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21 Febrero 2008

Capítulo 28 - Ibiza – 1ª parte (…aún así busco aquel sendero en la luna…)

Categoría: Capítulo 28, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 2:26



Aquel fin de semana quedé con mis dos barcelonesas para salir, una diferente para cada día. Me molesté mucho con Sonia el viernes. Demasiado. Me encabroné con ella. Tanto que decidimos dejarlo. La culpa era totalmente mía, pero no quise dar mi brazo a torcer. ¿El argumento? Los celos incorruptibles. Ella no podía creerlo. Me había perdido el orgullo, manda cojones.

El sábado, cargando con el enfado de la víspera anterior, y creyendo momentáneamente que había una única persona que podría quererme eternamente, soportando mis pequeñas manías sin importancia, fui en pos de Myriam. Demoledoramente dura. Casi un año después me enteré de que había sido un numerito teatrero para reconquistarme. O todo o nada, en mi línea, de mi estilo. Sólo vio esa manera como la posible. Lo del tío con el que se acostó también era falso. Intentó tirárselo, no obstante no lo logró, tanto se acordaba de mí y tanto sufría por mi actitud…

A mí me contó otra cosa, claro. Unas grandes vacaciones, únicas, en las que los hombres saltaban sobre ellas. Días pululando por las diferentes playas de la Costa del Sol y noches cenando y dejándose arrastrar de copas por guapetes playeros de cerebros churruscados. Pero claro, para puterío el mío. Una de sus amigas me había visto una noche de fiesta muy alocado con una jovencita atractiva, y al salir su amiga de la disco, nos volvió a ver, follando esta vez, disimuladamente apoyados en el capó del coche, coche decididamente inconfundible, claro. ¿Y qué tío de pelo largo y barba podía estar apoyado en un coche tan característico? Nes el follarín, claro. Le había llegado a oídos que yo y la chica, demasiado joven, llevábamos desde junio juntos, es decir, que había estado con las dos a la vez. Había escuchado de mí, para postres, que estaba totalmente enganchado a la coca y que últimamente sólo se me veía borracho y con evidentes síntomas de darle alegría a los agujeros nasales, tal como a la chavalita. No me sorprendió más el hecho de haberse enterado de ello como la frialdad (ensayada) con la que me narraba lo secreto y ocultado. No quiso contarme cómo le pudo ser revelado tanto. Lógico el secretismo, si yo llegaba a saber quién era el artífice informativo ella perdía a su confidente. Me sentí desnudo, descubierto, indefenso, muy impotente. Lo admití. ¡Mierda! Utilizó todas sus habilidades para jugar conmigo. Si yo tenía claro que la tenía no la apreciaría. Jugaba conmigo a que la perdía como única arma con la que dispararme directo al corazón. Y la muy cabrona lo conseguía. Obviamente estaba harta de padecer por mí.

- Debemos llegar a un pacto. O yo o ella. Sin medias tintas. Y se acabó tanta fiesta y tanta droga y tanta mierda… Tienes razón en que han faltado muchas cosas en la pareja por mi culpa. Yo, si cumples lo que te pido y vuelves a estar pendiente de mí, prometo poner remedio -. A pesar de todo, seguía amándome con locura. Y con todo lo demostraba -. Hay miles de temas en los que no te he entendido ni apoyado: la música, el salir de tanto en tanto con tus amigos, acompañarte a conciertos, visitar locales diferentes a los que a mí me gustan, salir tú y yo solos de fiesta, que nunca lo hacemos, apoyarte, hacer locuras… - lo que yo había utilizado como argumentación para dejarla al volver de Santiago meses atrás -. Si decides volver a cuidar de mí decido volver a tu vera y darte cuanto no te di. Sólo con el esfuerzo de los dos podemos volver al punto de tanto amor como tuvimos, con la madurez de poder remontar errores y baches…

¡Ay! Más razón era imposible tener, me cago en la puta. Pero tenía que pensar muy muy muy rápido si estaba dispuesto a renunciar a Sonia para siempre. Vale, la había dejado, pero sabía a ciencia cierta que con disculpas por mi error ella volvería a coger mi mano y caminar junto a mí. Y en cuanto a lo de la droga… ¡Jooo! Es que realmente lo pasaba bien de fiesta, borracho y enfarlopado. Os podrá parecer patético, pero así es la cruda verdad. Con Myriam no me drogaría saliendo. Pero bueno, podía hacerlo con mis compañeros y amigos cuando quisiese (cuando me escaquease de ella). Ella no debía enterarse. Ya andaba maquinando nuevos embustes.

Si Myriam se enfrentaba a sí misma por estar con Nes, y además conseguía respetarme, era cuestión de probar. Me dejé arrastrar, quise quedarme con ella. Y continué pensando lo mismo hasta poco después de hacer el amor, momentos de cigarros y abrazos. Mi mente mutó y no lo vi tan clarito, no, no… Sonia acudió en viaje astral elevándose sobre la cama al otro lado de mi denostada pareja, diciéndome que era con ella con quien tenía que estar, con quien realmente yo quería estar. Se anticipaba el segundo de otro de sus inicios de sufrimiento prolongado.

- Deberé hablar con la otra chica, ¿no? Dejarla y esas cosas. Además, dejé una chaqueta en su casa que quiero recuperar.
Rompió a llorar como si se le partiese el alma al salir cada uno de aquellos puños lacrimosos. Volví a maltratarla nuevamente, como siempre, a destrozarla, a menospreciarla, a martirizarla. A pesar de las mamonadas, de cada patada que le propinaba en el culo, se levantaba y seguía peleando por mí. Memo absurdo de mí.

- Espero que no lo pase tan mal como yo cuando la dejes -. Mejor persona imposible. Confiaba en mí después de las perrerías que le había organizado. O quería confiar, más bien.

Me quedé a dormir, aunque no concilié el sueño. Imágenes de tres mujeres acechaban a mis espaldas e impedían mi descanso. Pensé en visitar a un psicólogo y contarle mi problemática eroticomental. Pero lo descarté por incredulidad de que pudiese llegar a ser de gran ayuda. Cinco años en la facultad de Filosofía, habiendo cursado asignaturas de Psicología, me hacen escéptico.

Una vez se hubo despertado la que en teoría era de nuevo mi novia, comimos. Pasamos el día entero viendo pelis de vídeo, abrazados y totalmente tirados en el sofá. Cómo agobia no librarte del abrazo del oso amoroso cuando tienes tanto en qué pensar, cuando no sientes lo que necesitas sentir para estar a gusto con esa persona. Marché a mi casa bien entrada la noche, quedando grabada en mi alma su tristeza indómita. El día siguiente era festivo en Cataluña, La Diada. Justo un año después un tal Bin Laden quiso arrasar New York y Sonia se quedó tirada en Miami por el cierre de aeropuertos, y yo ya no estaba en su vida pero fue a mí al que llamó para contar la amarga experiencia. Pero aquel día de aquel año, ¿debía quedar con Sonia o no? Lo que tenía muy claro es que tenía hasta el viernes para aguantar e ir tirando, llamando a Myriam mientras pensaba qué quería definitivamente de ella. No. Quedé con Christian, cuando entonces él y David eran mis hermanos de alma y le comenté mi problemática y mis dudas. Tampoco consiguió resolver ninguna; Christian sabía más bien poco sobre mujeres y en peores circunstancias que yo se encontraba con una novia híper-mega-súper-posesiva que lo chantajeaba espiritualmente con tendencia logarítmica.

Mi sorpresa fue cuando, el martes por la mañana, ya aparecido en la oficina, recibí las consabidas felicitaciones por el gran trabajo realizado en las Canarias, con la buena nueva de que me enviaban a Ibiza para una campaña completa. Yo iría como subjefe, ayudando a montar la oficina de la isla, entrevistar y contratar a los comerciales, etc… El jefe real sería Fernando, un consultor portugués de la empresa, mi primer jefe antes de que Albert lo fuese. Ya teníamos confianza. Y era un punto de inflexión importante en mi carrera profesional. Eso sí, me iba hasta el 17 de noviembre, fin de campaña, eligiendo yo los fines de semana que quería bajar a casa. Bueno, bueno, bueno, otro alejamiento de mis problemas con las mujeres, otra escapada de mí mismo. Cogía el avión esa misma tarde. Aprisa a rehacer de nuevo la maleta, y taxi al aeropuerto. Llamé a Myriam para explicárselo y se mosqueó muchísimo ya que no entendía que mi empresa dispusiese de mí con tan poco espacio de tiempo. Es lo que tiene firmar contratos con cláusulas de movilidad geográfica, le decía. Nada entra cuando uno no quiere que entre.

El vuelo fatal, imposible. Si siempre me mataron los putos aviones, más los de putas hélices. Ese tipo de avión tiene muy poca estabilidad. Cuando hay tormentas de aire se experimentan espectaculares caídas de altura que le ponen a uno el estómago en la coronilla. Ni en el dentista he sufrido tanto, lo juro. Valium y cubatas, lo único que me ayudaba a serenar la calma a diez mil metros de altura y con la idea de que, fijo que en caso de necesidad, mi chaleco salvavidas sería el único que no se abriría. Mieditos y caquitas…

3 Comentarios Estupefacientes »

  1. Vaya personaje Mr. Nes. La novela engancha, pero la ración diaria resulta insuficiente. Hasta mañana.

    Comentario por Lunera — 21 Febrero 2008 @ 9:49

  2. Y yo de nuevo vuelvo a agradecerte los elogios. Desafortunadamente, al haber decidido una “blog-publicación”, tengo que ser consecuente con ello y sólo colgar unos folios diariamente. Así también va dando tiempo a que nuev@s visitantes se vayan poniendo al día en la lectura. Pido un poquito de paciencia, pues en menos de un mes esta aventurilla culminará.
    Te aseguro que yo soy quien tiene mayores ansias de ver la novela íntegramente publicada, y que cada capítulo que tengo que dividir con estilete de post es como un latigazo en la espalda, como una buena hostia en la cara. Pero todo tiene que seguir un proceso.
    Sólo os pido eso, un poquito de paciencia, porque os prometo que lo que queda hasta finalizar tiene todavía bastante de lo mejor de la novela, pero cada vez de forma más acelerada y con un personaje cada vez más caótico.
    Espero que no os defraude tanta espera…

    Comentario por Nes — 21 Febrero 2008 @ 20:32

  3. after the captcha Error: You must upgrdae your account to download more files i use firefox, opera and chrome, cleared my cache and cookies, but cant still download anything. i have not came to the download limit before i think.

    Comentario por Mampukah — 23 Noviembre 2015 @ 16:18

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