Novela Blog, Blog Novela, novelablog, blognovela

17 Febrero 2008

Capítulo 26 – Sonia – 3ª parte (…quiero saber que la vida contigo no va a terminar…)

Categoría: Capítulo 26, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 0:42


Ese viaje, como ya tenía compradas una maleta y un gran bolso de viaje diseñados en exclusiva para mi modelo de coche, pude transportar yo mismo todas mis cosas, me había olvidado de comentároslo. La angustia de las ganas de llegar para poder ver a mi nuevo amor me jugó la mala pasada de hacer que la relatividad del tiempo se expandiese hasta la eternidad absoluta en un algoritmo diferente a E=mc2, más cercano en todo caso al de Google y sus múltiples resultados de búsqueda, en los que no siempre encontramos lo que buscamos realmente, aunque a priori nos aparezcan millones de resultados. Pero Sonia esperaba. Tenía las mismas ganas que yo de poder proyectar la añoranza en el cuerpo del ser que había echado tanto de menos. Hablo de follar, claro. Seguro que ahora os apetece leer más, ¿a qué sí? Si es que sois curiosones y morbosillos, ¿eh? Cómo os conozco, malandrines y malandrinas.

Colmamos las presas de besos, pero viendo que se desbordaban, no tuvimos más remedio, romanticismos aparte, que acabar en la playa haciendo el amor. Casualidades de la vida, en la playa que tengo hoy tras las ventanas, escribiendo estos renglones mientras Alexandra duerme. Encendidos de pasión nos bañamos juntos en el mar para luego recrearme, pudiendo bañarme en ella, como si el infinito acariciase nuestra piel excitada nadando en sus ardientes aguas. Como si el infinito tuviese el núcleo dentro de aquel útero que me absorbía, que mordía para apoderarse de mi pene. Como si el infinito nos perteneciese en oleadas de álgido esplendor sensual. Escena poética, arena, agua y sal, los materiales con los que estamos formados. Y calor. Calor por la temperatura y calor dentro de ella, aderezado con el agua y la sal de su acogedora entrepierna, de su boca perfecta, de su desnudez imborrable, desnudez que me acompañará siempre (o hasta que el Parkinson se apodere de mí). Fuimos arena unida en la playa. Vertimos mares de lujuria agotada en las templadas aguas de la costa. Un acoplamiento inolvidable. Un trío con el Mediterráneo. Mare Nostrum que estás en las playas, santificado sea tu nombre, forniciamos en tu nombre… Descorchamos el cava de las grandes ocasiones, sabiendo que aquello no era un vulgar polvo. Había sido un grandioso encuentro sexual, además del sellado de un pacto íntimo e irrefutable entre ella y yo. La amaba. A nivel de sentimientos para con las mujeres, siempre se suele pasar del querer al amar. Con Sonia no hubo paso intermedio. La amé desde el principio. Desde el principio. Una suerte de repetición de lo que pasó con Mery…

La línea recta que unía al punto Myriam y al punto Mery y que tantos quebraderos de cabeza me estaba dando se cerraba allí en un triángulo equilátero al añadir geométricamente el punto incógnito de la nueva adquisición. Me esperaban mayores dudas y mayores preocupaciones de las que ni siquiera podríais soñar en malos sueños. Cuidadito no venga Freddie. Hasta hace muy poquito fueron las tres mujeres más importantes con las que compartí, con diferencia. Y se me juntaron en la misma temporada cafre y pusilánime de mi vida. ¡Las tres a la vez! ¿Bueno o malo? Malo, malo, muy malo. Y eso que poca gente puede presumir de haber estado con tres chicas de tan insuperables cuerpos y cualidades. No era eso lo que me motivaba. Pero me hubiera conformado con no enloquecer como lo hice, de poder haber tenido entonces alguna idea clara por lo menos con una de ellas. Mi psiquis no se hubiese sentido tan jodidamente perjudicada. Va en serio que sufrí por gozar de las tres como martirio de irracional indecisión. Pero bueno, a lo hecho pecho… Y a continuar con la historia, que para ello estamos aquí, ¿no? No, oye, Nes, que yo he venido a traerte drogas, que soy tele-camelluno. ¿No te acuerdas? Me llamaste hace media hora. Es verdad, joder. Pasa, pasa… Un segundo, amiguit@s, que en seguida vuelvo, que tengo que hacer unas pequeñas gestiones. A ver dónde ha dejado Alexandra su bolso. Ah, si… Toma, nene, tus 60 euros. Gracias, chao. Sniiiiiiiiif. ¡Rediooooooooooooooos, buena farlopa!

¿Por dónde íbamos antes de irme de compases y adelantar acontecimientos, algo a lo que ya os tengo acostumbrados? Por Sonia, claro. A partir de nuestro pacto de amorío comenzamos a vernos muy habitualmente. Más aún, la llevé conmigo dos semanas de trabajo. Mientras mis compañeros estaban en Vic, yo predicaba en Girona, sin jefe ni nada. Seguía a mi ritmo de siempre, poco trabajo pero mucha calidad. Así podía gozar de la preciosa ciudad con mi preciosa niña-mujer, que esperaba a que llegase del tajo durmiendo o refrescándose en la piscina del hotel. Salíamos de juerga, y descubrí, a base de diálogos, que a ella también le gustaba mi manera de salir. Nuestras noches eran risas, bailoteos, rones con cola, tequilas con lima, coca para dos y sexo, sexo y sexo. Inagotables follábamos a la mínima ocasión.

En alguna ocasión me llamaba Myriam, mucho más calmada y no tan exigente, y quedaba con ella. Sonia no me acotaba con tenazas para tener que vernos constantemente. La relación en sus comienzos mantenía leyes liberales. No pude, ninguna de aquellas veces en que quedé con mi ex, resistirme al influjo de su entrepierna. Aunque antes de verla me mentalizase e incluso intentase obsesionarme con la idea de no practicar sexo. No podía dejar de pegar un polvo con ella. Me tentaba. Y ya no le tenía manía ya que ya no me agobiaba. Ella tenía muy bien analizada la situación y sabía que la única manera de tener posibilidades de lucha para atraerme de nuevo hacia ella era reconquistándome poquito a poco, no yendo a saco, aunque tuviera que callarse, digerir y disimular cómo de mal lo pasaba por mi culpa.

Suerte tenía con la joven rubita, tan poco controladora y tan confiada. Ninguna de las noches que pasé con Myriam recibí una sola llamada suya para comprobar dónde me hallaba. No es de extrañar que volviese a adquirir, otra vez, y casi sin darme cuenta, sentimientos por Myriam. En el momento determinado en que ya por fin había sido autosuficiente y decidido y dominaba, aunque no al cien por cien, el miedo a hacer daño a la mujer que ya no quería, volvía a quererla de nuevo, tengo delito. Estaba claro que mi mente no podía conformarse con sólo una mujer. Debe ser que soy egoísta en exceso.

A marchas forzadas, como el relámpago y el buen tiempo, me peleaba conmigo mismo por llegar a ser autodidacta de vivir con ello. Dejándole claro a Myriam, por supuesto, que lo nuestro debía seguir de esa forma, o dejaríamos de vernos… y la siguiente vez sería definitiva. Sí, chantajista, lo que faltaba en mi lista de pecados capitales. Si Dios existiese me caería cadena perpetua en el Reino de los Condenados.

Me voy a servir una copa, que tengo la boca como un zapato. ¿Queréis algo vosotros? ¿Ahora no? Perfecto. Ya sabéis donde queda la nevera y el mueble bar. Cuando queráis algo no os cortéis y cogedlo vosotros mismos, ¿ok? Después de veintiséis capítulos ya somos intimísimos, ¿no?. Sigo.

Era muy extraño, más aún explicarlo de manera en que se me pueda entender, pero mis sentimientos variaban dependiendo de la mujer con la que me encontrase. A solas, en relación a mi estado de ánimo, a haber escuchado una canción determinada o por algún tema de conversación o por lo que fuera, recordaba a una u otra, necesitaba a una u otra, estaba pendiente de una u otra. Tampoco era capaz de olvidar y perdonar el rollo de los cuernos, una enorme losa que impedía que Myriam y yo reestrenasemos la completa felicidad de antaño.

Con Sonia me refrenaba. Yo quería, pero empecé a no ver nuestra relación con posibilidades de durabilidad, a pesar de sentir tanto como sentía por ella. Me daba miedo el que la relación tuviera que ir a más y ella, por su juventud y la falta de tantas cosas por experimentar, no lo quisiese. Algo me paraba y algo me enganchaba. ¿Qué más podría pasarme? Que reapareciese Mery, claro. No llames al mal tiempo. No, tranquis, el mal tiempo llega solito. ¿No lo suponías ya?

Mery volvió contundentemente; estuvo esperando que la llamase para vernos y estuvo dolidad unas semanas, pero acabó llamando de nuevo. Le ahorcaba la morriña y necesitaba verme. Lo que me faltaba. La que me faltaba. Otra que me tenía enganchado en cuanto reaparecía. Otra con su sinnúmero de connotaciones negativas. No sólo la distancia, sino lo de Narcisito. ¿Querían volverme loco? ¿No sería una confabulación diabólica contra mí? Busqué, pero no hallé ninguna cámara oculta. Mierda, ni era ninguna broma ni yo era Truman. Está claro, el cochino destino machacón.

Mery me brindó la posibilidad de verla en vacaciones. Quedaba poco más de una semana para que estas comenzasen y se me ocurrió la brillante idea de pasar las vacaciones con las tres. Diez días con cada una. De boca en boca de mis neuronas iba la idea de que sería la posible manera de aclararme y elegir entre una de las tres. Y claro, de no tener tiempo a agobiarme con ninguna de las tres. Lógicamente, a ninguna conté sinceramente cómo invertiría los 20 días que no me tocaban a su lado.

Mery se conformó con la posibilidad de los diez días agraciados en el sorteo de tres reintegros. Nos quedaríamos en su casita de veraneo de Sanxenxo, donde la alta alcurnia gallega de derechas. Sonia también accedió. Quería ir de camping a la costa. Quedaba Myriam. Por la que hubiese apostado mi miembro viril sin plantearme la opción de poder perderlo se negó rotundamente. Si no podía estar todo el estío vacacional conmigo se iba con sus amigas a hacer una ruta por Andalucía. Me sentó como un tiro, por rabia, y discutí con ella, cómo no.

Mi cabecita, que únicamente pensaba en sí misma, no podía entender que necesitase hacer su vida si yo no la dejaba hacerla a mi lado… Lo peor era que volvía a sentir por ella. Creo que la amenacé y la castigué sin llamarnos hasta después de agosto, hasta que yo volviese de nuevo a trabajar. Orgullo, nuevamente. Y le solté el bulo de que el móvil de empresa lo debía entregar en vacaciones y estaría así incomunicado de ella. Cabreado como estaba no pensaba llamarla. Me comporté como un cerdo; incluso durante los dos o tres días que quedaban para las vacaciones, si me llamaba no le cogía ni por asomo el teléfono. Así llegó el día del inicio de mi mes sabático…

2 Comentarios Estupefacientes »

  1. A pero que ambivalente es el orgullo tan eneriquecedor a veces y tan putamente destructivo en otras ocaiones, y que gran narracion hasta ahora, me pregunto que pasara en esos 30 dias de vacaciones o podriamos llamarlo Degeneraciones ?

    Comentario por Mélomano♫ — 21 Agosto 2009 @ 6:16

  2. Efectivamente, qué enriquecedor es en ocasiones el orgullo, que nos lleva a superar metas impensables… Y qué putamente destructivo otras, que nos lleva a comportarnos como pequeños bebés asquerosos que no quieren que nadie juegue con sus muñecos abandonados. Ahora llegan unos capitulillos bastante acelerados y algo intrigantes que van a marcar parte del futuro ineludiblemente…

    Comentario por Nes Oliver — 21 Agosto 2009 @ 20:35

Suscripción RSS a los comentarios de la entrada. | TrackBack URI

Deje un comentario

Me encantaría saber qué opinas, pero no te flipes con insultos, spam, contenidos promocionales o ilegales, o me veré obligado a borrar tu comentario, darte un par de collejas, placa, placa y eructar en tu oído canciones de Camilo Sesto... Además, está explícitamente prohibido hablar mal de cualquier madre (incluso de la mía), mentir exclamando que la tienes más grande que yo, y/o utilizar este espacio para hacer "trapis", discernir sobre los errores ontológicos de la Biblia o la sífilis de Nietzsche y/o anunciar tus servicios sexuales. Y por supuesto, escribir en lenguaje de SMS, ¡que esto es un blog, no un Nokia, hostias!

XHTML (Utiliza algo de html si te sale de las narices):
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong> .