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27 Febrero 2008

Capítulo 29 – Reencuentro en Figueres – 3ª parte (…que dejo esparcidos por el arcén…)

Categoría: Capítulo 29, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 0:33


Comida con los miembros de la familia proletaria más las dos turistas adoptadas, y después de ello corriendo al museo Dalí, una de las ilusiones más grandes en la vida de Mery. Lo que Dalí había unido no podía separarlo el ser humano de la taquilla. Yo ya había estado varias veces, pero ella, en su primera vez, alucinó en colores. Su Dalí, aquel que había admirado poco más que en láminas y fotos, tenía su lápida y parte de su creación en aquel maravilloso palacete. Por y para ella. Sandra quedó en un punto neutro de disfrute. Melo, con su irreverente poca sensibilidad artística, además de aburrirse, bromeaba con muy poca gracia sobre cuestiones estéticas en la obra del genio. Dios perdona a quien no sabe qué hace o dice. O eso le pidió el vástago al dios judío vengativo, que aprendiese a perdonar.

Por la noche cena con velas, acompañados por la otra pareja, para un consiguiente desbordamiento de juegos sexuales, a solas ya, claro, lamida de ano incluida en un perfecto 69 que nos convirtió, durante minutos en un mundo al revés, en pervertido símbolo zodiacal…

Despertamos tarde. Abandonamos el hotel y nos dirigimos a Barcelona, donde comimos. Una opción más que digna era la de salir de copas por la ladera del Tibidabo, para mostrarles a las nenas las impresionantes vistas panorámicas que desde allí se pueden contemplar de la ciudad. Fuimos previo paso por un bar de La Llagosta donde trabajaba mi amigo July, antes de la redada que lo precintó. En dicho antro se movía coca en cantidades industriales. Lo había meditado durante la visita artística y quería que Meriña supiese que yo no era esa persona sana que conoció, que de alguna manera comprendiese que uno de los hechos que me había llevado a zambullirme en un submundo de drogadicción había sido nuestro desengaño. Y sobretodo voluntad de no mentir desde el estreno del nuevo inicio. Quizás mi subconsciente buscase cierta ayuda en ella para devolverme a los tiempos del asco por las drogas. Esnifé ante ella, ante su ingrata sorpresa y su negativa a hacerlo conmigo. Estaba claro que no me permitía drogarme indiscriminadamente, pero dejaba el control en mis manos. Sólo pedía que no me drogase, después de esa noche, cuando estuviera con ella. Si quería hacerlo de tanto en tanto con mis amigos y no perdía los papeles, allá yo. Pero ni pizca de gracia, oye. Con disimulo, el medio gramo se evaporó esa noche, invitando a Melo a una rayita. A pesar de la idea amasada de la sinceridad total, sólo la cocí a medias. Claro, no se puede empezar a tope si uno está acostumbrado a mentir por sistema sobre las cosas en las que no tiene huevos de dar la cara. Poco a poco.

Dos copas. No muy tarde fuimos a otro hotel a alimentar nuestros sexos y a nadar en H2O lubricante de suspiros, sudor, enfebrecidas subidas de temperatura y esperma saltando a borbotones.

Domingo. Un día de dureza de diamante. Se agotaba la arena del reloj volcado y nos entrenamos para otra nueva despedida. Paseamos por la Ciutat Comtal, recorriendo las Ramblas hasta Colón, el puerto, el Mediterráneo que puerilmente le canté hacía siglos, cuando nos conocimos, el aroma inconfundible, mi ciudad inmortal, la Europa marítima, mi villa de nacimiento.

- ¿Te quieres casar conmigo, nene? - Me lo tomé a broma y jugué a seguirle el rollo.

- Claro que sí. Nos montamos en el coche, nos vamos al peaje de Martorell en hora punta, paramos y de allí no nos movemos hasta que el peajero nos case. Cuando la caravana llegue a Tarragona, ya verás tú si nos casa o no -. Y rompí a reír, a troncharme. Ella me miró seria.

- Estaba hablando en serio.

- Pero, ¿en serio…? - Pelín asustado.

- Sí, claro… Aunque no tiene que ser ni por la iglesia ni por el juzgado. Tendría que ser una ceremonia íntima, original y a la vez un compromiso espiritual recíproco. Ni tú ni yo creemos necesaria la firma de papeles para amarse. Estaba pensando en una antigua tradición, el matrimonio celta. Sí, me gusta. Una boda celta, ¿qué te parece?

Más o menos sabía cómo funcionaba dicho ritual. Algo similar al enlace de Braveheart, y la peli me la había videado ya unas cuantas veces. No implicaba nada más que el amar y ser amado y no necesitaba ni de curas, ni de firmas. Y era renovable con carácter anual. Aunque no tuviese ningún tipo de validez legal, como ritual de compromiso entre ambos, me pareció solemne. Guiado por la impulsividad, acepté. Ella preguntaría a uno de sus amigos, que se ve que entendía de esos temas.

Lloré en El Prat al despedirme de ella y ver como un Boeing elevaba entre ella y yo un mes de desaparición, cuando la había recuperado, cuando ella había tenido las pelotas de querer recuperarme. El podrido avión me la secuestró. Y a mí me tocaba padecer Síndrome de Estocolmo de su lejanía.

Triste y hundido, pero con otros ánimos, y sabiendo mi jefe que Figueres no era el mejor lugar para lucirme, me largó a Girona con Grazia, de avanzadilla, para fulminar a contratos a toda la cartera.

No tardó en llamar, inusualmente ilusionada. Había hablado con su amigo y lo tenía solucionado. El chaval se ofrecía a prepararlo todo. No sé que me contó de druidas ceremoniantes. Estupendo. Quedamos en que nos veríamos la próxima vez en Compostela para culminar la fusión. La boda, decidida por cálculos de posiciones planetarias y de constelaciones, debía ser el 28 de abril, justo antes de medianoche. Era cojonudo, coincidía con el puente de mayo, con el Día del Trabajador. Como Melo había sido el ayudante inductor del reencuentro, quise que fuese el padrino y así se lo comenté. Aceptó. Toni también tenía ganas de asistir. Lo organizamos todo para poder viajar. El 27 de abril estaba prevista nuestra llegada. El 26 si nos espabilábamos y currábamos de lo lindo. Y para ello ya tenía motivación: me casaba. Y ardía en ganas de consumarlo. Parecerá una majadería, pero era cierto.

Con la potencia de mi renovada ilusión y con el cuento de las prisas por mi cercano matrimonio, los clientes me recibían rápidamente, sensibilizados. Con esa historia me dejé los cuernos con la mejor renovación de cartera de toda la historia de la empresa. Carmelo no se había equivocado. Él, ayudando a Toni por su lado, conseguía contratos que se guardaron para pasarlos como ventas del jueves y viernes que estaríamos escapados, y poder pasar esos días en Galicia de calma chicha. A mí me sobraban.

Quedé un día con una parte de mis amigos para explicarles lo de la boda. Me reuní con ellos en el restaurante de la Plaza Cívica de la U.A.B., la universidad donde habíamos estudiado, donde Nisi y Silvia seguían estudiando. Christian y Carol también acudieron. Sabía de antemano que ninguno podría venir a la celebración, no obstante les invité. Me hacía ilusión imaginar a mis amistades conmigo en aquellos instantes. Pero cuestiones económicas o laborales lo impidieron, qué pena. Oí repetidamente, ¿Nunca dejarás de hacer locuras? ¿Casarte por el rito celta? Tío, estás volado.

De Nokia a Nokia, Uannai, David y otros me confirmaron lo difícil que es escaparse unos días a tanta distancia.

Hablando con ella varias veces cada día, decidimos que era de absoluta coherencia lo de vivir juntos. Como si llevásemos una relación de lustros. ¡Qué locos! Yo tenía un ascenso pendiente de mi muy buen trabajo. Si ella aprobaba ese curso por completo era posible que pudiera matricularse en Barcelona y mudarse a vivir conmigo. Mejor para mí si era ella la que venía a mi terreno. Por lo demás, nos explicábamos lo que nos sucedía. Y todo lo que sentíamos. De los preparativos de la boda no soltaba prenda. Sorpresa, sorpresa.

Firmando muchos contratos y esforzándome por no salir a diario, pasé ese mes. Con los sueños señalando una preciosa ceremonia con una preciosa mujer con la que me comprometía cada año a renovar los votos como persistencia de la durabilidad de la necesidad del uno para con el otro. Pero lo de no salir era complicadillo, más estando con Grazia, culo inquieto de nocturnidad como yo.

Me alojaba con ella en su casita de aldea cercana a Girona, para embolsarme la pasta que me asignaban para hoteles (como avanzadilla, esa vez nos asignaron el dinero del hotel dentro de las dietas). Pasta que despilfarrábamos en excelsas cenas y vinos. Y con cierta frecuencia en cocaína de la rica. La noche antes de irme de viaje opté por drogarme y emborracharme hasta reventar, creyendo fielmente que así olvidaría definitivamente la etapa degenerada, como una especie de despedida de soltero con mi amiga. Casi no cuento esa noche, por lo dificultoso y peligroso de la conducción. Se me hizo un mundo guiar el deportivo tracción trasera por la estrecha carretera de curvas en un día de llovizna como en el que, meses después y con Mery, nos costó un aparatoso accidente. Y mal y tarde, al día siguiente, después de dormir no más que dos o tres suspiros, llegué a mi casa, resacoso y ojeroso y con el estómago agujereado. Me esperaban para recogerme e iniciar el viaje que tantas veces se ha repetido por mis pupilas. Tantas veces. Aunque la angustia de las ganas de llegar nunca se me estampó de aquella terrible forma en la nuca, como una colleja de mano abierta. Un gusano mordía y devorara nuevamente mi interior, mi panza se quejaba inconsecuentemente. Durante horas se me masticaron las entrañas mientras el asiento de detrás del Golf me rompía la espalda y las cervicales. Qué infinitamente largo se me hizo… Eterno… Ansias de atracar en puerto, como un marinero que lleva meses sin ver a su esposa. Precisaba volver a amarla…

6 Comentarios Estupefacientes »

  1. Pareceré noña pero hoy me ha gustado, sin connotaciones de las malas en serio. Será por el cuento de una boda no tradicional? o será porque ya me estoy acostumbrando a tu forma de relatar?

    En fin que hoy no hace día para pensar…sonríe.

    Y besikos claro (que no falten)

    Comentario por Jeza — 27 Febrero 2008 @ 9:48

  2. ¿Por qué vas a parecer ñoña? Jjjejejeé… Realmente, aunque a veces no lo parezca, la novela es una historia de amor y desamor, de posibilidades e imposibilidades y de cómo ciertas circunstancias de la vida de un soplo nos cambian por completo. Pero hay historias que se saltan a la torera las convenciones y luchan ellas solas contra viento o marea, aunque cuanto más humanos somos más se nos escapan de las manos…
    Hay boda, te aviso, jejejé, pero llegará el viernes, sin cortes ni interrupciones, porque el viernes tenemos dos al precio de uno, jejejé… Bueno, que había boda ya se sabía desde el principio, desde las primeras frases de presentación de Mery. Ya estamos entrando en la recta final, pero aún quedan bastantes sorpresas…

    Un besazo, guapa!

    Comentario por Nes — 27 Febrero 2008 @ 10:25

  3. Como siempre, se hace corto y me quedo con ganas de seguir avanzando en la historia. A ver el viernes!

    Comentario por Lunera — 27 Febrero 2008 @ 12:25

  4. El viernes dos capítulos, pero mañana también hay capítulo, ñoño y bobalicón, pero capítulo al fin y al cabo…
    Saludos lunares!

    Comentario por Nes — 27 Febrero 2008 @ 12:37

  5. ole ole y ole! Nos vamos de bodaaaaaa….
    que emoción! jajaja… a que hora subes el capítulo??? No lo resistiré… hay fotos? quiero verte vestido de vikingo!!!! jajaja.. me parto!

    Comentario por StandBy — 27 Febrero 2008 @ 16:18

  6. Eso, Standby, fiesta, que no vamos de boda, yujuuuuuuuu!!!

    El capítulo (fragmentado en dos) estará subido durante la madrugada del jueves al viernes, pero lamento decirte que no hay fotos Nes con cuernos vikingueros, si no dejaría de ser una historia y estaría basada en hechos reales, ¿no?

    No obstante, cuando esta aventurilla esté acabada, os explicaré cosillas sobre cómo se hizo, y quizás colguemos algún video divertido en Youtube y, ¿por qué no?, alguna fotillo de las personas en las que me basé para crear los personajes de la novela. Id pidiendo qué os gustaría que hubiera en el transcurso de tiempo que pase desde que Diario Estupefaciente esté concluida hasta que empiece a colgar los nuevos capítulos que tengo que escribir, que lo valoraré y lo haré (en la medida de los posible)…

    Esos cuernos…!

    Comentario por Nes — 27 Febrero 2008 @ 16:37

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