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29 Febrero 2008

Capítulo 31 – La Boda celta – 1ª parte (…quién le iba a decir que al final iba a unir su tripa con la mía…)

Categoría: Capítulo 31, Memorias, Novela Blog — Nes Oliver @ 2:17




Llegábamos que ya era de noche, visiblemente agotados. Yo aún más. La desastrosa borrachera de hacía menos de diecisiete horas, bien agitada en la coctelera de la parte trasera del Völkswagen, y mi imposibilidad para dormir mientras otro conduce, me tenían roto. Rebuscando en los bolsillos hallé un trozo de bolsa, no sé si de Caprabo, de Carrefour o de Mercadona, pero me partí el culo de risa cuando comprobé la existencia de ciertos restos de cierta sustancia por mí ciertamente conocida. Melo, para hacer una fresca antes de llegar queda, ¿quieres? Su respuesta fue la evidente. Claro que quiero, eso no se pregunta, idiota. Me pasó una funda de CD, donde espolvoreé y alineé para comprobar que salían dos enormes, bellos y atrayentes tronchones, de los que hicimos cuentas sin excentricidades. El moqueo repentino y el amargor de garganta indicaron una calidad importante. Nos despertó como una gran dosis de café. Los nervios, in crescendo por la cercanía, se vieron enervados a la ultimísima potencia por los efectos de la droga entrando en el corriente sanguíneo. Literalmente me cagaba. Llamé. Nos informaron que estaban de copas. Quedamos en el Jazz-Club.

En primera instancia no hubieron misticismos spinozianos para con mi amada ciudad, estaba puerilmente sumido en la agonía de las ansias de tener cerca a la prometida. Después de aparcar, mis heces ya no apuntaban al exterior, pero mi músculo cardiaco bombeaba hasta marearme. Toni no ayudaba a calmarme, ya que estaba tan nervioso como yo, únicamente porque iba a conocer a chicas. Decía que quería vivir una gran historia de amor, una historia como la mía. Ingenuo.

- ¡Ay ay ay, qué nervios, Satanás! A lo mejor una de ellas es la mujer de mi vida -. Se sobreentiende que Toni no era muy ligón, ¿no? – ¡Oh, debo morir buscando gloria, como tú…!

Entré en el Club tan rápido y desconcentrado de la realidad que casi me mato resbalando por las putas y empinadas escaleras. Por suerte puse píe en tierra firme y recuperé el equilibrio. Al fondo la vi. ¡Qué guapa estaba! Tal como más me gustaba, con la espléndida mata de pelo rizada y los ojos radiantes de verde felicidad. Me pregunté en aquel preciso instante de cruce de miradas qué sería de mí si no me unía a ella por el resto de mi vida, si no la tuviese a mi lado en mis futuros despertares. Y mi amor subía de categoría. De romántica banda sonora, sí, reíd, Narcisito, que no tardó en pasar del piano y huir con cara de pasmo. No debió darle mucho molon el verse obligado a volver a vernos juntos, la reencarnación del amor resucitado. Corría la noticia, además, de nuestra inminente boda el sábado, y de la despedida de solteros (a la que acudiríamos tanto chicos como chicas) el viernes, el siguiente día.

Hubieron risas, brindis, que vivan los novios, más risas… Todos juntos, a cual más golfo, nos liamos a beber con la excusa de la pre-despedida. En uno de los viajes al baño, apuré los últimos restos de la bolsa, esnifando una punta que no me satisfizo pero me animó. Y bebí con todos, como todos.

Ara ya no vivía con ellas, la habían echado por incompatibilidad de carácteres. Compartían la vivienda Mery, Carol y Elvira. Cerrados los locales decentes nos trasladamos al nuevo piso, en el barrio de Vista Alegre. Aún conservo las llaves de aquel piso como recuerdo. Allí tuvimos tiempo de que se divirtiesen con las genialidades de Toni. Melo y Sandra ya estaban desaparecidos, se suponía que de coitus interruptus.

Carol y Elvira me tiraron en cara el daño que había causado a su niña-mamá. Pero si tenía claro que quería volver, y ella aún más, lo aceptaban y respetaban. Y me perdonaban bajo amenaza de muerte y castración si volvía a lastimar los sentimientos de la niña. Disculpas y promesas. Tenía sed, quería un cubata, esas cosas las deberíamos hablar ella y yo y vosotras a callar, coño, que es nuestra vida. Mirada de póker, joder, que no se me lea el pensamiento. Mi futura primera esposa me lo sirvió. Me tenía preparado ron incluso. Dejamos a Toni en alegre compañía femenina y nos metimos en la cama, después de cerrar las persianas para no vernos fulminados y condenados a ser cenizas por el sol que se colaba. Me gustó la habitación. Tiempo después sería la de Elvira. Nos entregamos toda la ternura y el amor que la escarcha y el frío escandinavo dejaban sobrevivir. El decoro se quedó en el comedor, aclaro. Después del sexo y los chillidos de placer la arropé y la protegí, entre mi pecho y mi brazo izquierdo. Me dejé llevar por la oscuridad de las cuatro paredes hasta mis propias penumbras. En la bola de cristal de nuestro futuro vislumbré un vestido rosa de princesa, una corona de florecillas y cientos de velas encendidas a nuestro alrededor. Y soñé con llegar a ser feliz, cien por cien feliz. No sabía si era merecedor de ello, pero lo anhelaba. Si todo el caos de mi existencia me había llevado hasta los brazos de una mujer que me amaba lo suficiente como para recorrer más de mil kilómetros arrastrándose y olvidar todas mis cabronadas, y si añadíamos la presencia incorpórea de un Dalí muerto que se aparecía a futuras parejitas, se suponía que era por algún motivo supremo. Dormí hasta despertar con una amplia sonrisa dibujada, una tarde de débil lluvia como gotas de alegría para la tierra.

Antes de decidirme a levantarme por fin, aquel viernes tuve que despertarme cientos de veces para contestar cientos de llamadas laborales, así que tampoco descansé como me hubiera gustado. Melo ya había hecho aparición. Lo encontré en el comedor engañando telefónicamente a los miembros del grupo, diciéndoles que se encontraba en Madrid de reuniones.

Evoco ese día y el de la boda como un sin parar de fumar porros y de beber. Vino. Barriles enteros. Nos faltó un San Bernardo que nos trajese el barrilito directamente a la boca para no mutar la postura de estar tumbado para beber.

Me presentaron al chamán encargado de la ceremonia, un verdadero druida celta certificado por no sé qué sociedad o asociación ocultista y paranormal. Olvidé su nombre. Era un ser harto extraño. Me recordó al personaje masculino de Tesis. Cabellos largos morenos y rizados, ojos azules a través de vidrios con montura de pasta, los más claros que nunca vi, y una curiosa personalidad. Debido, supongo, a la mezcla de sangre de sus capilares. Madre suomi y padre medio gallego y medio portugués. Fue él quien me adentró en los misterios del I Ching como libro de consulta y guía de futuro. Se sorprendió ante la profundidad de mi mirada y me convenció de que jamás había visto una tan penetrante. Yo tampoco había visto nunca a nadie con una mirada como la mía, con tanta capacidad expresiva, con tantos registros, de la tristeza a la alegría desaforada, del amor al odio más atroz, sin variar un milímetro las facciones de la cara, sin variar un milímetro la posición de los ojos. Sólo con pensar el sentimiento ya se manifiesta en mis retinas. Más de una persona con la que me he enfadado se ha cagado de miedo con la mirada de odio ahuyentadora (buena, y con mi voz dura y rasgada). Pero la del druida, levemente perdida, iba a la zaga de la mía. En mis ojos dijo ver que Mery y yo estábamos hechos el uno para el otro. El I Ching dictaminó ídem de lo ídem. Tantas casualidades y tanto exterior afirmando nuestra unión como necesaria que me lo acabé creyendo. Cuando todo el mundo dice lo mismo debe haber un motivo remanente para ello, ¿no? Me obsesioné con la perfección y la necesidad de dicha unión, que estaría por encima de todas las cosas mortales. Estaba escrito, decidido, predestinado. Igual estaba dibujado en algún cuadro, como la sonrisa de la Mona Lisa. Claro que de nuestro guía espiritual surrealista.

Una gran cena de carne con salsa barbacoa y mucho vino y salimos de casa borrachos como cubas. Se apuntaron Anxo, tres colegas de ellas, un vallisoletano amigo de Carol, un par de lesbianas que querían casarse prontamente por el mismo rito, el gurú celta, las niñas y nosotros. A Toni no se le ocurrió otra cosa que abrigarse con una chaqueta reflectante de policía que Carmelo llevaba en el maletero (de cuando estuvo trabajando en la empresa que confeccionaba esos trajes) y efectuar falsos controles de alcoholemia para viandantes, para asombro de transeúntes y para descojonamiento nuestro. Claro, es que parecía realmente un madero. Sin perder la seriedad, portentosamente caracterizado, obligaba a la gente a caminar en línea recta por la calle y a tocarse la punta de la nariz con los dedos índice de ambas manos para comprobar el estado de su embriaguez. Hubieseis flipado al ver la congoja y la credulidad de los incautos a los que Toni paraba mientras asistíamos visualmente, ligeramente apartados. Después de la inocentada, a cada pardillo se le explicaba que acababa de participar en una broma de la televisión. Todos se lo tomaban de puta madre, saludando a una cámara inexistente; hubo alguno que incluso acabó abrazando a Toni, por gracioso. Revolucionamos el casco viejo, os lo juro…

12 Comentarios Estupefacientes »

  1. Con un poeta de cañerías,poeta de mierda, de manos vacías,que necesita a alguien cuando va a caer, mareeeeeeaaaaa!
    Hoy ya me has alegrado el dia al ver k has empezado el post con los marea unos de mis grupos favoritos

    kiero mas! arriba perezoso que espero ansiosa el siguiente capitulo

    muchos muuuuuuuuuuacks! y te deseo un buen finde.

    Comentario por mai — 29 Febrero 2008 @ 12:18

  2. Eiiiiiiiiiii,
    que yo ya he cumplido, ya está colgada la booooooooooooda!!!!

    P.D. ¿Quién necesita alguien cuándo va a caer…?

    Comentario por Nes — 29 Febrero 2008 @ 12:52

  3. que borra las fronteras con solo sus piés,dame fuerte en la entrepierna,no me dejes que me duerma, que esta noche me las piro a enseñarle los dientes al mundo contigo.

    Comentario por mai — 29 Febrero 2008 @ 13:13

  4. ¿Habías escuchado esta versión acústica, Mai? Está rara, pero es lo único que encontré que sonase de calidad en el Youtube. La voz de Kutxi es más “especial” que la mía, joer…

    Comentario por nes — 29 Febrero 2008 @ 13:37

  5. si k la habia escuchado; te recomiendo ‘cuarto sin ventanas’, ‘malos despertares’ y ‘desencuentro’ tambien en acusticos de Kutxi Romero en solitario de lo mejorcito k he oido

    y seguro k tu voz tambien es muy especial

    Comentario por mai — 29 Febrero 2008 @ 13:47

  6. Pero yo me quedo con la letra de “El Trompo” de Barricada, me apasiona esa canción, letra de Kutxi.
    Mi voz es sumamente especial, no lo dudes, mezcla entre perro apaleado y gato en pleno proceso de castración sin anestesia. Quise ser una estrella del rock pero la mala voz y la mala técnica me lo han impedido. Por lo menos he encontrado una manera de sublimar mi instinto creador de otra forma “musical” y gozar de ello. La próxima novela la escribo con chupa de cuero y mallas, juajuajuá…
    Feliz fin de semana y rocanrol… Como homenaje a ti voy a escuchar, ahora mismo y por este orden, “El Trompo” de Barricada, “Me voy contigo” del Bicho y “Decadencia” de Héroes…

    Que las brujas te sean propicias este finde!!!

    Comentario por Nes — 29 Febrero 2008 @ 14:16

  7. no por favor parece k me lees el pensamiento; esas canciones sobre todo la del bicho significan mucho para mi, en cada post y en cada comentario me sorprendes un poquito mas, cosa k m agrada, tambien te recomiendo ’si amaneciera’ de saratoga y ‘emergencia’ de 0′funkillo una baladita de lo mas especial tambien

    Comentario por mai — 29 Febrero 2008 @ 15:12

  8. O´funkillo me trae muy buenos recuerdos. Después de un concierto de O´funkillo en Bikini, con mis amados Sr. Cuervo y Dani Bolinga, Raquel vino a recogerme a la puerta y así empezó nuestra historia de amor, después de solos de bajo y planetas “aseitunas”.
    Hay un capítulo precedido por el Bicho, te aviso. “Si tú quieres yo me voy contigo, donde tú vayas, donde tú quieras, me voy contigo…”
    Si no hubiera música aún seríamos más animales de lo que somos…

    Comentario por Nes — 29 Febrero 2008 @ 15:40

  9. Si un bastante mas animales, a mi la musica me lo ha dado todo, no se k seria sin ella.
    Todavia se me ponen los pelos de punta cuando estube en el concierto del bicho el mes de septiembre, y espero k en el viña sea igual; y volver a sentir ese subidon de adrenalina con ‘lokura la noche loca espera la luz de la mañana y enloquecer con ella’

    Comentario por mai — 29 Febrero 2008 @ 15:48

  10. Yo tuve la gran suerte de, con siete años aún no cumplidos, asistir a mi primer concierto, y empezar a amar la música, fundiéndome una noche de verano con Miguel Ríos, Leño y Luz Casal. El primer directo de Barricada la primera adquisición original (hasta el momento todo eran joyas grabadas con pegatinas cutres de TDK, Loquillo y demás), y el impacto de “Una noche de amor desesperada” y la noche en vela escribiendo mi primera (y mala) canción. La primera guitarra que me compré al terminar la primera relación sentimental de pasados los 18, y que por tantas manos amigas ha pasado, las noches con sr. Cuervo o Dan Urbano en sus conciertos, esos 5 minutos de gloria de ojos cerrados sobre un escenario, “Fuera de Lugar” o “Apuesta por el Rock´n´Roll”, esas venas que se me electrifican en mi menor con el humo de un cigarro, y los cubitos del cubata se derriten al roce de mis dedos incendiados.
    Algunos dicen que es sólo rocanrol… Será sólo rocanrol, ¡pero cómo me mola, joder!!!

    Comentario por Nes — 29 Febrero 2008 @ 16:06

  11. Sinceramente me emociona cuando te leo y me alegra mogollon que haya gente asi, que sienta el rock con tanta pasion como lo sientes tu; y no es solo rock&roll, por lo menos para mi, es un estilo de vida, una forma diferente de sentir

    Comentario por mai — 29 Febrero 2008 @ 16:17

  12. Esa es la frase exacta, Mai, una forma diferente de sentir. Y para mí la más grande.

    Ya estoy empezando a esbozar la segunda parte de la novela, mucho más rockera si cabe y con algún intento de grata sorpresa.

    Salud (y nos vemos en los bares)!

    Comentario por Nes — 29 Febrero 2008 @ 16:24

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