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22 Febrero 2008

Capítulo 28 - Ibiza – 2ª parte (…respirando el polvo que casi nada cura…)

Categoría: Capítulo 28, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 0:53


Ya aterrizado, con la respiración recobrando su estado normal y esperando mis maletas, me encontré con uno de mis mejores amigos del instituto, Chema, que resultaba que vivía en la isla, con varios compañeros en una casa de hippies. Casualidades, coño, Chema, tú-por-aquí… Teníamos una amistad brutal de la etapa adolescente, después de tres años de aguantarle sentado en el pupitre de al lado los días que íbamos a clase, y el taburete del bar los días que hacíamos campanas. Un gran vividor, de esos que caen bien aunque sepas que te utilizan a su costa, para proseguir su karma de tranquilidad y apaciguamiento en la vida. Acostumbrado al rollito de la isla, él me conseguiría las drogas. Y para colmo trabajaba en una gasolinera, es decir, me proporcionaría tickets para que los pasase como gastos. Nuevamente el Dios Atesa me tenía dispuesto un Citroën negro, y nadie iba a comprobar si era cierto o no el gasto de combustible que hiciese, porque lo demostraría con esos tickets. Más pasta expoliada a la empresa para la ingesta cubatil y las fiestas.

Llegué al hotel estipulado, cuatro estrellas, precioso, justo encima del mar, vistas insuperables. Me esperaban con Fernando, qué grato, Carlos y Nuri, los de Tenerife, más dos compañeros olvidables de Palma de Mallorca…

En Ibiza sí era obligatorio trabajar y así lo hice. Una guía telefónica en primera edición tiene el handicap de que los profesionales a visitar no conocen el producto, por lo que los potenciales son más reacios a publicitarse. Se escuchó y llevó a cabo una idea que propuse al Director Comercial, la de distribuir ediciones cero, copiando anuncios de Páginas Amarillas y QDQ. Así llegábamos con un producto nuevo pero ya conocido, y aunque poco, pero visto por el público gracias a la gran idea. Como ayudante del jefe tenía que realizar ventas, hacerme cargo de las cifras de los comerciales, hacer la mayor parte de reuniones de las mañanas y cuanto a Fernando se le ocurriese para ganarme el puesto. Mi calidad dormitadora se volvería a deteriorar drásticamente, lo vi venir. Un tipo fiestero como yo en la isla de la fiesta por excelencia. Yo ya estaba preparado. Que se fuese preparando la isla… y los bomberos: o ardía la isla, o ardía yo.

Nuri y yo salíamos casi cada día. Carlitos no tanto como nosotros. Entre los contactos de Chema y los nuestros de la publicidad, nos apropiamos de pases para todas las discotecas, todavía no finalizaba la temporada. Excepto por la coca, Nuri y yo éramos básicamente iguales. Demasiado. Congeniamos muy bien y nos contábamos la vida entera. Los amoríos también, obvio. Quizá por ello tardó tanto en haber algo entre nosotros. No nos liamos hasta poco antes de abandonar la alevosía nocturna de Ibiza. Pero eso llegará más tarde.

No tardamos demasiado en ser habituales de los locales chic de toda Ibiza y en conocer a la gente guapa, algo ya demasiado habitual en los últimos meses. Cuando nos llevaba Chema por ahí, nos presentaba a todo quisqui y nuestro carisma hacía el resto. De seguro os digo que firmé contratos con algunos contactos nocturnos que alguna noche conocimos. Ibiza es alucinante. Sólo vi algo que se pareciese en Benicàssim, pero vamos, ni de lejos es lo mismo. Será porque la gente llega a la isla o vive allí con la idea imbuida y bien obligada de creer y vivir en el buen rollo. Bueno, excepto ciertos semi-adolescentes ingleses y alemanes con mal beber.

Todo quisqui nos invitaba a droga y a copas. Incluso gente que quería conocernos se acercaba ofreciendo lo que tenía. Las chicas venían a besarme con cuartos de pastillas en la boca que siempre rechacé. No me dan buen karma las pastis. Las pocas ocasiones en que las he probado no me han sentado demasiado bien. Soy muy aprensivo, y si me emparanoio con que me dará el chungazo, me lo acaba dando. Los besos no los suelo rechazar si la boca es femenina y el envoltorio me parece atractivo. Si me ofrecían coca o a ir al lavabo sí que lo hacía. De esa manera follé con tres o cuatro tías entre Pachá, El Divino y Es Paradís, sin ni siquiera presentarnos. Por lo demás, Chema casi siempre me proporcionaba una riquísima cocaína. Riquísima, joder. Incluso probé con él Polvo de Cristal, éxtasis en polvo que te hinchaba el miembro de excitación incontrolada y multiplicaba el deseo sexual por ciento veintisiete.

Durmiendo hora u hora y media cada día, la derrota física era la evidente. Chema y sus amigos nos permitían dormir siestas en la comuna, un enorme caserón en medio de un bosque cercano a una bella cala. Nuri y yo nos esfumábamos de la gestapo de Fernando, que otra cosa no, pero controlar, lo tenía todo controlado.

Siempre me supo mal sentirme tan egocéntrico como para pensar que Núria me buscaba sexualmente, pero es que realmente, así era. Dormíamos juntos, medio en pelotas, y al despertar me la encontraba con el pecho desnudo sobre mí, o su mano cerca de mi paquete visiblemente abultado. Supongo que el respeto a la amistad estaba por encima de ello. Y que yo ya tenía muchos líos con mujeres. Y con las que conocía en los ratos ociosos.

Otros días, después de acabar la jornada proletaria, acabábamos en la habitación de alguno, charlando un rato, o cenando de Mc. Donald’s o Tele Pizza, y recuperando sueño perdido durmiendo nueve horas continuadas, guau, un lujazo aquellos días. Pero está claro que la amistad entre dos personas que se atraen acaba sin remedio en alcoba.

Cada noche encontrábamos nuevas locuras y aberraciones dementes de la gente borracha y pasadísima por las drogas. Las calles servían para follar, para vomitar, mear, cagar, para dormir… Así como la playa. Quien se bañaba de madrugada normalmente lo hacía, aparte de como vino al mundo, borracho, con el riesgo de ahogarse exponencial a la borrachera. Tanto riesgo como el de coger el coche en ese estado, con alto índice de posibilidades de retirada de carnet y entrada directa en prisión por riesgo social. Y en eso Nuri y yo pecamos, y mucho. A nuestro favor el que siempre intentamos controlar lo máximo posible, y el que no conducía de los dos vigilaba los movimientos del otro, hablándole para que no se durmiese.

Poco a poco, cariñosos que somos ambos, comenzamos a darnos picos como signo de cariño, además de ponernos motes. Nuri era Guanchita, porque los guanches eran los primitivos aborígenes de Tenerife. Carlos pasó a denominarse Simper, de sin personalidad, porque siempre le daba igual qué hacer, dónde ir. A mí se me rebautizó como Insor, de insoportable, porque siempre andaba tocándoles las narices, y como medio jefe que era, dándoles caña en las reuniones matutinas. A ellos y a los otros dos. Ironías, claro. Gasté decenas de mis horas de posible facturación en acompañarlos a citas y ayudarles a vender. Yo, como siempre, iba sobrado.

Sonia seguía manteniendo contacto telefónico conmigo, no como pareja, sí como rollo, o como amiga con derecho a roce, pero con ese derecho únicamente. Myriam comenzó a histerizarse debido a las excusas baratas para no bajar ninguno de los primeros fines de semana. Tuve que desperdiciar un finde ibicenco por estar con ella y volví a ver su peor cara, la de la Myriam que iniciaba arrumacos de posesión sin amabilidad para acabar montando en cólera por mi dejadez hacia ella. ¡Demasié pa mi body! Ya que había lamido la cara amable, la que me gustaba de Myriam, la no-controladora y no-posesiva, no podía ni conformarme ni comprender a la obsesionada por mí y, con el tremendo dolor de la sangre al galope por mis venas y una nube de arena dentro del corazón, exceso de amor sin ganas, como decía Sabina, volví a abandonarla donde habita el olvido. Con cada una de las veces que la tiraba a la deriva, a su propia suerte, naufragaba yo más en mis miserias, y me aferraba al tablón inmisericorde de la noche, que me medio mantenía a flote, hundiéndome más en mí mismo sin apenas darme cuenta. No moría, pero perdido en el océano quedaba al acecho de los tiburones demoníacos de mis incapacidades y de mi mediocridad. Creo que en cada una de esas tristes derrotas perdí un poco de capacidad de amar con inocencia, así como con cada lágrima que he hecho verter gratuitamente.

Myriam me amenazó, que lo tuviese muy claro, que luego no aceptaría volver tan fácilmente como siempre, que ya no querría estar jamás conmigo, que haría su vida y que conocería a alguien. Eso deseaba yo en aquel momento, que rehiciese su vida y dejase de joderse conmigo, de joderme a mí.

El siguiente finde también volví a casa. Era en el que Sonia celebraba su diecinueve aniversario y quería darle una sorpresilla para recuperarla. En una tienda superfashion y supercool le compré un precioso vestido negro semi-transparente ajustadísimo. Pensé que a buen seguro le quedaría estupendo mostrando curvas poderosas. Y lo conseguí: la recuperé. Me costó lo mío pero la recuperé. Hombre, el aparecer de sorpresa con un regalito y diciéndole cuanto la encontraba a faltar, lo que la necesitaba, que me había equivocado y dos horas más de ruegos y súplicas, ablandó su lastimado y enorme corazoncito. Y nos amamos durante dos días seguidos, después de acabar una fiesta de aniversario en la que más de un amiguete suyo invitado se cagó en todo-mis-putos-muertos por haber aparecido de la nada para estropearle el intento de plan. Pero Sonia me amaba incluso más que yo a ella, incomparablemente más, pero los celos absurdos me cegaban.

El único mal recuerdo de aquellos días es una falsa denuncia que me costó año y medio año de prisión, en un juicio dos años después. No cumplí la condena por no tener antecedentes, pero os aseguro que yo era totalmente inocente. La justicia es lamentable en este país de bárbaros. No me gusta recordar el tema, gasté mucho en abogados para acabar pagando una buena multa, y todo porque unos examigos de mis hermanos me denunciaron para luego chantajearme e intentar sacarme pasta por retirar una denuncia ilógica. Pero bueno, este maldito país es una gran pocilga

2 Comentarios Estupefacientes »

  1. Casi a las 6 de la mañana del jodido lunes apago mi último cigarrillo en un cenicero que rebasa con creces el aforo máximo.Me hubiera encantado al menos durante 2 o 3 años haber tomado el camino del exceso que tan excelsamente nos relatas si mi compañía de seguros me hubiera aceptado la propuesta de seguro a todo riesgo para la negra noche. Al no ser así no me arriesgaré. EL hombre es un animal de adicciones y el tomador del ficticio seguro que es el menda ha sido declarado como potencialmente peligroso. Entonaré con tristeza el peor para el sol (me está quedando sabinero).
    Genial blog-novela. Te auguro éxito y quizás vuelta al exceso del que creo que actualmente habrás desertado.Sea como fuere, enhorabuena!

    Comentario por taxistalibre — 11 Marzo 2008 @ 5:59

  2. Amigo taxistalibre,

    Me alegro de tus palabras. Amo (en el buen sentido de la palabra) a los taxistas poetas y sabineros desde que Dani, de NilibreniOcupado me abrió los ojos a una prosa descarnada de asfalto y luces de neón, a unos amoríos de espejo retrovisor y gps…
    Es lastimoso, pero ninguna compañía aseguradora se ha atrevido a garantizar la seguridad en el vicio. No somos culos de Jennifer Lopez, ni piernas del Beckham… No hay montepío para nosotros. Por ello hay que elegir, a sabiendas que tus puntos corren más riesgo que una china de costo en la puerta de un instituto.
    Somos animales de costumbres, obviamente, y las adicciones, como he metaforeado alguna vez ya, no deja de ser una costumbre, un ritual de evasión, y cada uno ha de elegir qué costumbres prefiere que le acompañen en el discurrir de su vagar. El punto intermedio, el de haber chupado ambas caras de la moneda tiene su punto de dignidad y de sabiduría, abre nuevas miras en la mente y da valor en la batalla. Muchos y muchas no lo entenderán, pero otros y otras habrán visto un reflejo de sus almas, y eso es lo único importante…
    Llegar a ser lo que queremos ser es lo importante, independientemente del camino tomado o de los atajos.

    P.D. Me apunto la frase del cenicero en su aforo máximo, joder, qué bonita. Me hubiera gustado hubiera sido mía, jejejejjeé…

    Comentario por Nes — 11 Marzo 2008 @ 15:01

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