mordisqueando en los intestinos. A medida que las llamadas se multiplicaban, día tras día, me contagiaba de la magnánima alegría de su tierna edad. Aún sin amarme me anticipó que me enseñaría una nueva forma de amar. Llegamos a hablar tanto como que nos conocimos y nos enamoramos gracias a Airtel y a la generosidad de la factura gratuita. Por primera vez un agradecimiento a una compañía de telefonía. ¡Gracias, señores de la actual Vodafone, gracias por la ofrenda de la preciosa Sonia!

Pero ante la imposibilidad de poder ver a quien volvía a insuflar latidos a mi músculo motorizador de amores, a la caldera del vagón de mi pasión, me rendí junto a mi nuevo amigo a noches de humo y perdición, intentando, cómo no, trabajar lo mínimo. Yo estaba exento de tener que pasar por la oficina a menos que quisiese hacerlo, por lo que podía levantarme, dentro de límites razonables, a la hora que me saliese de la punta del pijo. Y sí, lo adivináis, no me levantaba ni a las siete ni a las ocho, no, no, no…

Noches que se apagaban porque el sol censuraba a la luna con rayos maléficos para las bestias nocturnas. Un corazón que se perdía por Sonia y un alma que me descuidaba en vasos de cristal, billetes enrollados y lavabos sucios, bebiendo madrugadas, inhalando polvo de estrellas que no hacía olvidar pero evadía. Totalmente inmerso en la frivolidad de la noche, pero con pasta para no tener que pelotear a nadie por unas copas o unas líneas blanquecinas. Al contrario, éramos los reyes del mambo, los monarcas de todas las fiestas, de todos los locales, compañeros de todos los gatos noctámbulos, los príncipes para las princesas más putas. Dejé bien alto el pabellón de la incoherencia. Pocos días estuve, pero me conocían como El Pau por los garitos, desde los de moda a los peores antros. Fuimos cruzados medievales a los que la luna dio las llaves de toda la ciudad. Borrachos y drogados nos sentíamos ebrios del poder nocturno, tontos egocéntricos de nosotros. Sólo porque tíos y tías querían estar a nuestro lado. Tener coca es siempre tener un as escondido en la manga.

No obstante, ninguna de las chicas, y hubieron muchas, me pareció lo suficientemente digna como para borrar la marca de saliva que en mis comisuras habían dejado los labios de mi añorada catalana. Añado que a ciertas horas y en según qué estado, el sexo deja de interesar y se deshace la líbido, se derrite. No es que intentase guardar fidelidad a nadie. Eso es impensable en mí. Únicamente he sido capaz de ser fiel cuando no me he planteado serlo. Jamás entendí de lutos ni de uniformes obligatorios. Pero si me viene en gusto puedo llegar a vestir de negro riguroso. O ponerme corbata. Pero que nadie me lo imponga, o haré lo contrario en mi rebeldía sin causa. Creo que el hecho de no obligarme a ser fiel será lo que me lleve algún día a serlo con la mujer que lo merezca.

Malas compañías. Muy malas compañías con las que cada noche me destruía un poco más. Pero cual Ave Fénix que fui antes de incendiarme por última vez, en cada despertar renacía de mis cenizas de incienso. Ya no había recuperaciones físicas, no. Resucitaba con el primer Ron-Cola y la primera dosis nasal y volvía a abrir el objetivo de mis pupilas, a encender las luces largas, a descender por las escaleras de los infiernos de Dante o de Nes. Tampoco estaba tan mal. Escapaba de las miserias mundanas y de las ideas en las que no me apetecía para nada invertir tiempo, abstrayéndome en un ocio vacío e insano. Quizá me acobardaba verme entre las cuerdas por el diabólico tema de siempre, Myriam y Mery. Suerte que las cobardías y los miedos hacia Sonia no aparecían a redondear la faena. No obstante, y me anticipo (como siempre, no cambiarás, Nes), llegarían a hacerlo.

Pasé así los días de humo y coca del Húmedo, dejando, por segunda vez en prueba de fuego, la bandera de profesionalidad izada muy alta. Y tocándome los cojones a dos manos. Si me pusiese en serio, ¿qué sería capaz de hacer?

Vuelta a Barcelona. Despedida de Pep. Nos volvimos a ver en una convención, meses después. No me gustaban las despedidas. Me hacían llorar. Ahora ya hace mucho que no me exalto lacrimosamente en un hasta pronto ojalá. Desde la muerte premeditada de David, cuando sobreviví a un hasta nunca nunca más…

Nadie ha dejado sus estupefacientes »

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